Batilana era un pardo del Abasto que estilaba delirios de guapeza. Una yunta de bueyes en el lomo y una insidia de chusma en la cabeza. Era amigo de todos los chimentos y lucía alpargatas en chancletas; el silencio de plomo le pesaba como pesan los cargos de conciencia.
Caminaba más lento que el sigilo pero andaba ligero con la lengua; deschavando, por gil, cosas de cosos que no usaban pendientes las pendencias. Le pegaron un tiro en la palabra, le dejaron la nuca boquiabierta. Le apagaron la luz al peluquero y quedó reventao en la vereda. |