Alberto Hidalgo

Nombre real: Morandeira, Juan José
Seudónimo/s: El Chino
Cantor
(27 julio 1940 - )
Lugar de nacimiento:
Buenos Aires Argentina
Por
Felipe Yofre
| Todotango.com

a tradición oral nos devuelve el paisaje de los barrios porteños, muchos de ellos preservados aún de la piqueta. Así, Flores Sur, rodeando como un anillo la distinción de los palacetes italianos de Flores Norte y distinguiéndose de ella por su atavío de casitas bajas y proletarias.

Un poco más allá, el bajo Flores, de tierras anegadizas hoy ganadas a la laguna para erigir monoblocks y estadios de fútbol, por entonces con su entorno de basurales, mataderos y hornos de ladrillo.

Precisamente de ahí regresaba un carro conducido por don Juan María Morandeira, gallego de Lugo, con rumbo a su casa de Balbastro y Carabobo. Pocos vicios exhibía este laburante, que además fue lechero. Entre ellos, la barra de la esquina, los muchachos y el baile.

Tan milonguero era don Juan María que hasta los 82 años frecuentó los peringundines con su pilcha azul impecable, cepillada por la patrona (la esposa) en el patio familiar, previo a su decolaje.

Esta escena, por lo fuerte, marcó para siempre a su vástago Juan José, que adhirió al tango como una prolongación de su viejo, cantando en los clubes zonales hasta que llegó su oportunidad: Antonio Cantó, presentador de orquestas, organizó un concurso en el Club Tucumán, de Carabobo y avenida del Trabajo (hoy avenida Eva Perón) y lo ganó.

A partir de entonces adoptó el seudónimo de Alberto Hidalgo, por su pelo lacio y largo cubriendo patillas largas y espesas, un negro lunar y su rostro aindiado, gesticulando con la boca tangos recios. Todo esto pasaba en el Tango Bar, de Rivadavia y Fray Cayetano Rodríguez, ya como vocalista de la orquesta de Miguel Nijensohn (1958), donde compartía cartel con Julio Sosa y Ángel Vargas.

La malaria económica de los sesenta lo llevó de vuelta a su profesión de maestro mayor de obra y luego a conducir un colectivo de la línea 7, al que un día trepó Juan Zucchelli, creador del programa radial El tango y sus ases, lo escuchó tararear e intermedió con Alfredo Gobbi para que lo contratara.

Inolvidables años pasó con El violín romántico del tango, hasta que el pianista Fulvio Salamanca, que en 1965 atravesaba una de sus etapas de mayor auge, pensó en él y en Osvaldo Piro para reforzar su orquesta. Plantearle a Gobbi la alternativa no fue fácil, pero éste le respondió: «Si no se va, está echado. Usted está para abrir tranqueras». La orquesta grabó en ese tiempo tres discos larga duración y Chino impuso éxitos como: “Cautivo”, “El potrerito”, “Frase” y a dúo con el otro cantor de la orquesta —Julio Rodolfo— “Así fui yo”, “Mi novia de ayer” y “Una rubia que vive en la luna”.

Tres años después, su amigo Osvaldo Piro, ya titular de su propio conjunto, lo convocó para actuar en Michelangelo, en televisión y en Caño 14, de la calle Talcahuano.

Su vocación trashumante lo llevó a instalarse en Caracas (Venezuela), donde lucía vestuario tropical y bailaba joropos; a actuar también con José Basso y Eduardo Cortti y a reemplazar en un local a Roberto Goyeneche, donde para anunciarlo insertaron afiches que decían: «Un chino por un polaco».

La ausencia de intérpretes tangueros en los medios, como la radio y la televisión, hace que nos veamos privados de disfrutar de esta voz grave, bien entonada y porteña.

Continuador de su viejo, luce en la diestra su anillo de oro con brillantes; cena una vez por semana en Bulnes y Soler con los amigos y, de miércoles a domingo, nos emociona a muchos en La Cumparsita —de Chile y Balcarce—, corazón de San Telmo.

Nota de la mesa de redacción: Posteriormente a esta semblanza, grabó en el año 2000, un disco compacto titulado El Chino, con la participación —como músicos invitados— de José Colángelo, Rubén Juárez y Hugo Rivas. En el 2008, la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires lo reconoció como Personalidad Destacada de la Cultura.