El otro día el cartero de apuro me dio una carta, fue tan grande mi batata que te juro, compañero, temblé porque nunca espero de nadie una misiva; abrí la carta enseguida y agarrate, hermano mío, me invitaban a pedido los muchachos de allá arriba.
Escuchá que voy a leer lo que la carta decía: Para vos con alegría estas líneas te mandamos para decirte que estamos todos bien y muy contentos, que pronto iremos al centro en un desfile imponente por esa calle Corrientes que no olvidamos un momento.
Te invitamos de sordina para no correr el chimento, sin manyada pasá el cuento a la barra de la esquina, a los muchachos de Alsina, San Cristóbal, Mataderos, San Telmo, Barracas, Boedo, a todos los puntos piola que se vengan con la viola, funyi, camisa y pañuelo.
A las pibas fabriqueras, a todas las madres humildes pasale el santo, decile que es una fiesta tanguera. Que vengan con las polleras y las batas de percal, perfumadas de arrabal pa dar brillo a este merengue, te juro que habrá canyengue y ha de cantar un zorzal.
Te encargo que preparés bien debute la calzada y en Corrientes y Esmeralda un gran palco levantés. Que las luces apagués de letreros luminosos porque son aspamentosos como tipos con fortuna, esa noche habrá luz de luna, nos dio palabra a nosotros.
Y ahora te recomiendo la gran paponia secreta, te voy a pasar la boleta pa que vayas sabiendo y al mismo tiempo entendiendo lo que te voy a batir; vos no tenés que decir los nombres que yo te digo, ¿Es de sorpresa? ¿entendido? Hasta el día del festín.
La encabezan varios fuelles, violines, flautas y violas La Paquita, Eduardo Arolas, Maglio “Pacho”, el Pibe Ernesto, Contursi, Vicente Greco, y la voz sentimental de Magaldi y el puntear de Barbieri y Riverol, de los milonga el mejor con sus cortes El Cachafaz.
Desde aquí te estoy sobrando que no podés resistir, tenés ganas de salir, gritar a los cuatro vientos desparramando el chimento contento con tu alegría. Aguantá, viejo, unos días que aunque éste sea grandioso ahora va lo más hermoso pa’ la fiesta de ese día.
Cien violas vienen al frente de glicinas perfumadas por ángeles adornadas con cintas blancas y celestes. Y aunque decirlo me cueste por el gran cariño a él, haceme caso esta vez, pará el tráfico te pido, Mi Buenos Aires querido, viene cantando Gardel. |