Por
Ricardo García Blaya

l conjunto de Enrique Mora es un arquetipo de los cuartetos de tango surgidos a partir de los años 30, en la misma dirección estilística y en el marco evocativo y tradicional que inauguró el maestro Roberto Firpo.

Por esa razón, podríamos ubicarlo en la segunda horneada de músicos que eligieron desarrollar su tarea con ese formato orquestal como ejemplo el Cuarteto Los Ases y más tarde, los de Juan Cambareri, Aníbal Troilo con Roberto Grela y el Cuarteto del Centenario, de Eduardo Valle.

La anterior camada corresponde ubicarla a principios de la segunda década del siglo veinte, con el Cuarteto Pacho de Juan Maglio al que continuarán el de Eduardo Arolas, Celestino Ferrer, José Arturo Severino, Vicente Loduca para nombrar algunas formaciones con esas características.

El respeto a la melodía, el ritmo marcado, los tiempos precisos y, sobre todo esto, un piano diáfano de sonido cristalino y secuencia cadenera son la marca registrada de su conjunto, ideal para bailarines bien milongueros.

Nació en Buenos Aires, en el barrio de Mataderos y siendo un adolescente, actuó en la radio integrando la orquesta del bandoneonista Julián Divasto, autor del vals “Para las chicas”, que grabara el cuarteto de Firpo en 1942.

Entre finales de 1932 y 1933, actuó en muchos lugares y con varias agrupaciones como las de Florindo Sassone, Anselmo Aieta, Juan Canaro, Vicente Fiorentino y también, integró la Orquesta Típica Columbia que estaba dirigida por Alberto Castellanos.

En 1935, formó su primer cuarteto, conduciendo al mismo en el popular ciclo radial Las Matinés de Juan Manuel. Más adelante y por un breve lapso formó una orquesta para cumplir con sendos contratos con Radio Belgrano y Radio El Mundo.

Amenizó locales de barrio y los mejores cafés y escenarios porteños, destacándose sus actuaciones en el Tango Bar de la calle Corrientes y en la Munich de Boedo y San Juan.

Su formación contó siempre con grandes instrumentistas, sirvan de ejemplo los fuelles de Osvaldo Ruggiero, Máximo Mori, Daniel Lomuto, Luciano Leocata, Alfredo Calabró.

A los estudios de grabación llegó en abril de 1950, en el sello Pampa, haciendo dos registros: “La canción del linyera” en tiempo de vals, de Antonio Lozzi e Ivo Pelay, con el cantor Alberto Legrán y el instrumental “La sonámbula”, de Pascual Cardarópoli.

Entre 1950 y 1959, fueron setenta sus grabaciones en Pampa, entre ellas se destacan su tango “El catedrático” (1951) y su vals, “Paisaje azul”, este último, en colaboración con Osvaldo Lombardero y Rogelio Araya (1954), ambas piezas instrumentales. También: “Andate con la otra” con la voz de Amanda Vidal; “Almagro” con el cantor Pedro De Luca; “Tango argentino” con Diana Durán; “Romántica” con Roberto Campos; “Fumando espero” y “La muchacha del circo” con Elsa Moreno y “Mascotita de marfil” con Roberto Taibo.

Hizo incontables giras por nuestro país y continuó su carrera en la ciudad de Mar del Plata donde estableció su residencia. En 1976, acompañó al cantor Alberto Arenas en dos registros para el sello TK, “La última copa” y “Sentimiento gaucho”. Las dos únicas grabaciones de este cantor fuera de la orquesta de Francisco Canaro.

Aparte de los ya nombrados, cantaron en su cuarteto: Carlos Reyes, Elena Maida, Hugo Roca, Eduardo Márquez, Alberto Tagle, Roberto Videla, Martín Podestá, Horacio Deval, y muy probablemente me olvide de alguno.

De sus tangos, el más conocido es “No fue batidor”, que grabara con Roberto Campos, también le pertenecen: “Así era mi barrio”, “Crucificado” y “Testamento de un curda”, todos con letras de Rodolfo Palacios (seudónimo de Walter Chiodini) y “Este es tu tango”, con versos de Reinaldo Yiso, que registraron en 1945, Ricardo Tanturi con Roberto Videla y Enrique Rodríguez con Armando Moreno.

Fue sin lugar a dudas un gran músico que, como tantos artistas, hoy está absolutamente ignorado por los comunicadores y difusores del género. A pesar de todo, podemos seguir escuchándolo a través de sus discos que, por suerte, son muchos y están muy bien grabados.