Alberto Vaccarezza

Nome verdadeiro: Vaccarezza, Bartolomé Ángel Venancio
Letrista y autor teatral
(1 abril 1886 - 6 agosto 1959)
Local de nascimento:
Buenos Aires Argentina
Por
Orlando del Greco

iendo secretario de un juzgado le dio por llevar al papel los personajes que a diario trataba, naciendo así su primera obrita, El juzgado, que estrenó Mario Perelli y su conjunto filodramático en el salón Il Resorgimiento, del barrio Villa Crespo, el 20 de marzo de 1903. El mismo cuadro de aficionados le estrenó después: La noche del forastero, Los montaraces, Para los gauchos, querencia, Yerba mala, Las peras, Los últimos gauchos, hasta que en 1911 el empresario del teatro Nacional, Don Pascual Carcavallo, realiza un concurso al que se presenta con Los scruchantes, obteniendo el primer premio y representándolo allí por primera vez el 1 de julio de ese año.

Sus obras suman doscientas, casi todas sainetes, dadas con el más ruidoso éxito por las principales compañías y algunas, como El conventillo de La Paloma, de siempre grata recordación.

Es justicia recordar los títulos de muchas de ellas, incluyendo aquellas que se apartan del género criollo: Barro blanco, Teatro criollo, El comité, Doña Remedios, Función y baile, Las ferias francas, El Cabo Rivero, La gente guapa, La cabaña, La Ley Palacios, Comercio chico, Un baile en la Batería, Los reservistas, El último gaucho, Triunfo Radical, Los novios de Genoveva, Pancho Varela, Casa de juego, La casa de los Batallán, El Fortín, Palomas y gavilanes, Las chicas de Gurruchaga, Cuentos cortos, Los hijos del finao, La otra noche en los Corrales, Verbena criolla, El barrio de los judíos, La fiesta de Santa Rosa, Chacarita, Cortafierro, En la escuela de los zonzos, Juancito de la Ribera, El Cabo Quijote, Los Cardales, Lo que le pasó a Reynoso, Conventillo Nacional, Sunchales, San Antonio de los Cobres, Tu cuna fue un conventillo, Murió el Sargento Laprida, A mí no me hablen de penas, Cuando un pobre se divierte, El camino a la Tablada, El cambalache de la buena suerte, El conventillo del Gavilán, El conventillo de La Paloma, El corralón de mis penas, El fondín de la alegría, El Teniente Peñaloza, Juan Moreira, La comparsa se despide, Las quinielas, La vida es un sainete, Por la calle va la vida, Los Pequeros, Soy el payaso Alegría, Todo el año es carnaval, Una vez en un boliche, Villa Crespo, Ya se acabaron los criollos, El arroyo Maldonado, El buey corneta, Entre taitas anda el juego, Todo bicho que camina va a parar al asador, Va cayendo gente al baile, La china Dominga, Contreras y Barraganes, etc.

Fue en todo momento un notable hombre del teatro argentino pues sumaba a sus virtudes de primer sainetero la del mejor autor teatral nuestro; como gremialista la Casa del Teatro y la Sociedad General de Autores (Argentores) tuvieron bajo su presidencia los períodos de máxima prosperidad.

Poeta criollo, estaba apegado a las tradiciones nativas, siendo muy buenos sus consejos que recogieron con su voz micrófonos de la radiotelefonía porteña y sus libros Dijo Martín Fierro y Cantos de la vida y de la tierra.

Escribió las letras de canciones y de muchos tangos para ser cantados en sus obras y, porque siendo sainetero, era tanguero de ley. Se inició con “La copa del olvido”, en 1921, para “Cuando un pobre se divierte”, y al que agregó, recordando los que grabó Carlos Gardel por ser el motivo de este trabajo, “Talán talán”, “Araca corazón”, “Padre nuestro”, “Otario que andás penando”, “Francesita”, “No le digas que la quiero”, “Adiós que te vaya bien”, “Eche otra copa pulpero”, con músicas de Enrique Delfino; “Adiós para siempre”, “No me tires con la tapa de la olla”, “El poncho del amor”, con músicas de Antonio Scatasso; “El carrerito”, con música de Raúl de los Hoyos.

También “Botines viejos”, “Atorrante”, “Villa Crespo [d]”, “Julián Navarro”, “Calle Corrientes (Donde nací)”, “Con toda el alma”, “La charlatana” (ranchera), “Muchachita porteña” (vals), “El cornetín del cuarteador” (milonga), y tantas otras, que con músicas de Juan de Dios Filiberto, Juan Farini, Mariano Mores, Francisco Canaro, Rafael Iriarte, etc., pasaron a ser, varias de esas canciones, inolvidables para el pueblo todo.

A Gardel y a Razzano los conoció en los primeros escarceos por los teatros y a medida que el ambiente los fue acercando, iba uniéndolos una amistad entrañable que solo la muerte pudo cortar. En sus primeros discos, ya el dúo necesitó de sus versos, para enriquecer su repertorio, al grabar como estilo sus décimas “A mi morocha”.

En un viaje que hiciera a Europa no pudo estar ajeno a los triunfos de Gardel en París, donde además de aplaudirlo, gozó de su compañerismo.

Cuando fueron repatriados los restos del cantor, él fue designado por la comisión de homenaje para despedirlos al ser colocados en el Panteón de Artistas de la Chacarita hasta tanto se construyera el mausoleo. Tuvo aquel discurso el carácter de una verdadera elegía al zorzal y mucho de intimidad, dada la vinculación que hubo entre ellos en materia del arte criollo y popular en el cual ambos fueron ganadores.

Ese día envió, para acompañar los restos de Carlitos hasta la Chacarita, una carreta nativa tirada por bueyes y conducida por verdaderos gauchos.

Aportó al cine criollo los argumentos de: El conventillo de La Paloma, El Cabo Rivero, Lo que le pasó a Reynoso, El Comisario de Tranco Largo, etc. y escribió para la radio también.

En el alma del pueblo penetró «con enorme intuición, con una capacidad de captación pocas veces alcanzada, la entraña popular, en lo que tienen de pintoresco, las barriadas porteñas con sus personajes del hampa y del malevaje, y la vida de los conventillos, que reflejó con pinceladas certeras, sin acritud, pasando por alto lo que esta vida tiene de tragedia y de miseria, para detenerse en el pintoresquismo fácil y entrador.»

Vacarezza nació en Buenos Aires (Almagro) el 1 de abril de 1886 y allí falleció el 6 de agosto de 1959.