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Al Troesma desde la mitad del mundo
Centenario de Gardel
Por Pedro Jorge Vera
Nació en Guayaquil en 1914. Catedrático
y periodista, participó en la insurrección popular del
28 de mayo de 1944. Secretario de la Asamblea General Constituyente
de 1945, ha obtenido por su obra literaria diversos premios entre los
que se destacan: El Premio Nacional "José de la Cuadra" en 1972
y el Premio Nacional "José Mejía Lecquerica "en 1978.
De su obra poética se destaca, "Nuevo itinerario" y "Túnel
iluminado"; y entre sus novelas: "El pueblo soy yo"; "La semilla estéril"
y "Tiempos de Muñecos " además de sus libros de relatos
como "Un ataúd abandonado"; "Jesús ha vuelto"; y "¡Ah
los militares!".
Ya se acepta de manera general que Carlos Gardel nació
en Francia y que su apellido original fue Gardés, pero Montevideo
sigue disputándole a Buenos Aires, haber sido el lugar decisivo
de su formación, y mi Enciclopedia señala que nació
en 1903 mientras el Pequeño Larousse de 1984 afirma que vino
al mundo en 1897. Hube de recurrir a mi buen amigo Miguel Unamuno, embajador
argentino en Quito, para que me confirmara que su ano de nacimiento
fue 1890 y que, en efecto, este año se conmemora su centenario.
Aclarado este punto, digamos previamente algo sobre
la canción que conquistó el mundo y de la cual Gardel
llegó a ser el máximo intérprete.
Por dogmática, toda definición absoluta
me es desconfiable, con mayor razón en el terreno artístico,
y más aún si se trata de un arte auténticamente
popular como es el tango.
En todo caso, si tenemos que definirlo, me quedo con
los poetas antes que los tratadistas. Con Jorge Luis Borges, que se
limita a llamarlo "esa ráfaga, esa diablura"; con Waldo Frank
cuando afirma que es la danza popular más profunda del mundo;
con Ezequiel Martínez Estrada, que lo llamó una música
sin igual para la ensoñación; con Ulyses Petit de Murat,
para quien "el dogma popular en cuanto al tango, está establecido
sin ninguna definición escrita", y hasta conmigo mismo, que en
un cuento expresé: " Ah, pero el tango... Sería que en
sus languideces yo encontré una nostalgia de romanticismos imprecisos,
sería que su mescolanza de protestas ingenuas, lamentos ramplones
y secuencias canallescas, era un reflejo de mi existencia parasitaria,
o que la sensualidad solemne de su música resultaba un sucedáneo
para apaciguar mi lascivia alborotada..."
Música, danza y canción popular, el tango
se afianza primero en las dos grandes ciudades del Río de la
Plata, se institucionaliza y se refina en Buenos Aires.
Canción eminentemente urbana (aunque no faltan
las letras tangueras de tema rural), se foja junto con la transformación
de la capital argentina en una metrópoli, al impulso de la inmigración
que le llega de todos los rincones del planeta a comienzos del siglo
XX.
El Buenos Aires que en 1865 tiene 150.000 habitantes,
en 1914 agrupa a un millón y medio. Mientras la opulencia crece
al amparo de las exportaciones de ganado y de trigo, en los suburbios
se aglutinan inmigrantes foráneos e inmigrantes criollos desplazados
del agro por las nuevas modalidades del trabajo campestre. Y es aquí
donde nace el tango, mezcla singular de sones y ritmos españoles
y africanos. Se discute aún cuál es el antecedente inmediato
del tango porteño: si el tango andaluz, si la habanera, si el
candombe, si la milonga... Pero lo que resulta evidente es que "La canción
de Buenos Aires" tiene de todos estos ritmos, pero el producto es diferente
y único.
Lo marcará el prostíbulo, pero éste
no es su sola cuna. También lo son las carpas, los toldos, los
corrales, los conventillos, todos los lugares donde el pueblo de "La
Gran Aldea" se reúne a platicar, a cantar, a bailar...
Firpo, Canaro, Betinotti y el cantante que tanto contribuiría
a su universalización, Gardel (primero en dúo con Razzano)
son los primeros en traerlo al centro. En 1912 conquista los salones
de la high-life, sin perder su esencia popular, que se expresa en el
primer verso del primer tango-canción, Mi noche triste: Percanta
que me amuraste ... Y también el primer letrista sistemático
de calidad, Celedonio Flores escribirá en lunfardo: Rechiflao
en mi tristeza...
Cuando el tango está conquistando Buenos Aires,
aparece "el Morocho del Abasto", este Carlos Gardel que hoy, a más
de medio siglo de su muerte, "cada día canta mejor". Se impuso
por su voz rotunda, por su simpatía extraordinaria, por la ayuda
que le prestaron el cine y el fonógrafo, y hasta por la tragedia
de su muerte súbita. Por ello se metió tanto en el corazón
de las gentes, vivo y muerto. Pues como dijo el gran poeta Raúl
González Tuñón, "ahora está más Gardel,
y tan lejano; por encima del tiempo, en el territorio donde vagan los
dioses desterrados, entre la luz y el aire fugitivo, con Carriego, en
la nube, mano a mano, distante y pensativo como un tango".
A cien años de su nacimiento, a ochenta de los
inicios de su carrera triunfal, a cincuenta y cinco del accidente que
se lo llevó en la cúspide de su gloria, Carlos Gardel
sigue vivo por fortuna, gracias al milagro de la electrónica.
Y podemos celebrar su centenario escuchándolo en los tangos que
nadie ha podido cantar como él: Yira Yira, Mano a mano, Anclao
en París...
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"Al Troesma desde la mitad del
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