He nacido en un barrio criollo de casitas abiertas al sol, cuyos aires corrían henchidos de heliotropo, de menta y cedrón. Arboledas de rico follaje ofrecían guarida y frescor a las aves que hacían sus nidos ¡y al galán que cantaba su amor!
¡Hermoso barrio de mi juventud! Tu viejo ambiente criollo, ¿dónde está? En vez de tu casita y tu jardín hay mármoles y bronces de cristal. Tus pájaros se han ido a otra región... el viento ya no juega en tu parral... ¡Hermoso barrio mío de mi niñez! ¡Nostalgias de mis tardes y de mi vejez!
Y esos árboles, viejas reliquias, que orillaban veredas sin fin, van cayendo a los golpes de hacha, van muriendo de cuajo y raíz. Arboleda que me ha conocido en mis años de dicha infantil, ¡ojalá que en mi riego de llanto en retoños la viera surgir! |