Muñeca de Oriente

Tango

Un tango canyengue dibujó el abrazo
muñeca de Oriente de labios en flor,
muy juntos bailamos mientras desde el cielo
besaba tus ojos la luna del Sur.

Temblando en mis brazos y sin darte cuenta
sembraste en mi pecho brotes de ilusión
tu cara de nácar, tu mirada triste
dejaron su marca en mi corazón.

Yo, viento pampero
y tú, los cerezos
igual aquel beso
al fin nos unió.
La noche embrujada
selló con su sombra
el ansia de amarnos
que nos embargó.

No pude decirte que ya mi destino
estaba sujeto con lazos de amor
acaso la vida jugó con nosotros
muchacha viajera, Perla del Japón.

Mi nombre en tu agenda dirá: Milonguero
tu nombre en mi pena tendrá la emoción
más dulce y sentida cuando te recuerde
llorando en silencio diciéndome adiós.