Por
Graciela D'Angelo

Todo Tango en Bien Bohemio... ¡Y se va la segunda! Miércoles 9 de mayo de 2012

uego de la etapa de Arturito, seguramente preciosa, hubo un tiempo de «no reunión» por varios motivos... hasta que el año pasado, fue la primera vez en Bien Bohemio, y ahora... ¡se va la segundita!...

La convocatoria fue para el 9 de mayo a las nueve y media de la noche. Miércoles —día de semana—, venía complicada la mano... estaba re-engripada, pero me había comprometido a escribir la crónica. La cosa fue que lloviera o tronara, engripada o desmayada, tenía que ir. Aproveché que no llovía, me emponché toda, porque tenía frío y tos, y allá me fui.

El barrio es muy tranquilo, no hay edificios, no hay colectivos que pasen por esa calle, no hay tránsito, ni negocios, ni gente caminando por las veredas, sólo casas viejas, un cacho de Boedo detenido en el tiempo... en una de esas casas, en Sánchez de Loria al 745, mitad de cuadra, farolito sencillo, cartelera, ventanal antiguo grande a la izquierda, zaguán a la derecha... está BIEN BOHEMIO —la casa de Tití Rossi—, que hoy es un emprendimiento que dirige su hija con gran amor por el tango. Allí nos reuniríamos con la gente del café de Todo Tango, y más personas invitadas.



Me bajé del taxi y pensaba, cuando entre va a aparecer don Blaya por la recepción y me dirá: «¡Dame cien mangos!» ¡Ja, ja, ja!... y me dará un cartelito con mi nombre. Pero no. Nunca es como uno imagina. Zaguán con afiches, lindo. Puerta cancel más linda aún. Había gente antes que yo, saludé, no estaba nerviosa como el año pasado, que era mi primera cena. Estaba feliz porque finalmente había podido asistir engripada y todo. Ya en recepción pagué y conocí a Laureano, quien se presentó como el traductor de la página, que me recibió, y tenía una carpeta con papeles, anteojos y camisa celeste, y la lista de los comensales (pensé, le tendría que pedir la lista de la gente), me dio el cartelito con mi nombre para la solapa, una idea sencilla y piola, para que todos pudiéramos ver el nombre del otro si no lo conocíamos.



Y ahí apareció Ricardo García Blaya y me saludó, se puso contento de verme, me dijo: «¡Qué suerte que viniste!» (¿Habría pensado que le dejaba la crónica en banda, porque no llegaba?), me pareció notar cierto alivio en su rostro. No era un cajetilla de chalina bonita roja, sino un estudiante secundario con saco azul y corbata rayada, claro, con algunos otoños más... ¡es broma! Estaba bien vestido como debe ser, es el dueño de la página y estamos festejando los trece años de la misma, y los once de la Mesa del Café... ¿cómo no estar de fiesta? Todos estábamos bien, y contentos de poder reunirnos.



Ahí nomás entré al salón y la vi a María Victoria, que me saludaba, que también estaba engripada, y también había hecho un gran esfuerzo para no fallar, y estaba allí re linda, muy bien vestida, todos estaban lindos y bien vestidos, ya estaban todos sentados a las mesas... ¡habían llegado muy temprano! El salón estaba colmado, y empecé a saludar a todos. Abrazo por acá, abrazo por allá, ¡qué emoción! Volver a ver a algunos amigos que había visto en la cena anterior, el primer abrazo fue para Coco, que estaba sentado en la primera mesa, al lado Vicky, beso para mi amiga, que tanto colaboró en la organización de esta cena, como ella misma se llamó, la secretaria de actas, a su lado, Carlos Bottini, amoroso, que conocí en ese momento, en la cabecera de la mesa, mi querido amigo y payador Fernando de Boulogne, ¡qué hermoso volver a verlo a Fer! Al lado estaba Rodolfo de San Martín, que conocía de la otra cena pero no hubo oportunidad de conversar y me quedé en esa mesa que estaba tan cómoda y contenta.



Saludé a Darío Murano que sólo conocía de nombre, joven y simpático. Miraba el salón y veía mucha camaradería, tanta buena onda en todos los rostros, todas las mesas ocupadas y todos charlando amigablemente. Muy lindo.

Vi a Roberto Mancini sentado en la mesa de atrás con el Dr. Tango, que como tenía cámara de fotos fue inmediatamente comisionado como «fotógrafo oficial».



Sabía que estaría Ángel Yonadi y caminé discretamente por el pasillito entre las mesas para ir a saludarlo, y lo veo a Dimas Marzotto, ¡cómo no verlo!, ¡cómo no recordar siempre que cumple los años el mismo día que yo! Lo saludé, a su esposa también, allí estaba Héctor D’Aversa y su esposa, y también un amigo chileno que viajó especialmente para estar en esta cena, y que filmó un buen rato, Alberto Ponce Peña.



En la mesa de al lado, estaban José Valle y Gaby, que luego cantaría, muy bonita, a su lado lo veo a Angelito ¡qué alegría me dio conocerlo personalmente!, también volver a ver a Roberto Améndola y Aníbal de Ciudadela, con José, amigo de Ángel, todos compartiendo mesa. Un placer muy grande, un apretón de manos por Atlanta y por Nueva Chicago, ¡por supuesto!



Ya estaban todos comiendo. El menú: ensalada rusa con jamón cocido, había vino tinto y blanco, agua y gaseosas, luego peceto con ensalada de zanahoria, helado. Y me fui para mi mesa, no había posibilidades de saludar a todos, aunque me hubiera gustado.



Ahí llegaba Horacio Préstamo y María Alejandra, y se sentaron a mi lado, en la mesa —vamos a llamarla bullanguera ¡ja!— de Coco, Vicky, Bottini, Fernando, Rodolfo, Horacio y María Alejandra. Nos reímos y charlamos, y todo fluyó de manera natural. ¡Un gran placer estar con todos ellos!



Marta Rossi, la dueña de casa, siempre muy amable y tan simpática, con una preciosa blusa calada, sabe muy bien recibir, y está atenta a todo, para que los comensales estén cómodos y que su pasada por Bien Bohemio —la casa de Tití Rossi—, sea algo placentero. Además, toda la decoración tanguera con cuadros alusivos, fotos de casi todos, los más grandes de nuestra música, algunos pasaron horas allí, ensayando y componiendo, cantando y seguramente tomando mate y riendo... «un lugar pa’ todo el mundo».



Ricardo García Blaya, subió al escenario, tomó el micrófono, como anfitrión que era, y agradeció la presencia de todos allí, comenzando por sus colaboradores más cercanos y amigos, Abel Palermo, Néstor Pinsón, Laureano Fernández y Federico García Blaya, que lo acompañan en este desafío que fue hace 13 años iniciar esta página, que todos queremos y es el mayor portal de tango, visitada por personas de todas partes del mundo a diario, para consultar, aprender, y escuchar música.



También mencionó sentados a otra mesa a Enrique Espina Rawon, presidente del Centro de Estudios Gardelianos, Juan Carlos Esteban, Norberto Regueira, Enrique Binda, Guadalupe Aballe, Marta Pizzo y un amigo, María José Mentana y Ernesto su marido. En una mesa más cercana a la nuestra estaban Rody Groppo y Susana, a horas de reinaugurar el mítico Café Homero. Elsa Rossi, que escribe en el Patio de los Poetas cosas hermosas en lunfardo, y más amigos con sus esposas, Baldomero Martínez y Ricardo Bruno y señora, más alguno que se me escapará... todos mirábamos siguiendo las palabras de Ricardo, cogoteando para poder ver los rostros que no conocíamos. Cuando llegó a nuestra mesa, claro está lo nombró a Coco, como no podía ser de otra manera, y a todos. «Y mis amigas Vicky y Graciela», y yo agrego, modestia aparte: minas fieles de gran corazón, secretaria de actas y cronista respectivamente, engripadas... pero de fierro, ¡je! También agradeció, por supuesto, a Marta Rossi, que nos recibiera en su casa y que fue responsable del show precioso que presenciamos.



Seguidamente presentó a quien sería el director musical de la noche, el maestro Pepe Motta, que para eso estaba el piano allí, arriba del pequeño escenario, que permite actuaciones intimistas, que provocan emociones profundas.



Un lujo total, impresionante pianista, con la humildad de los grandes, subió al escenario, y compartió que lucha con una enfermedad, pero que la música ayuda mucho y el mejor regalo es el aplauso de quien lo escucha tocar y el placer más grande es tocar con su hijo Pablo, quien ya había entrado al salón un contrabajo y subido al escenario. Arrancaron padre e hijo con el tema “Yo te bendigo”, luego “Inspiración”, y siguieron con dos temas instrumentales de su autoría, “Diálogo tanguero” —ya que dos instrumentos se trenzan en un diálogo—, y el segundo “Vibrando” que me pareció una maravilla. No recuerdo quien le dijo luego que le pondrían letra... a mí me gustó así como está, como nació: ¡instrumental precioso!



El maestro Motta presentó entonces a uno de los cantores que lo acompaña en este formato de show, Jesús Hidalgo, quien con mucha desenvoltura cantó “Olvido” —¡qué tangazo!—. Luego hizo “Contramarca”, siguió con “” que dulcemente se lo dedicó a su compañera de actuación Noelia Moncada, lo cantó muy lentamente más bien abolerado. Y finalizó su actuación con “Más solo que nunca”. Me encanta como canta este pibe. ¡Qué bueno que gente joven se dedique a nuestra música hermosa! ¡Muy buena voz!



Invitó a Noelia Moncada a subir al escenario, y cantaron juntos “Romance de barrio”. Noelia hizo “Chiquilín de Bachín” y una versión muy personal de “Se dice de mí” dedicado a todas las mujeres.



También subió al escenario Gaby, conocida en el medio como “la voz sensual del tango” quien nos dejó “La casita de mis viejos”. Un show muy bueno, en manos de un músico tremendo, otro músico tremendo y estos jóvenes talentosos de voces diferentes y necesarias para la renovación y la continuidad. Inmediatamente, Marta Pizzo recitó una poesía de su autoría, creo que se llamaba “La novia de Gardel”.



Luego fue invitada a subir al escenario, María José Mentana, quien estaba acompañada por Ramón Maschio, un guitarrista muy bueno, y cantó “Atenti pebeta”. Nos contó de su próxima obra que se llama “De Buenos Aires a París”, es la historia de una mesera que desea cantar en un escenario... y fue escrita por Ricardo García Blaya. Y finalizó con una joya absoluta, “La añera” la más que maravillosa zamba con letra de don Atahualpa Yupanqui y música de Nabor Mario Córdoba.



En ese momento, yo pensaba qué lindo hubiera sido que subiera también Angelito Yonadi, como en las primeras cenas... y la cantara con ellos. «Yo tengo una pena antigua, inútil botarla fuera. Y como es pena que dura, yo le he llamado la añera...» ¡Belleza total! ¡Muy lindo!

Y parecía que había terminado el show, y todos comenzaron a irse. Pero faltaba el broche de oro... Porque Horacio Préstamo y María Alejandra Riva, subieron a esa pequeña plataforma y bailaron allí, cosa muy difícil, ya que están acostumbrados a bailar en grandes salones y desplazarse, sin embargo, dieron cátedra de baile. Bailaron varios temas y pasaban de un ritmo a otro con mucha gracia y naturalidad, el tango fue bailado bien al piso y con sensualidad, fue algo muy hermoso.

Bailaron primero un tango, “Patético”, por Pugliese, luego una milonga, una rumba, un fox-trot y finalizaron con la última parte de “Cien guitarras” milonga, por De Angelis-Dante-Martel. Datos que Horacio me pasó muy gentilmente, este popurrí es parte de un show que hicieron en San Isidro. ¡Un aplauso para esta pareja que bailó maravillosamente!

Los pocos que quedábamos, nos fuimos despidiendo, todos felices, todos muy contentos de haber abrazado, conocido, reencontrado a los amigos, de haber visto un rostro y relacionarlo por fin con un nombre... de haber charlado y compartido.



Una disculpa muy especial al maestro Motta por haberle pedido algo que no pudo dar porque no tenía, fue un error de mi parte, y no supe disculparme en el momento... pero me regaló algo que sí tenía: su arte musical hermoso. Gracias a todos, brindamos por la página por los trece años, por la Mesa del Café y sus once años, y por la amistad. Cada uno en su corazón habrá recordado a José Pedro y al Boa (Oscar Bianchi)... supongo que sí... Un cariño especial para los que están lejos y no pueden venir, pero estaban con nosotros con su corazón, como el Negro, Rolando, Oscar, Horacio, Pepe, Pucho y muchos más. Y mi agradecimiento a mi amigo Fernando que me llevó a mi casa, una suerte porque a la salida estaba lloviendo y yo me acordé que estaba engripada.

¡Hasta la próxima y cariños para todos!