La veterana

Poema lunfardo

Cloquea su putodio de largo ministerio
con voz encorsetada. Y va, de contrapunto
-detrás de los exangües y lacios hemisferios
del pecho- en son postrero de nalgas y de untos.

Y en tanto monologa falópicos asuntos
con ojos apagados de sándalo y de mica,
celebra, herejemente, su risa de difuntos
o da su avemaría, llorando, a unos maricas.

A veces, arrastrando la elizabetardente
careta embadurnada de heroicos ingredientes,
su orgullo busca un poco de alcohol o de pelota;

y pasa la ortopedia procaz de su alegría
mostrando entre las mesas, como una demasía,
la inútil y erudita vejez de su derrota.


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La veterana