Vengan a ver... El bailongo se formó en su ley a la luz de un gran farol medioeval. Todo el barrio se volcó en aquel caserón, bajo el parral, a bailar, y al quejarse el bandoneón se escuchó tristes las notas de un tango que nos hablaba de amor, de mujer, de traición, de milongas manchadas de sangre, de sus malevos y el Picaflor.
Se fue el arrabal con toda su ley. Su historia es, tal vez, la cruz del puñal.
Se fue el arrabal que hablaba de amor y aquel taconear también se perdió.
¿Quién no sintió la emoción del taconear y el ardor que provoca el bandoneón al llorar? Tango brujo de arrabal, triste son que se agita en el misal de un querer y en la lírica pasión del matón. Notas que muerden las carnes con su motivo sensual al volcar la pasión que llevamos, tal vez, muy adentro, en lo más hondo del corazón. |