Por
Bruno Cespi

El tango y los hechos cotidianos

oco se ha escrito sobre la influencia que han tenido sobre los músicos de los primeros veinte años del siglo XX los sucesos y los hechos cotidianos que se daban en esa época.

Todos o casi todos los temas fueron llevados al pentagrama por los compositores: la política, el deporte, las hazañas de los valientes que forjaron nuestra incipiente aviación, los juegos infantiles, los personajes de Buenos Aires, las propagandas comerciales, etcétera. Estos temas y muchos más fueron, sin duda, una parte importante de los cimientos de nuestro repertorio tanguero.

Comenzamos con los tangos compuestos en homenaje a los héroes de nuestra incipiente aviación. Sin duda, el Ingeniero Jorge Newbery fue el aviador a quien se te dedicaron más temas. Así tenemos:

“Jorge Newbery”, de Aquiles Barbieri.

“Prendete del Aeroplano”, de José Escurra. Dedicado al Presidente del Aero Club, señor Jorge Newbery.

De pura cepa”, de Roberto Firpo. Dedicado al distinguido Sportman Jorge Newbery.

“Newbery”, del guitarrista Luciano Ríos.

Un recuerdo a Newbery”, de José Arturo Severino. Dedicado a la memoria del malogrado aviador argentino Jorge Newbery, mayo de 1914.

“Tu sueño”, vals de Eduardo Arolas, Dedicado al malogrado Jorge Newbery.

“Matienzo (Perdido en las cumbres)”, de Udelino Toranzo. «A la memoria del malogrado aviador Benjamín Matienzo».

“Zanni [b]”, de la guitarrista Ana Schneider de Cabrera, con motivo de la doble travesía de los Andes.

“Zanni - Beltrán”, de Elio Rietti, dedicado a los intrépidos y valientes aviadores Pedro Zanni y Beltrán.

“El Gato”, de Atilio Cattaneo, dedica, do al Teniente 1º Pedro Zanni, apodo que le valió porque a pesar de sufrir varios accidentes siempre salía ileso.

Cattaneo”, de Francisco Peirano, al intrépido e insigne aviador italiano Atilio Cattaneo.

“El Cabo Fels”, de Pedro Sofía, como tributo y admiración por su admirable travesía en aeroplano sobre las aguas del Plata.

Don Teodoro”, de Vicente Mazzoco, al joven piloto cabo conscripto Teodoro Fels, con motivo del vuelo a Montevideo, en diciembre de 1912.

“Almonacid”, de Agesilao Ferrazzano, al valiente aviador Vicente Almandos Almonacid.

“El trío”, de Santos Aschieri (hijo), a los Ases de la Aviación Argentina, Capitanes Antonio Parodi, Pedro Zanni y el Capitán de Fragata Marcos Zar.

Olivero”, de José Martínez, al intrépido aviador argentino Eduardo Olivero.

“Vuelo nocturno”, de Domingo Salerno, al valiente aviador argentino Vicente Almandos Almonacid por su vuelo nocturno.

De ida y vuelta”, de Ana Schneider de Cabrera, al aviador Antonio Parodi, como homenaje a su viaje de ida y vuelta a Chile.

“El Pampero”, de Luis Sanmartino, dedicado al famoso globo donde Eduardo y Jorge Newbery encontraran la muerte.

Con respecto a los «tangos patrióticos», sus autores volcaron en ellos acontecimientos personales o pasajes importantes relacionados con nuestra Independencia. Entre ellos podemos citar:

Acorazado Rivadavia”, de Ángel Villoldo. Compuesto con motivo de su incorporación a la Armada Argentina.

Dreadnought Rivadavia”, de Carmelo Liparini. También motivado por su incorporación a la Armada Argentina.

“Acorazado Moreno”, de Fortunato Cardullo. Con idéntico motivo que los dos anteriores.

Independencia” de Alfredo Bevilacqua, con motivo del Centenario de la Revolución de Mayo el 25 de mayo de 1910.

Fragata Sarmiento”, de Luis Conde, dedicado a la Fragata del mismo nombre.

Reconquista”, de Alfredo Bevilacqua.

“Curupaytí”, de Augusto Berto.

Cancha Rayada”, de Alejandro Rolla.

“Primera Junta”, de Alfredo Bevilacqua.

Nueve de julio”, de José Luis Padula.

“25 de Mayo”, de Eduardo Arolas.

También fueron numerosos los tangos compuestos relacionados con sucesos y personajes varios. Algunos de ellos son:

“La carreta [b]”, de Octavio Barbero, dedicado al tranvía a caballo.

“El eléctrico”, de Vicente Greco. Dedicado al tranvía eléctrico.

“El eléctrico”, de Carlos Masla. También dedicado al tranvía eléctrico.

“El subterráneo”, de Joaquín Cortes López, con motivo de la inauguración del subterráneo Plaza de Mayo - Primera Junta, noviembre de 1913.

“María Barrientos”, de Ernesto Zambonini, dedicado a la gran cantante española con motivo de su actuación en Buenos Aires.

Es prohibido fumar”, de Vidal Cibrián, compuesto con motivo de la prohibición de fumar en los tranvías.

Peligro”, de David Fiore, compuesto con motivo de la llegada de los primeros automóviles a Buenos Aires.

Alfonsito”, de Osmán Pérez Freire, con motivo de la visita del Rey de España Alfonso XIII a la Argentina.

“El Negro Raúl”, de Angel Bassi. El negro Raúl Grigeras, personaje popular de Buenos Aires, vagabundo, al cual usaban los niños bien para sus diversiones.

“La compadrada del cometa”, de José Rodas, con motivo de la aparición del cometa Halley.

“A Trípoli se van”, de Rómulo Pane, dedicado a los italianos residentes en la Argentina que volvían a Italia para combatir en la guerra contra Trípoli.

Qué noche”, de Agustín Bardi, con motivo de la primera nevada en Buenos Aires, en 1918.

“Fuera del ring”, de Armando Fernández, compuesto con motivo de la pelea por el campeonato mundial de peso pesado, Firpo vs. Dempsey, en la cual Luis Ángel Firpo sacó fuera del ring a Dempsey.

“Carlitos Chaplin”, de José A. Molet. Dedicado al Genial cómico del cine.

También los juegos infantiles de la época eran motivo para que se hicieran tangos con sus nombres. He aquí algunos de ellos:

“Ta Te Ti”, de José María Rizzuti.

Cara o cruz”, de Domingo Fortunato.

Gallo ciego”, de Agustín Bardi.

“La pandorga”, de Guido Vanzina Pacheco.

“El barrilete”, de Guido Vanzina Pacheco.

“La primera sin tocar”, de Anselmo Aieta (esta fue su primera obra).

“Chirulote”, de Julián Robledo. Era un aro de hierro o chapa que se hacía rodar con un alambre grueso que lo hacía girar.

Los vendedores ambulantes, las mercaderías ofrecidas y los encargados de determinadas tareas relacionadas con la comunidad también tuvieron sus tangos. Aquí algunos de ellos:

Todo a veinte”, de José Felipetti. Vendedor ambulante mayormente de nacionalidad turca, que vendía baratijas.

“Cosa linda barata”, después “Bar Exposición”, de Luis Teisseire, los mismos personajes de “Todo a veinte”.

El gringo”, de René Liaz, dedicado al frutero ambulante, en su mayoría italianos.

“El Tano Nicola”, de Luciano Bonnel, como homenaje a los italianos que deambulaban por Buenos Aires, dando vuelta a la manija de los organitos, que fueron los primeros que introdujeron el tango en los hogares porteños.

El bollitero”, de Próspero Cimaglia, persona encargada de limpiar las calles del estiércol de los caballos que, en inmensa mayoría, arrastraban los carruajes. Posteriormente, fueron llamados barrenderos.

“Ajo y cebolla”, de Rafael Cattalano, al vendedor de ajos y cebollas.

“El cebollero”, de Ángel Villoldo, dedicado al vendedor de ajos y cebollas.

El farolero”, de Arnaldo Barsanti, encargado todas las tardes, antes de oscurecer, de encender los faroles de las calles, que en ese tiempo se alimentaban a gas.

“El manisero [b]”, de José A. Grosi, personaje popular hasta los años 40, que vendía maní calentado en un pequeño horno ambulante.

El escobero”, de Ambrosio Radrizzani: vendedor ambulante de escobas.

Canillita [b]”, de Osmán Pérez Freire: vendedor ambulante de diarios.

Canillita”, de Julio César Sanders, Daniel López Barreto y César Vedani: de la película homónima.

“Resaca [b]”, de Juan Faillace: vendedor de tierra negra abonada para plantas.

Asimismo, fueron numerosos los tangos compuestos como homenaje a las firmas o productos comerciales:

“Tigre Hotel”, de Rosendo Mendizábal. Dedicado al famoso Hotel de la localidad de Tigre.

Kalisay”, de Ángel Villoldo, dedicado a otra tradicional bebida.

“Fray Mocho [b]”, de Angel Bassi, dedicado a una popular revista de los años 1910 - 1920.

“Los carruajes de Mirás”, de P. A. Garbagnoli, dedicado a la Casa Mirás, importante casa de alquiler de carruajes.

Pineral”, de Ángel Villoldo, dedicado a la tradicional bebida.

“A la ciudad de Londres”, de J. Nirvassed, dedicado a la tradicional tienda de Buenos Aires, en los primeros años de este siglo.

“A la ciudad de Londres”, de Ángel Villoldo, con idéntico motivo del anterior.

Hesperidina”, de J. Nirvassed, dedicado a la bebida de ese nombre.

“Muy del Bubú”, de Juan Spreafico, dedicado a una popular galletita de la Casa Bagley.

“Convidá con chocolate”, de Guido Vanzina Pacheco, dedicado a la firma Saint Hnos. fabricantes del chocolate Águila.

“El Columbia”, de Orfeo Giudice, dedicado a Don José Tagini, propietario de los legendarios discos marca Columbia Record.

“Radiolina”, de R. Ginerca Ferrer, dedicado a esa marca de kerosene para lámparas de alumbrar.

“Sin marca”, de Esteban González, dedicado a esa marca de cigarrillos.

“Echale Bufach al catre”, de José Manuel Tagle, dedicado al insecticida Bufach.

“Echale Piloil a la pelada”, de Rafael Russo, dedicado a Piloil, producto para evitar la calvicie.

“Comprá en lo de Gath & Chaves”, de Luis Chiappe Ducca, dedicado a la popular tienda de Buenos Aires.

“Hoy llegó el dulce de leche”, de J. Nirvassed, dedicado a la fábrica de productos lácteos “La Martona”.

“Libre del Trust”, de Luis Buttaro, dedicado a Piccardo y Cía. Productores de los cigarrillos marca 43.

La Nación”, de Próspero Cimaglia, dedicado al popular diario porteño.

“El Nacional”, de Francisco Cafiero, dedicado al famoso café del mismo nombre.

“La Razón”, de Luis Chiappe, dedicado al diario del mismo nombre.

“No se puede con Muñoz”, de Arnaldo Barsanti, dedicado a la sastrería porteña Casa Muñoz.

Gran Hotel Victoria (Hotel Victoria)”, de Feliciano Latasa, dedicado al Hotel del mismo nombre.

P.B.T.”, de Pedro Aicardi, dedicado a la popular revista de principios de siglo.

“Omega”, de Emilio De Caro, dedicado al conocido vinagre del mismo nombre.

La Negra”, de Enrique Delfino, dedicado al famoso frigorífico del mismo nombre.

Y como no podía ser de otra manera, las casas de bailes y los bailarines tuvieron sus tangos:

“Palace de Glace”, de Juan Carlos Bazán, dedicado al famoso palacio de igual nombre.

“La Vasca”, de Juan Carlos Bazán, dedicado a María Rangolla, dueña de la famosa casa de baile.

Ca-ra-ca-fú”, de Juan Maglio, dedicado a la Academia de Baile que dirigía el Vasco Casimiro Aín.

“La Hora”, de Domingo Salerno, dedicado al bailarín del mismo sobrenombre.

El Pollo Ricardo”, de Luis Fernández, dedicado al bailarín Ricardo Scandroglio (El Pollo Ricardo).

Rodríguez Peña”, de Vicente Greco, dedicado al famoso salón de baile del mismo nombre.

“Chikoff”, de Manuel Jovés, dedicado a Juan de Chikoff, profesor de baile del Plaza Hotel.

Y encontramos, asimismo, numerosos tangos con dichos comunes de la época:

“Aquí esta el Queco”, de Juan Carlos Basavilbaso.

“Está cabrera mi prienda”, de Próspero Cimaglia.

“Agarrame en esta vuelta”, de Joaquín Cortés López.

“Que florcita pa' mi ojal”, de Mauricio Mignot.

“Que chinche pa' mi colchón”, de Justiniano Caminos.

“Papita pa'l loro”, de Ángel Villoldo.

“Nene no te resfriés”, de Esther I. Seoane.

Afilame que me gusta”, de A. Pelloso.

“Que pimpollo”, de Rafael Fracassi.

“Haceme venir la risa”, de Mauricio Mignot.

“Agarrate nena que hay marejada”, de Ernesto Sola.

“Dale perejil al loro”, de Ernesto Manfredi.

Y sería largo seguir nombrando porque es infinita la cantidad y porque con los aquí señalados yo creo que están las pruebas suficientes como para afirmar que en los primeros 20 años de este siglo los músicos estaban consustanciados con los personajes y las costumbres de Buenos Aires.