Más vivo y calculador que toda la clase junta, no prestaba el sacapuntas sino a cambio de un favor. Lo nombramos tasador en la compra de baleros, porque el padre era mueblero y el hermano lustrador.
Nunca lo pude pescar en algo que no sabía, porque adentro lo tenía el deseo de triunfar. Y lo veía estudiar sentado en la mueblería, sin oír la gritería de nosotros al jugar.
Era el que siempre tenía más flamantes las bolitas y en tiempos de figuritas la “difícil” conseguía. Y en los recreos corría no con afán de jugar, sino por querer cambiar lo que a él le convenía.
En los partidos rogaba que lo pusieran de “wing”, pero estudiaba el violín y en lo mejor nos dejaba. Y escrupuloso limpiaba aquel estuche arruinado, que en el arco había quedado con la ropa amontonada.
Estando en quinto cayó muy enfermo gravemente, con médico diariamente por un estirón que dio. Cuando la madre me vio que lo iba a visitar, me empezó a acariciar y en silencio lagrimeó.
Lo encontré más consumido, la nariz muy afilada cada vez que respiraba se le escapaba un gemido. Estaba como dormido... un ratito lo miré y temblando lo toqué y me fui sin hacer ruido.
Me dio ganas de llorar, verlo tan mal al “Rusito”, caminando despacito me quería serenar y me detuve a pensar que los celos que sentía por todo lo que el sabía los tenía que olvidar.
Entonces, el otro “yo”, ese que hay aquí adentro, que llaman remordimiento en la puerta me frenó. Y, aunque nadie me entendió, volví en puntas de pie, en la frente lo besé y el “Rusito” me sonrió.
Salí de la mueblería como si fuera vacío, un algo que daba frío vergüenza... yo no sabía. La gente iba y venía y hasta alguno me empujó, pero yo pensaba en Dios y en mi amigo que se iba.
Pasó el tiempo, se curó, volvió a ser el primero y fuimos tan compañeros como nadie imaginó. El soñaba ser Doctor, ver la chapa lustradita y yo en ser como Ochoíta, ¡aquel “crack” gambeteador!
La vida nos fue llevando por caminos diferentes... “El Rusito”, tenazmente, llegó a médico luchando y yo, sigo soñando. Pienso en él, la mueblería, y otra vez como aquel día... ya me ven... estoy llorando. |