Por
Ricardo García Blaya

Sangre maleva: un tango mal difundido

xisten dos tangos cuyos versos finales dicen lo mismo: «que el hombre para ser hombre / no debe ser batidor». Uno lleva por título “Sangre maleva” y son sus autores Dante Tortonese, Juan Miguel Velich y Pedro Platas, el otro se llama “No fue batidor”, de Enrique Mora y Germán Rienda, del que haremos referencia más adelante.

Sangre maleva” es un tango muy conocido, grabado en varias oportunidades y por distintos intérpretes, pero erróneamente difundido con el nombre de “El batidor”, que en realidad es otro tango, obra de Ernesto de la Cruz y letra de Alfredo Marino.

De la lectura de la letra de “Sangre maleva” concluimos que existiría una incoherencia si el tango se llamara “El batidor”.

Sangre maleva” comienza contando que el protagonista, el Zurdo Cruz Medina, paseó sus gallardías por varios barrios porteños y era considerado un buen amigo y, sin grupo, servicial, taita entre los matones, malevo sin trampas y sin padrinos. Que nunca aflojaba y se caracterizaba por su coraje de varón. Nunca alguien con este perfil podía plantearse la duda de ser un buchón, un batidor y menos cuando toda la historia pone el énfasis en su hombría de bien, en su guapeza y no en esta reflexión final que hace el guapo antes de morir.

El error se plasma y se reproduce por la negligencia de los que confeccionan las etiquetas, la información técnica de los discos y sus contenidos, en las empresas discográficas. Lamentablemente esto es muy común y no sólo en el caso de este tango.

En el disco larga duración de Magenta, grabado en el año 1971, por Jorge Durán con acompañamiento de guitarras, figura “El batidor”, cuya autoría atribuye a Ernesto de la Cruz y Francisco Marino. Es cierto, el tango “El batidor” fue hecho por de la Cruz y Marino, lo que no es cierto es que el tema que escuchamos en ese disco sea “El batidor”.

Más tarde, en 1982, Jorge Vidal lo graba para el sello Almalí, con acompañamiento de las guitarras de los hermanos Castro, cometiéndose el mismo error, con el agravante de mencionar que el tango es de autor anónimo.

Es muy posible, dado el éxito de esta obra (“Sangre maleva”), que el uso popular le hubiere cambiado el nombre. Pero hete aquí que en SADAIC, al momento de hacerse las grabaciones antes mencionadas, también las registró erróneamente.

El verdadero tango “El batidor”, de Ernesto de la Cruz y Francisco Marino, es muy poco conocido y fue grabado por Ignacio Corsini el 26 de febrero de 1927 en un disco Odeón, Nº 18489 lado B, matriz 448, del cual realizó dos tomas, con una letra modificada respecto de la original que figura en la partitura pero que guarda el mismo sentido.

El batidor” (tango)
Música: Ernesto de la Cruz
Letra: Alfredo Marino

Pobre Pardo Pellegrini que piantastes de la reja
Ensuciando a los muchachos con tu oficio batidor.
Hoy llevás como recuerdo de la pera hasta la ceja
un barbijo por la mugre que batiste al ruiseñor.

Vos que fuiste entre gratas un muchacho propiamente,
y que en todas las trifulcas la enguiñabas hasta el fin
Cuida el cuero, andá forrao, si te has hecho confidente,
porque, qué querés hermano va a llegar tu San Martín.

Por vos están a la sombra
el Mangrullo y el Mochila
el chueco Juancito Anguila
y Pascual el Metedor.
Por vos se supo la púa
que le enguiñaron de bute
como a cualquier farabute
a Pancho el Estafador.

Con tu pinta de marmota laburando de llavero,
te pasabas buena vida, mejor que la que llevás.
Pero un giorno medio malo pa'escurrir de un entrevero,
desataste a la sin güeso y embarraste lo demás.
Ya que todos te han calao de que sos un güey corneta,
y aunque ahora te arrepientas de haber hecho la traición,
pensá Pardo de que es cierto lo que dijo aquel poeta,
que "es al ñudo que lo fajen al que nace barrigón".


Compárese la letra de este tango que nos está hablando de un pusilánime, de un tipo que la barra considera un desahuciado y un confidente despreciable, con la letra de “Sangre maleva” que antes describimos y que es la siguiente.

Sangre maleva” (tango)
Música: Dante Tortonese
Letra: Juan Miguel Velich y Pedro Platas

Por Boca, Avellaneda, Barracas, Puente Alsina,
Belgrano, Mataderos y en todo el arrabal
paseó sus gallardías el zurdo Cruz Medina,
que fuera un buen amigo, sin grupo servicial.

Templado en el suburbio, fue taita entre matones,
vivió tejiendo sueños allá en el callejón,
en donde por las noches rondaban los botones
y en el café del barrio gemía el bandoneón.

Era un malevo sin trampas, sin padrinos y sin gloria;
sin miga de tanta historia, pero buen mozo y de acción.
Caseros lo vio jugarse sin aflojar ni un chiquito,
y en la nueve queda inscripto su coraje de varón.

Pero una noche oscura, guapeó en Avellaneda,
y en una rinconada del trágico arrabal
sonaron tres balazos y sobre la vereda
caía un hombre herido blandiendo su puñal.

Se oyeron los auxilios, corrió la policía,
y en un charcal de sangre, sonriendo al taita halló,
que herido mortalmente, rebelde en su agonía,
con voz de macho entero, sin pestañear habló;

No me pregunten agentes, el hombre que me ha herido,
que será tiempo perdido porque no soy delator.
Déjenme, no más, que muera, y esto a nadie asombre,
que el varón para ser hombre, no debe ser batidor.


Por último, y para aumentar la confusión, existe, como ya dijimos, otro tango cuya letra finaliza con los mismos versos de “Sangre maleva”, su título es “No fue batidor”, con música de Enrique Mora y letra de Germán Rienda. Posiblemente esta obra también contribuyó a este enredo. Aquí su letra:

No fue batidor” (tango)
Música: Enrique Mora
Letra: Germán Rienda

Los barrios porteños, lo vieron pasearse
luciendo su estampa en toda ocasión.
Y allá en Mataderos, buscó refugiarse,
sentando su hombría de guapo en la acción.
Por hombre derecho llegó a conquistarse,
no solo gran fama, sino un corazón,
por quien una noche llegara a jugarse
la vida en un duelo, frente a otro varón.

Sin padrinos ni testigos
se encontraron los rivales
y el silencio de la noche
un disparo interrumpió.
Y el malevo en desventaja
por las armas desiguales
con el pecho ensangrentado
como un macho allí cayó.

De pronto un auxilio, y allá en la cortada
tendido en la calle se ve aquel varón...
que ayer entre taitas bien fuerte tallaba,
y al que hoy un cariño, sus manos pialó.
Rodeao de botones, se aguanta rebelde,
no afloja ni un pucho y en tanto dolor,
con gesto de rabia, los labios se muerde,
pa'no dar el nombre de aquel que lo hirió.

Y el malevo ya vencido,
palpitando su agonía,
mirando a la policía,
suplicaba en su dolor:
"Déjenme morir tranquilo,
sin que deschave su nombre
que el hombre para ser hombre
¡No debe ser batidor!


Si comparamos estos versos con los de “Sangre maleva” sacamos la conclusión que los temas son similares y que en ambos casos resultan coherentes sus títulos con sus letras.

Ocurre que tanto “Sangre maleva” como “No fue batidor” están inspiradas en la vida de Andrés Cepeda, conocido como El Divino Poeta de la Prisión, «joven culto que abandonó sus estudios por malas compañías yendo a dar con sus huesos a la Penitenciaría Nacional, tras delinquir varias veces, en cuya cárcel escribió la mayoría de sus versos» (Gardel y los autores de sus canciones, de Orlando del Greco).

Cuenta la historia que Cepeda peleó contra tres individuos en una plaza de la avenida Paseo Colón, en la ciudad de Buenos Aires, y en lucha despareja lo hirieron de muerte. Cuando llegó la policía no quiso batir (delatar) a quienes lo habían herido.

En definitiva el origen del cambio de nombre es, a mi criterio, en primer lugar, la simplificación que el uso popular hizo para distinguir el tango “Sangre maleva”. En segundo lugar, la negligencia de las discográficas cuando publican la información en las tapas y etiquetas de los discos divulgando el uso popular y no el verdadero nombre.
Y por último, la inadvertencia de SADAIC cuando registró los discos de las versiones de Jorge Durán y Jorge Vidal.

El caso del tango “No fue batidor”, es una curiosidad pero no hace al fondo de la cuestión.

Obviamente los oyentes de radio no están obligados a conocer exactamente el nombre de los temas que solicitan o escuchan, esto sería, en todo caso, responsabilidad de los difusores que en tanto tiempo no se ocuparon de aclarar el tema.

Esta investigación esta ratificada por la opinión de Oscar del Priore, que sí alertó sobre esta confusión en su programa radial.