Recuerdo que en las noches de invierno cruel lo hallaba tendido en un umbral al pobre errabundo que en la vida fue motivo de burlas maldad. Nadie supo lo que ha sido, nadie su mal conoció y el pobre viejo vencido, triste, abatido, siempre ambuló sin encontrar para su alma la ansiada calma que ambicionó.
Yo sé que la tragedia que derrumbó su hogar, fue hija de la miseria que acaba por matar. Es el drama que sufren esos seres que se van vagando por las calles, sin techo, luz, ni pan. Y fue una noche de esas, que yo iba hasta su lado, cuando quedé asombrado ante la realidad, al ver que aquel mendigo, entre harapos envuelto, de frío se había muerto junto a un viejo portal.
La sombra fatal de su destino alzó sendero de espinas a su vejez y, en todas la rutas, de su marca halló tan sólo desprecio por su ser. Y ante aquella desventura que el pobre a mí me narró, a veces se me figura que la amargura lo derrotó y se agolpa a mi memoria la amarga historia que me contó. |