Por
Roberto Selles

Adiós muchachos - Milva y “Adiós muchachos”, un tango de la cárcel

o siempre le ha sido beneficioso al tango su divulgación fronteras afuera. Muchas veces se lo ha danzado de un modo que nada tiene que ver con nuestra forma de hacerlo. Otras, se le ha impreso un ritmo extraño y —lo que aquí nos interesa— en no pocas ocasiones se han cambiado títulos y letras.



Digamos, para dar unos pocos ejemplos que, en Estados Unidos “El choclo” pasó a titularse “Besos de fuego” y también, en una versión menos divulgada, “El búho”; “Barrio reo” fue cambiado por “Envíale algunas rosas”; “Yira yira” por “Marchando”; “La cumparsita” por “La enmascarada”; “Nostalgias” por “Mi perdido amor”; “Derecho viejo” por “Desilusionado” y “A media luz” por “Cuando la luz es suave y débil”, y en otra versión como “Luz de amor”.

El célebre “Adiós muchachos” en Inglaterra tuvo por lo menos dos títulos: “Te guardaré siempre en mi corazón” y “Pablo el soñador”. Cuando en su país lo registró Louis Armstrong para el sello DECCA, el 24 de julio de 1951, como autor de la letra figura Dorcas Cochran —que además se apropió de la melodía—. Y el título original fue trocado por “I get ideas”, literalmente “Tengo ideas”, pero se aconseja traducir como “Me acuerdo”, según el sentido del texto.

No obstante, existió otra versión estadounidense anterior, debida a Carol Raven y publicada en 1931 por la Edward B. Marks Music Corporation, con título de “Farewell companions”, es decir “Adios compañeros”. Dicha letra pretendió ser una traducción del texto de César Vedani. Sin embargo, los versos que realmente coinciden son muy escasos.

Los que siguen son los que mas se acercan:
«Adiós, compañeros de mi vida / de cuando la juventud encendida; / pronto sabrás que debo marcharme (...) me resigno / ante el mandato del destino inclino mi cabeza; / mi corazón desesperado no puede resistir más (...) bendíganme en sus corazones / y sepan que no estaremos separados, / pues donde quiera que esté, los bendeciré también».

En Italia, conserva su título original sin siquiera haber sido traducido. La versión que pertenece a Eugenio Rondinella, no tiene el más leve rastro de la letra de Vedani. Un verdadero engendro de corte delictivo.

Fue grabado por la cancionista Milva. Por su atención hacia la música de tango hacen que bien puede llamársela «una tana aporteñada». Hija de un comerciante de mariscos y una corista, nació en la localidad de Goro, provincia de Ferrara, el 17 de julio de 1939, su nombre verdadero es María Ilva Biolcatti. A los 16 años comenzó a estudiar canto con profesores de importancia.

A los 18 obtuvo el primer premio en el concurso de Voces Nuevas, organizado por la RAI. Entonces, graba su primer disco y gana el apodo de La Pantera, por su entrega y su tupida cabellera. En 1962 se siente atraída por el tango. Gana el festival de San Remo con “Tango Italiano”, que no era la traducción de un tema rioplatense, sino un verdadero tango italiano, ritmo ampliamente transitado por los músicos y letristas itálicos. Fue nominada la mejor cantante del año.

En 1985, se presentó en nuestro Teatro Ópera acompañada por Astor Piazzolla. Era su tercer viaje a la Argentina, ya lo había hecho en 1966 y 1973. Allí dijo: «Fue en el 73 cuando traté de meterme realmente en el canyengue del tango».



Unida artísticamente a Astor Piazzolla, ya había realizado cuando ocurrió su última visita, cuarenta conciertos en Alemania. De allí, pasaron a París para presentarse en Des Bouffes du Nord, a estas se sumaron 15 actuaciones en Italia y otros países. Dijo Ástor: «Creo que es la cantante que mejor interpretó mis temas».

Grabó dos larga duración de tango, uno en su país y en su idioma, con la orquesta de Iller Pattacini. Los tangos nuestros fueron: “La cumparsita”, “A media luz”, “Bandoneón arrabalero”, “Inspiración”, “Adiós muchachos”, “Duelo criollo”, “Rodríguez Peña”, “El choclo”, “Poema”, “Adiós pampa mía”, además un tango alemán: “Cielo”, de Rixner y uno de Estados Unidos: “Blue Tango”, con letra de Mitchell Parish y música compuesta por Leroy Anderson.

El segundo longplay lo realizó con el acompañamiento del Quinteto Tango Contemporáneo, de Piazzolla, allí están sus creaciones como “Balada para un loco”, “Balada para mi muerte”, “Los pájaros perdidos”, “Che, tango, che”. En su repertorio también figuraban “Za” y “Oblivion”, “Mi Buenos Aires querido” y otros.

La mencionada letra delictiva de “Adiós muchachos”, de Rondinella, es la siguiente:

Adiós muchachos, ya no soy libre,
nos veremos dentro de un año o más.
Pero vengan a verme cuando quieran,
si no tienen cuentas con la policía.
Adiós, muchachos, se va la libertad, la cana no espera.
También yo sabré que significa la prisión,
y de regreso el nombre cambiaré.
Haremos como siempre
la fiesta al que regresa,
brindaremos juntos
y todo pasará.
Pasar más de un año en una celda
debe ser un poco duro,
pero encontraré fuerzas.
Vendrá gente del barrio,
algunas personas amigas,
y así en la celda el tiempo volará.
Búsquenme un lindo nombre
para cuando regrese,
porque otra vez libre no volveré a ser.


Un texto insólito. ¿Que pensarían Julio César Sanders y César Vedani?