Fósforos, fosforeras, palomitas en bandadas que encontré en las madrugadas de mi loca juventud. Escuchando los piropos de patotas embriagadas que en alegres carcajadas ofendieron tu virtud.
Obreritas de mi pueblo, tan alegres, tan limpitas, que encontré en las mañanitas cuando el sol iba a llegar. Hoy los miro con respeto y bendigo vuestras manos que era el pan de tus hermanos y alegría de un hogar.
No penséis nunca en las sedas, ni perturben tus sentidos, los carmines y vestidos que serán tu perdición. Y esperad siempre que un día las patotas embriagadas callarán sus risotadas y te pedirán perdón.
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