Quiero recordar, Maragato amigo, la bella edad del amor trovero; ¡y el arrabal de los entreveros!... Era vos el que tallabas por más varón, y al amor jugabas de compadrón; hasta que por celos yo te busqué y ¡cara a cara, te marqué!
Después los dos nos fuimos a rodar, mas hoy me vio de vuelta el arrabal; ¡y en el rincón de nuestra mocedad por la emoción y la antigua reja de aquel amor, que por ser tan hombres nos vio luchar, ¡mas no morir nuestra amistad!... |