Por
Abel Palermo

ació en la ciudad de Santa Rosa, Provincia de La Pampa. Al iniciarse la década del treinta, decidió radicarse en Buenos Aires y así, poder concretar su sueño de ser un cantor de tangos.

Fue un intérprete varonil con definido timbre de barítono, de fraseo delicado y fina expresividad. Para él, cantar era algo que podía hacer sin esfuerzo, como naturalmente sin hesitarse.

En 1937, debutó en la orquesta de Roberto Zerrillo junto a la cancionista Elsa Medina, fue ante los micrófonos de Radio Belgrano. Dos años más tarde, la orquesta sufrió algunos cambios. Se produjo el alejamiento del pianista Emilio Barbato y en su lugar entró el uruguayo César Zagnoli. El resto de la agrupación estaba conformado por Juan Bibiloni, Jacobo Dojman, Reynaldo Nichele y N. Asandú (violines), Armando Brunini, Alberto García, Alberto San Miguel y O. Croce (bandoneones), Francisco Vitali (contrabajo).

A partir de 1940, la orquesta comenzó a grabar para el sello RCA-Victor y el cantor se luce en varios temas dentro de un repertorio ecléctico y dispar, a mi gusto, bastante malo.

Algunos de estos registros fueron: “Melodía oriental”; el pasodoble “Radioamor” de Juan Carlos Howard, Zerrillo y Enrique Cadícamo; la polca “Federico a casa”, de los mismos compositores y letra de F. Federico; “Aquel preludio de amor”; “Nunca y siempre” de Zerrillo, Fernando Martín y Héctor Marcó; el foxtrot “Yo te canto” de Charles Trenet y Paul Misraki; las milongas “El Pardo Anselmo”, de Roberto Ratti y “Negrito mazamorrero”, de Mario Perini y Julián Ortiz, y “Ahí va Catanga” de Humberto y Atilio Constanzo y Celedonio Flores. En aquellos años, se presentaban con gran éxito en el cabaret Casanovas de la calle Maipú.

A principios del año 1944, se fue de Zerrillo y pasó a integrar la orquesta de Juan Carlos Cobián, recientemente regresado de los Estados Unidos. Con el creador de “Mi refugio” hizo tres registros fonográficos: “Rubí”, “Rosa carmín” de Cobián y Cadícamo y “No hay barrio como mi barrio”, de Orestes Cúfaro, Francisco De Lorenzo y Carlos Bahr.

Al finalizar ese año fue requerido por Rafael Canaro con quien grabó “Garúa”, “Trenzas”, “Tortazos” y “Sin palabras”, luego emprendieron una gira por toda España, donde el cantor logró una gran repercusión, a tal punto, que decidió quedarse a vivir en la península.

En 1947, fue incorporado a la compañía de Celia Gámez como galán cantor. Participó en dos films: La Próxima Vez que Vivamos, con Ana Mariscal y Fernando Rey; luego en La Guitarra de Gardel, con Carmen Sevilla y Agustín Irusta.

Luego se radicó en Alicante donde inauguró La Peña Amigos del Tango y es en esas tierras donde conoció a la que luego sería su esposa, Julia Bocigas.

Fue contratado por la empresa CBS-Columbia y editó su primer larga duración titulado Milonga para Gardel, en el que se destacan los tangos “En esta tarde gris”, “Yira yira”, “Cobardía” y “Gricel”. Por exigencias de ese sello, tuvo que grabar temas latinoamericanos, en especial, boleros y canciones brasileñas. A raíz del éxito de su disco, fue enviado por la compañía discográfica a una gira por Puerto Rico, Cuba, Miami, Méjico y Brasil.

Participó en programas de la televisión española junto a grandes estrellas internacionales: Charles Aznavour, Raphael, Nati Mistral, Lola Flores, Mina, Julio Iglesias, entre otros. En 1969, actuó en el prestigioso programa de Raúl Matas junto a Nat King Cole. También estuvieron en ese ciclo Antonio Molina, Manuel Escobar, el inolvidable cómico Gila, Luis Aguilé y Alberto Cortez.

Siempre en Alicante, fundó La Casa del Espectáculo Tango Bar donde actuaron sus amigos Carlos Acuña, Dyango, Joan Manuel Serrat, entre muchos otros artistas.

Fue animador junto a Acuña, de las veladas que hacía en la Puerta de Hierro el General Juan Perón, durante su prolongado exilio en España.

El tiempo fue haciendo mermar sus actuaciones públicas, reservando su voz para las reuniones privadas con colegas y amigos o en su Peña El Pampero, hasta que llegó el momento del retiro definitivo.

Además de ser un excelente cantor, fue un embajador del tango y un cabal representante de la calidad humana de los argentinos. Lamentablemente, no tuvo en su patria el reconocimiento que hubiera merecido, pero su calidad artística se impuso en España donde aún se lo recuerda con gran afecto.

Antes de su retiro, en 1991, visitó la Argentina con su mujer porque quería que la conociera su familia pampeana. Junto a ella, y sus entrañables amigos, muere en Alicante, su tierra adoptiva.