Mamá Juana suspiraba en el sofá, papá Tito la intentaba consolar, y el más grande de los monos Carayá, repetía: “Esto te tiene que pasar”.
Y el del medio, el más gordito de los tres, su tacita con sorbete en una mano, en la otra la tacita de su hermano, le insistía: “Yo también lo superé”.
Y el monito chiquitito intentó sorber la leche y con tristeza y amargura respondió:
¿Y ahora qué?, también la mamadera qué noche que me espera si se pierde otra vez. Si ayer la vi arriba ‘e la heladera, ¡qué nadie aquí se mueva, tendrá que aparecer!
Mamadera mi mamona, mema, mema, yo la quiero siempre fue fiel compañera cada noche yo dormí con panza llena. ¿Por qué piensan que esta taza me consuela?
Y el monito nuevamente, intentó sorber la leche y con tristeza y amargura respondió:
¿Y ahora qué?, también la mamadera qué noche que me espera si se pierde otra vez. Si ayer la vi arriba ‘e la heladera, ¡qué nadie aquí se mueva, tendrá que aparecer! |