Es hora que terminemos, señora con tanto lío, entienda que es el marido el que tiene la razón. Usted tomó el casamiento como asunto de negocio, por eso exijo el divorcio y con mis cosas me voy.
A usted le toca el ropero, dos perchas, la palangana, a mí, la mesa, la cama, la pava, el calentador. Y le dejo a su favor, pa’ cuando le venga risa, la dentadura postiza que le compré de ocasión.
También le dejo la foto la de Tyrone Powell, a quién le ganó ese coso, yo tengo la de Gardel. Y a cambio de su querer de sus amores tan falsos, aquí le dejo un tortazo y el recibo del alquiler.
Pa’ que se bañe seguido también le dejo la tina, el puloil, la lavandina, y la piedra de esmeril. Usted creyó que era un gil y le mostré lo contrario, también me llevo la radio pa’ que vamo’ a discutir.
En el reparto de bienes también haremos justicia, yo me encargo de la guita, y usted de los pagarés. Y atenti batirle al juez, que vivo a fuerza de embrollo, porque te encajo otro bollo que no te casás otra vez. |