Aquellos ojos, vuelven del fondo del pasado, con fulgor de errantes fuegos fatuos sobre el muerto amor... Ayer, estrellas de oro, o cielos transparentes, o mares imponentes, o abismos de emoción... Hoy, tristes y otoñales paisajes de neblina, tono gris de la melancolía y el marchito ayer. Espejos empañados: mirándome en sus lunas, la mueca sin fortuna sólo soy, de la que quise ser...
¿A qué novia irreal, que en la pena sumí, pertenece el mirar que me agobia?... ¿Qué tremenda crueldad me señalan? ¿Qué infortunio causé y no borré?... Si me acusan de errar, si me acusan de herir, yo confieso, ante Dios, que es así... Sin herir, sin errar, hoy sería feliz, ¡y no sé nada más que sufrir!
Aquellos ojos lloran con lágrimas secretas: un gotear de gélidas lloviznas sobre el corazón... Me miran cien derrotas, cien sueños incumplidos: ¡anhelos florecidos y muertos en sazón!... Vigías del insomnio, fronteras de la sombra, más allá del tiempo y de la vida que de mí se van... Me esperan en las puertas del último misterio, sabiendo que ha de ir hasta su umbral ¡buscando la verdad! |