Con una loca bacanal lo despiden de aquella vida tan feliz de soltero, y sólo él, no goza y cuando ríe sus muecas dicen que está sufriendo. De pronto avanza en el salón sollozando, la muchachita que es el sol de su vida y ruega así, lo mismo que rezando: “Por Dios, querido, no me dejés”.
Tragando hiel la estrechó, y así le dijo con honda emoción:
Un día juré a mi madre conducir ante un altar a la novia buena y fiel que me quiere de verdad y en tus brazos me olvidé... No puedo, si soy buen hijo, a mi madre traicionar; ¡Yo respeto su vejez, y aunque no te he de olvidar mi promesa cumpliré!...
“Adiós querido, contestó resignada, que siempre seas muy feliz en tu nido!...” Pero al salir, lo mismo que borracha, rodó en la alfombra lanzando un grito. Y todos vieron con dolor que una herida manchaba el pecho juvenil palpitante y aquel manchón de sangre, ¡parecía la rosa roja de su pasión!
Tragando hiel la estrechó, y así le dijo con honda emoción:
Un día juré a mi madre conducir ante un altar a la novia buena y fiel que me quiere de verdad y en tus brazos me olvidé... ¡Presiento que por tu muerte nunca más seré feliz, y sangrante de dolor al destino he de pedir que me lleve junto a vos!... |