Quisiera darte un tango, pasaje de mi barrio, que guarde los recuerdos de un bardo trovador: los de esos carnavales bailando en tus veredas, los de tu callejuela compinche del amor.
La cita en tu cortada, el verso sin apuro, los besos clandestinos que cobijó el portal... y la barra esperando que corte la “afilada”, para empezar la ronda de truco y de billar.
Pasaje... callecita de juguete; moneda de mi fuente de ilusión. Pasaje de mis ansias de purrete: Timbúes entre Gibson y Rondeau. Quisiera que me sigan tus estrellas. Con ella... la que pudo ser mi amor, y entonces con mi tango y por tu huella decirte “aquí volvió tu cantor”.
Yo vi en tus vereditas de rango y de rayuela, en muchas tardecitas con clima de ring-side, al alma adolescente de Ringo Bonavena soñando con las noches del viejo Luna Park.
¡Y aquellos desafíos cubriendo tu cortada!: de travesaño el cielo y de poste el cordón, y los pibes copiando con tacos y sombreros los vuelos futboleros del Globo y del Ciclón. |