Había tenido la extensión la oración su crespón denso y gris por los llanos, y allá en la estancia de El Cardal resonó el gritar de un montón de paisanos. ¡Es que en la noche tan animada el fin de la trilla se festejaba y algunos viejos se referían sus alegrías junto al fogón.
Hoy, entre los criollos muy cantores, midieron su talento dos bravos payadores; y en la canción de amores, que era un ruego, brotaba todo el fuego del alma del cantor. Y los zorzales melodiosos volcaron afanosos su inspiración ardiente si pareció que hablara hasta el cordaje con el lenguaje del corazón.
Y el paisanaje sin poder contener la emoción de placer que gozaron, en delirio fraternal con fervor sin igual a los dos abrazaron; y las guitarras, después, las mozas las adornaron con moños de rosas, y en tanto al campo lo despertaban las pinceladas del arrebol. |