María Luisa

Vals

Yo sufro el poderoso delirio de quererte
que roba de mi vida las horas de solaz,
y canto mis ternuras cuando no puedo verte,
cual alma que se queja de su pasión fugaz.

Yo tengo fijas todas las esperanzas mías
en tu virtud de virgen, de novia y de mujer.
Y al inspirar mis tristes, mis hondas melodías,
quiero imprimirles algo que nazca de tu ser.

Mi feliz princesita que tienes
toda el alma de tu trovador,
yo quisiera adornarte las sienes
con la nota gentil de mi amor.

Cada vez que contemplo tus ojos
con la muda ansiedad del ardor,
siento todos los raros antojos
de decirte en secreto mi amor.

Yo soy como el trovero radiante de visiones
que siente la exigencia tirana del amor.
Y pulsa en los acordes sus mismas ilusiones
para escribir un canto que diga su dolor.

Bien sabes que yo amo tu célica hermosura,
que vivo con solo perpetuo cavilar,
que tengo henchida el alma de hondísima ternura
para formar un nido donde te pueda amar.

Si tuviera la inmensa fortuna
de poder hasta el cielo llegar,
robaría su luz a la luna
para ungirte de un rayo lunar...

Y llegar al destino soñado
en mis horas de ausencia y dolor,
y los dos entonar el sagrado,
el eterno romance de amor.

Por eso te quiero cantar como si fueras
la novia de un amante, moderno trovador,
para decir a todos tus gracias hechiceras
y ¡proclamarte reina de mi profundo amor!