Aura que es un hervidero parece encontrarse el mundo, con justas razones fundo lo que aquí decirles quiero. Si en doloroso entrevero La mujer pudo mostrar su coraje pa’ peliar bien apareada al varón, ¡ha de tener condición, dejuro, pa’ gobernar!
Dejen que en las elecciones, por las idead que ocultan, demuestren como resultan triunfando sus opiniones. Y los que usan pantalones, no piensen que en las carreras de estas cuestiones puebleras mucho tendrán que perder, con el triundo ‘e la mujer que no el de las polleras.
Dejen que de utilidá sirvan para su valimento al trabajar con talento pa’ bien de la humanidá. Ya que el hombre, en realidá, en su paso por la tierra nos ha demostrao que encierra más que ternura, rencor, y pa’ dir sembrando el dolor en los pueblos con la guerra.
Si Dios hizo la mujer pa’ ser nuestra compañera, puede ser la consejera que debemos atender. A mi juicio no ha de ser tan sólo pa’ cocinar, lavar la ropa, planchar, y otros cuantos menesteres. ¡Tienen ideas las mujeres que debemos respetar!
No es el caso de gritar: “Pa’ mandar son los varones”, defendiendo atribuciones que naides nos supo dar. Si al mundo hay que mejorar pa’ que se acabe el rencor que va sembrando el dolor, aumentando padeceres, ¡delen cancha a las mujeres que son hechas pa’l amor!
Dejen que ellas preparadas puedan también legislar, las patrias han de ganar porque serán mejoradas, que no vivan alejadas, que cuiden mejor la raza, verán cómo no fracasa la mujer en la contienda: ¡pues no hay menistro de hacienda como una dueña de casa! |