¡Linda calle Corrientes...! Sos de todos y de nadie, vas cruzando Buenos Aires con tu ritmo diferente. ¡Segura, tranquilizante, coqueta, vivaz, risueña, como una piba porteña que no ha cumplido los veinte!
Sos hija del Luna Park con Avenida Madero y te acunan los carteros, frente al correo central. Y después que te ajustás el talle con Leandro Alem, saltás del Jousten Hotel ¡a conquistar la ciudad!
Te paran en San Martín silbando, los mensajeros, y el seco repiqueteo de máquinas de escribir. Y te encontrás que al seguir sobre tus hombros y hastío, cae un mantón que el Tronío te lo trajo de Madrid...
Y te parás en Florida para ver que hay de nuevo; si ves pasar un modelo se lo copiás enseguida. Y después, ya más tranquila, cuando llegás a Maipú recibís del Marabú un tango de bienvenida.
Y ya más señora y dueña sos Corrientes la que manda y en la esquina de Esmeralda, bajo las luces que sueñan, presentás tu línea media: Maipo, Odeón, Tabarís, y me avisás si París no pide la contraseña.
Mezclás escalera real con generala servida, Opera, Rex, pizzerías, Obelisco y Diagonal; bolero sentimental, milonga con variaciones, trajes con dos pantalones y teatro Nacional.
Salpicás rotiserías con cafecitos cortados, del semillón de parado al sundae con leche fría. Saltás de peluquerías, al criollo de Jacobo que vende de sobretodos, a perros de policía.
Corrientes, sos el pincel que disimula pesares, imán de los arrabales que todos te quieren bien; ¿te acordás cuando Gardel, tu morocho del Abasto, encontraba entre canastos su casa de Jean Jeaures?
Sos hija del Luna Park con Avenida Madero, te canto porque te quiero banderín de mi ciudad. Si tu punto terminal es el mío... Chacarita... donde un coro de floristas nos cantan el funeral. |