Por
Néstor Pinsón

l suyo fue un caso inverso al habitual. Durante el transcurso del siglo veinte, los muchachos uruguayos que interpretaban tangos o eran actores de cine y teatro o de otras habilidades como el turf, como el caso de Irineo Leguisamo, cruzaban el Río de la Plata y se mudaban a Buenos Aires para tener mayores posibilidades de trabajo. Pero Carusito —que había nacido en el porteño barrio de Villa Crespo—, cambió de orilla con apenas 20 años y se quedó en Montevideo por el resto su vida. Aunque cada tanto, realizaba algunos retornos por breve tiempo, debido a razones familiares o laborales o por momentos flojos de la actividad en su ciudad de adopción.

En su carrera hubo una actuación por la cual será recordado por los amantes del tango y sobre todo por los seguidores de Julio Sosa. Éste cantor que logró un éxito extraordinario en la Argentina, había surgido en un concurso con el nombre artístico de Alberto Ríos. A resultas de este certamen, fue contratado por la orquesta de Hugo Di Carlo y, paralelamente, por los directivos del sello Sondor para registrar cinco temas, las únicas grabaciones profesionales registradas en su país a lo largo de su carrera, oportunidad en que fue acompañado por el cuarteto de Luis Caruso.

Su tío era José Servidio, el destacado bandoneonista y compositor, quien lo introdujo en el instrumento y luego lo ubicó en las filas de la orquesta infantil que patrocinaba. Con el tiempo, Carusito pasó a formar parte de su orquesta profesional.

1936 fue el año que decidió viajar al Uruguay. Y al siguiente, se incorporó al Cuarteto Típico Pirincho dirigido por Juan Esteban Martínez, a quien llamaban con el mismo apodo que a Francisco Canaro, quizás porque ambos eran maragatos (denominación de los nacidos en San José, Uruguay). Acompañaban a la muy joven cancionista Marujita Falero quien, en 1938, fue contratada por Radio Carve, donde actuó con el acompañamiento de un trío conformado por Juan Cao (piano), Mario Orrico (violín) y Carusito (bandoneón).

Era un músico en ascenso y estaba viviendo una etapa de intensa actividad. Antes de formar su propia orquesta intentó un trío al modo de su admirado Ciriaco Ortiz, sumando dos guitarras, las de Alfonso Picera y Ramos. Estuvo un tiempo en la orquesta del consagrado Carlos Warren. Y además, alternó su tarea de músico con la labor periodística, escribiendo notas en la revista Cine-Radio de Actualidad.

A mediados de la década del 40 formó su propia orquesta. En el piano un músico de formación clásica y compositor Jaurés Lamarque Pons, Fabregat y Boromat (violines), Orlando Ponzoni y Giordanelli —junto al director— (bandondeones), Orosman Fernández (contrabajo) y el cantor Walter Cavaradozzi.

Comenzó en CX30 Radio Nacional, siguió después una gira por Brasil y, dos años más tarde, regresó un corto tiempo a Buenos Aires para incorporarse a la orquesta de su tío para actuar por LR3 Radio Belgrano. De vuelta en Montevideo, formó una nueva agrupación para acompañar al vocalista Alberto Reynal.

Desde fines de 1943 y por varias temporadas, ocupó el palco del Café El Ateneo, actuó en el Cabaret Marabú (homónimo del nuestro de la calle Maipú) y en la radio. Más tarde, llegaron las cinco grabaciones con Julio Sosa.

En esa ocasión, la orquesta estuvo integrada con Rubén Pocho Pérez (piano), Roberto Smith (contrabajo), Mirabello Dondi (violín) y por supuesto, Carusito en la dirección tocando el bandoneón. Los registros fueron: “Una y mil noches”, “San Domingo” —candombe de José Monzeglio y Omar Scaglia—, “Sur”, “La última copa”, todos de 1948, y “Mascarita”, el 31 de enero de 1949.

Asimismo, acompañó las actuaciones de nuestra compatriota Chola Luna. Cuando Caruso necesitaba viajar a nuestra orilla, el cuarteto continuaba en funciones y era reemplazado por Edgardo Pedroza o por Oldimar Cáceres. Las grabaciones con Sosa no fueron las primeras de Caruso en Sondor. En 1945, debutó con el candombe “Cambio de mano”, del cual era autor, con la voz de Carlos Barbé y en el acople su tango “Sierra y Miguelete”, conocido también con otro título: “Rey de triunfo” y que grabara, en 1949, Juan D'Arienzo con el título “As de bastos”, en forma instrumental.

En 1947, registra su tema: “No puede perder” y la milonga: “Los ejes de mi carreta”, cantados por Walter Escobar. Con el mismo vocalista registra: “Candombero”, de Luis Carballo y “Con la otra”. Un año después, el vals: “Auroras del Sena”, de Blanca García y Luis Cirelli y “Anoche [b]” (homónimo al tango argentino) de Güelfo Sánchez y Cirelli; además: “De pura cepa”, “Alguien [b]” (de Caruso y Francisco Rosselli), “Cachumbe” (candombe de Luis Pereyra), “Ella no está” (de Caruso), los instrumentales: “Felicia”, “El espiante”, “La cumparsita” y “La viruta”; y los candombes: “Pancha y Ramón” (de María Falero —su esposa—) y “Estrellita de los negros” (de Elsa Pigrau y Enrique Soriano). Estas son sólo algunas de sus grabaciones para Sondor. Más adelante, acompañó al cantor Raúl Lavalle.

Como autor tiene registrados más de 200 temas, algunos de gran éxito y, por supuesto, conocidos en ambas márgenes del Río de la Plata. Ejemplo de ello: “Anselmo Acuña el resero”, “Aquel muchacho de la orquesta” (con Alejandro Blasco), “Bomboncito”, “Es inútil que la llores” (con Salvador Grupillo), “La fulana [b]” (milonga), “Lecherito del Abasto”, “Lilián”, “Martiniano Robles” (con Orlando Romanelli), “En Buenos Aires (Montevideo)” (con Alberto Raúl Goicoechea), “Para negros solamente” (milonga, con José Servidio), “Quedó en venir a las nueve” (con Juan Polito), “Se va una tarde más” (con Enrique Cantore), “Y siempre igual”; por último, el que más nos gusta con Ricardo García Blaya en la excelente versión de Alberto Echagüe con D'Arienzo, “Este carnaval”.

Fue un letrista solvente y buen melodista. El tango lo perdió a una edad temprana cuando todavía tenía mucho para darnos. Lo recordamos con cariño y el respeto que merece su importante trayectoria.