Domingo Conte

Nombre real: Conte, Domingo
Cantor y actor
(10 enero 1908 - 12 diciembre 1998)
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Por
Néstor Pinsón

ació en Capital Federal, en la calle Pozos (hoy Combate de los Pozos), a unas diez cuadras del edificio del Congreso de La Nación

Dos hechos anecdóticos para destacar. Es posible que muchos, a partir del mes de diciembre de 1932 y por mucho tiempo, hayan escuchado con asiduidad a Domingo Conte desconociendo su filiación, también que corearan la letra de la canción interpretada o bien la cantaran con él al unísono. Me refiero a la marcha del club River Plate, letra de un señor Arturo Antelo sobre la melodía de una tradicional marcha: “It’s a long way to Tipperary”, nombre de una localidad irlandesa.

El otro hecho, una nota periodística propia de aquel tiempo para ensalzar a una figura y publicada en 1937 en la Revista Antena, sin firma. Allí se le hace en un párrafo esta clase de publicidad: «...su éxito lo llevó a tener una flor de casa, más que casa una casa-quinta situada en la calle General César Díaz, además una cuenta de ahorro que supera los setenta mil pesos, dos autos, confort refinado y como veinte trajes...»

Según un reportaje de Héctor Bates, de 1934, Domingo abandonó pronto los estudios primarios y entró a trabajar en una cartonería, tenía 11 años y a treinta pesos por mes se mantuvo allí empleado un par de años. Con otro muchachito amigo gustaba cantar a dúo, se dieron las circunstancias para presentarse en algunas reuniones familiares e incluso en la calle en la puerta de alguna de sus casas. Un día acertó a pasar don Domingo Riverol, que se entusiasma con ellos y les brinda las elementales lecciones de guitarra, como para que «rascasen» un cierto acompañamiento en sus presentaciones.

Con casi veinte años, junto a su amigo Pascual Ferrandino, consiguen su primera actuación «profesional». Fue en la glorieta situada en San Pedrito y Rivadavia, a cinco pesos cada uno los fines de semana y una botella de caña para sortear y sumar algunos centavos más.

Terminada esa experiencia, un hermano suyo —con un amigo— habían formado un dúo pretendidamente humorístico y le proponen a Domingo formar parte del espectáculo —como cantor— y salir de gira. Deambulan por algunos pueblos y apenas les alcanza para regresar, vencidos y hambreados.

De regreso, solo encuentra posibilidades de ser tenido en cuenta en un teatro de barrio: Politeama Asamblea, llamado así por estar ubicado en esa avenida. Canta y actúa con lo que la naturaleza le dio y llama la atención del comediógrafo Juan Dardés que le propone llevarlo a su compañía. Trabaja en ella tres años, va haciendo el aprendizaje de estar en un escenario frente al público.

Más adelante actúa en el Teatro Príncipe, de la avenida Cabildo en el barrio de Belgrano y allí recibe la propuesta del dueño del Teatro Nacional, Pascual Carcavallo, que le propone ser el galán cantor de una nueva obra: El poncho del olvido.

Más adelante participa en la reposición de El conventillo de La Paloma, que en su primera etapa había contado con la presencia de Libertad Lamarque, alcanzando mil representaciones. Agrega al repertorio el tango “Cruz de palo”, a pedido de Carcavallo que tuvo gran repercusión en el público.

Luego Carcavallo pone en escena La muchachada del centro, gran éxito de Francisco Canaro. Pero no es convocado en ese elenco. El papel se le asignó a Abelardo Farías —hermano de Pringue Farías—, pero enferma y muere muy joven. Domingo es convocado de apuro, para reemplazarlo. También enferma la voz principal en aquel tiempo de la orquesta de Canaro, Ernesto Famá y fue él quien debió cantar los estribillos. Antes que la obra bajara de cartel, cosa que avizoró a tiempo y para tener continuidad de trabajo pidió una entrevista con Pablo Osvaldo Valle, a cargo de LR3 Radio Belgrano, para conseguir un espacio. Valle lo ubicó nada menos que en el mayor éxito de la radio: Chispazos de tradición, allí interpretó al Matrero de la Luz y a otros personajes.

Entre otras presentaciones estuvo en Caramelos surtidos, cantando dos temas de Enrique Santos Discépolo, y en 1933 en De Gabino a Gardel, haciendo el rol de Gabino Ezeiza.

Cuando Bates le preguntó por el tango actual (1934) respondió: «Lo encuentro hermosísimo para cantarlo, pero para bailar prefiero el antiguo».

En LR3 y durante varias temporadas fue cantor solista de la emisora. Debuta en el cine en 1935 en Bajo la santa federación, dirigida por Daniel Tinayre, allí canta “El vendedor de calandrias”. En 1938 otra película: Pampa y cielo, dirigida por Raúl Gurruchaga, otros dos cantores participaron de ese film: Oscar Alonso y Francisco Amor.

Su labor no tiene descanso, pasa a Radio Prieto y luego a LR2 Radio Argentina, integrando el plantel de Las tardes de Juan Manuel.

Y llega su despedida del cine en un film de Julio Irigoyen, un señor de muy bajo nivel artístico y varias películas que o no fueron estrenadas o apenas duraban unos días en cartel, en este caso el título de la frustración fue La mujer del zapatero (1941), basado en un vaudeville francés. Al año siguiente actuó en Academia: el tango argentino, otra película de Irigoyen que no se estrenó.

Junto a su hermano Carlos y un amigo, comienzan a invertir en la adquisición de salas de baile. Una de ellas fue la famosa Enramada —con tango y folklore y pistas de baile—. Estaba ubicado en avenida Santa Fe 4399. También la sociedad adquirió el salón Bonpland y el más exitoso Palermo Palace, de la calle Godoy Cruz 2750, entre otros.

En todos sus salones Domingo Conte solía presentarse con acompañamiento de guitarras o con su orquesta formada para la ocasión.

En el disco grabó cerca de treinta temas. Caben destacar los realizados en la orquesta de Francisco Canaro: “Rosa de amor”, “El anillo de oro”, “Las vueltas de la vida”, “Rencor”, el pasodoble “Soy tu esclavo”. Todos en 1932 y en el sello Odeon.

Previamente, en el sello Columbia con la orquesta de la casa dirigida por Alberto Castellano, grbó “Nena” y “Pasto verde” (ranchera). Finalmente entre los años 1936 y 1940, acompañado por guitarras, nos dejó una serie de tangos y otros ritmos.

Aquella nota que destacaba su buen pasar fue cierta y Conte evidentemente, pese a su juventud, supo invertir bien las ganancias de su trabajo. Aunque desconocemos la segunda y final etapa de su larga vida, como con exactitud la fecha de su fallecimiento.