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Al Troesma desde la mitad del mundo
Carlos Gardel: símbolo y síntesis
del tango
Por Ricardo Descalzi
Nació en Riobamba en 1912. Escritor e historiador
es miembro de la Academia Nacional de la Historia del Ecuador. Alternó
el estudio de la Historia con el ejercicio de La medicina, publicando
dos libros sobre cancerología. En 1932 publicó "Gismondo"
(novela) y en 1950 obtuvo el Primer Premio Nacional de Teatro con su
obra "Clamor de sombras". Entre sus obras más importantes se
destacan la novela "Aloya" e "Historia y crítica del teatro ecuatoriano"
(6 volúmnes) y "La Real Audiencia de Quito, claustro de los Andes".
Fue cónsul general en Amberes y entre las distinciones recibidas
pueden mencionarse el premio de la Casa de la Cultura de Guayaquil,
los de la Universidad Central del Ecuador de 1963 y 1968, el Premio
Tobar del Municipio de Quito y el Premio Hiliar de Guayaquil. Descalzi
es editorialista de importantes órganos de prensa del Ecuador.
Falleció el 29 de noviembre de 1990 en Quito.
Varias generaciones ecuatorianas, y por qué
no decirlo americanas de habla española y portuguesa para no
referirnos solamente a la nación Argentina, mecieron su niñez,
su adolescencia y juventud bajo el arrullo sentimental y rítmico
del tango. Casi desde comienzos del siglo su música y la honda
fascinación de sus letras alimentaron esperanzas y alegrías,
desengaños y tristezas y, en más de los casos, acunó
esa apacible melancolía consubstancial con los espíritus
sensibles, cuando la tarde juega en las horas de la luz agonizante y
la penumbra en camino.
Porque el tango si en muchas ocasiones es un sollozo,
es también la lágrima detenida, la añoranza que
invade el espíritu llenándolo de reminiscencias o el desfile
musical de la tragedia multiplicada en centenares de facetas, con la
vivencia que entrega su historia: relato condensado en poesía,
tallado de pasión, reclamo y congoja.
Así llegó a nosotros allá, en
los años en que arborizaba la niñez, sin mayor conciencia
de su presencia, enredando nuestra sensibilidad bajo el sutil acento
que entrega en sus melodías dolientes, arrastradas, acompasadas,
cadenciosas, como suele golpear la angustia al ritmo de las notas que
marcan los bandoneones sollozantes.
No podríamos asegurarlo, pero sin duda debió
ser la voz premonitoria de Carlos Gardel cuando en la década
del veinte, llegó a la fonola el cálido acento de los
primeros tangos.
Inútil recordar sus títulos, se halla
tan lejano el tiempo, pero sí rememorar algo de sus estrofas:
«la percanta está triste/ qué tendrá la percanta/
en sus ojos hinchados asoma una lágrima/ rueda y se planta/.
La percanta está triste/ no hace más que gemir/ ya no
ríe, no baila, no canta/ y la pobre percanta se puede morir».
O aquellos otros: «... del cabaret al hospital,
donde a nadie encontró/ Pobre percanta que pasa la vida/ entre
la farra, milonga y champán/ que tiene herida su almita perdida/
y entregada a un pobre bacán/. Su ilusión murió
en el cabaret/ al compás de un tango compadrón/ y al sentir
perdida ya su fe/ sintió su corazón/ transido de emoción».
Sin duda algún porteño identificará
estas letras con el título del tango al que pertenecen, para
luego llegarnos al recuerdo: "Loca", "Che papusa oí", "Corrientes
348", "Muere la luz cuando la tarde muere" y mucho más. De este
modo el tango fue encaramando su presencia en la vida cotidiana de Quito,
imponiendo su ritmo en fiestas populares y familiares, aparte del danzarín
que se lucía al bailarlo con las figuras, llamadas de salón,
frente al tango "apache" de procedencia francesa.
Su popularidad, ¡quién lo creyera!, la
sembraron dos rapsodas chilenos, ciegos, quienes acompañados
de sus guitarras, en escenarios disímiles entre calles y plazoletas
del centro de la ciudad, (los recuerdos sentados en el antepecho de
la plazoleta de San Agustín), cantaban acompañados de
sus guitarras los tangos que se volvieron populares en esos años,
como: "Adiós muchachos", "La última copa", "El Organillo
de la tarde" y tantos otros, cuyas letras las vendían en cuadernillos,
siendo éste su negocio.
De este modo se aclimató el tango, tanto que
un compositor nuestro llegó a producir el llamado "Te vas, te
vas madre mía", tango quiteño junto a otros que la memoria
los ha olvidado. Luego llegaron cupletistas como Esperanza Iris, Pilar
Arcos y otras de fama internacional, que nos dejaron "Fumando espero...",
" Tango negro", "El Viejo Almacén", aparte de "La Cumparsita"
ya aclimatada en años anteriores.
Fue en este momento cuando nos impresionó la
voz y la figura de Carlos Gardel en su primera película: "Luces
de Buenos Aires", con tal impacto en el ambiente, que de inmediato lo
empezamos a admirar y a querer. Esta película nos trajo "Tomo
y obligo" que el público asistente a los cines aplaudía
con tal vehemencia, que el operador se veía obligado a detener
la proyección para reprisarla dos o tres veces. También
nos trajo la ranchera " Al pie de un rosal florido" y otras canciones
inolvidables. Desde entonces el anuncio de una película de Carlos
Gardel abarrotaba las salas transformándose en el ídolo
del tango. Lo vimos en "Melodía de arrabal", "Cuesta abajo",
"El día que me quieras" , "El tango en Broadway", "Tango Bar",
donde sus tangos palpitaban de emoción. No podemos olvidar "Silencio",
"El día que me quieras", "Mi Buenos Aires querido", "Melodía
de arrabal", " Por una cabeza". "Amores de estudiante", "Volver" y muchos,
pero muchos más. En esta forma fue tomando estatura Carlitos
Gardel, hasta ser héroe, el personaje obligado de nuestra generación.
Porque, ¿quien no conocía su música sentimental y
sus letras, resumen de un momento de dolor y angustia? ¿quién
no identificaba su rostro, su estampa varonil y su voz que era tango
vivo, nacida para él, para entregarnos la fuerza expresiva de
su calidad humana?.
Cuando Quito se enteró de su trágica
muerte, las lágrimas brotaron a los ojos, incrédulos ante
la tragedia. Creció entonces su personalidad que aún calienta
las cenizas del recuerdo. Después, en el silencio del corazón
de quienes lo quisimos, acompañamos las sesenta cuadras de llanto,
el día en que fue sepultado en su "Buenos Aires querido".
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"Al Troesma desde la mitad del
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