![]() |
|
Al Troesma desde la mitad del mundo
El era el Tango
Por Hugo Alemán
Poeta y ensayista, nació en 1898. Perteneció
al "Grupo de Quito" destacado núcleo de poetas liderado por el
vate Jorge Carrera Andrade. Desempeñó la dirección
de la Biblioteca de la Universidad Central y de La Biblioteca del Instituto
Nacional Mejía. Fue director de las revistas "Letras del Ecuador"
columnista en los diarios "El Día", "La tierra" y "El Comercio"
de Quito. De su obra poética se destacan "De ayer" (1947) "Tránsito
de generaciones" (1950); Distancias (1959); "Sucre parábola ecuatorial"
(1970) y "Poesía (1981). A su ensayo "Mundo y tango -semblanzas
y facetas" (1978) pertenecen los fragmentos incluídos en este
volumen.
Se asegura que el 3 de abril de 1901, cuando Gardel
tenía once años de edad -y naturalmente ocho de llegado
a Buenos Aires- "es inscrito como aprendiz de artesano en el colegio
de San Carlos". Se asevera, asimismo, que en 1904, a los once años
de permanencia en la capital argentina, concluye los estudios primarios
en el colegio de San Estanislao y ensaya varios oficios. Tal aserto
guarda conformidad con una escueta información: "este origen
humilde de Gardel ha sido señalado por multitud de textos".
Todo hace suponer que de 1904 a 1910, fue la época
que residió en Montevideo. Aquellos seis años en que su
nombre no volvió a oírse en Buenos Aires, fue el tiempo
durante el cual "se le creyó muerto". En la propia revista uruguaya
Capital del Plata, se dice que "Fue su primera cuna y era ese, por otra
parte, el lugar donde Gardel se sentía más a gusto ...
" "El Morocho", sobrenombre cordial con el que apuntaba su fama, "vivía
el día entero en la calle. El Teatro Apolo, donde los Podestá
habían "anclado" su compañía, ejercía sobre
él una atracción extraordinaria. Dentro de su ser ya vibraba
incesante su fibra de artista". Y se agrega: "Los almacenes fueron sus
primeros escenarios... Poco a poco todos los cafés y barrios
iban conociendo al pibe que sabía adentrarse muy hondo, con su
voz maravillosa, en el corazón del pueblo ... "
Nadie, antes de Gardel, había cantado tangos.
Estos se caracterizaron en sus primeras épocas, como música
sencillamente bailable. Pero con el andar de los años, el tango,
gracias a su propia evolución, "ha subido de los pies a la boca",
en frase proverbial de Enrique
Santos Discépolo. Antaño, nadie le había puesto
letra al tango, a excepción de Ángel
Villoldo a "La Morocha" de Enrique
Saborido. Aquel lejano intento, a más de pasajero, delató
la contagiosa influencia del cuplé; fue demasiado elemental,
sin trascendencia, y no pudo prosperar. Transcurrida más de una
década, Carlos Gardel retomó el ritmo con personalidad,
provisto de letras escritas por Pascual
Contursi, especialmente en los comienzos. Algo más tarde,
las compondrían también otros autores y, con exclusividad,
en determinados casos. Bastará recordar "Mano a Mano" de Celedonio
Esteban Flores -con amplio dominio de la jerga lunfardesca- y muchos
tangos y canciones de Alfredo
Le Pera, quien produjo, inclusive, argumentos para revistas y películas
de largo metraje que Gardel llevó a la escena y que ingresaron
a la historia del arte cinematográfico.
Es que en Gardel hay algo que está por encima
de cualesquiera otra consideración: su nobleza espiritual y su
desprendimiento humano, ejercido con alto sentimiento de filantropía,
jamás alardeada. Esta virtud han sabido reconocerla generalmente.
Y es el más poderoso motivo -aparte de la supremacía que
alcanzó como intérprete sin paralelo de la música
rioplatense- para que penetrara en la hondura del afecto popular. A
través de su sencilla y cordial manera de ser, fue formándose
su personalidad, hasta situarse en planos de admiración y gratitud.
Por eso se ha dicho que "había ido moldeando esa personalidad
en el mismo crisol en que el tango fue desarrollando sus letras. Tan
esto es así, que en la enumeración de sus propias condiciones
personales, se encuentra definido fundamentalmente todo el contenido
humano de los temas de nuestro tango: cultivó la amistad hasta
los más amplios extremos, llegando hasta el sacrificio por el
amigo, y teniendo siempre el pudor, que lo engrandece, de ocultar su
gesto... fue un sentimental viviendo el dolor ajeno de la gente humilde
como si fuera el propio..."
Para ser grande, comprendido y ensalzado, el verdadero
cantor de tangos debe guardar en su propia intimidad, como en una redoma
intransparente, toda la alegría que emana del alma comprensiva
y que se traduce en amparo y alivio a la fatalidad y la miseria ajenas,
practicándolos con silenciosa largueza.
"Quizás lo que tenía Gardel era precisamente
eso, el tango mismo dentro de su alma, consustanciado con su misma personalidad:
"él era el tango". Alguien emitio análogo pensamiento:
"Gardel -más que el mejor cantor de tangos es el Tango mismo,
con mayúscula". Esa identidad con el género ya había
sido prevista por el propio cantor: "Mi fama no es mía -llegó
a decir- es de mi país, de mi pueblo. A quien aplaude el público
no es a Carlos Gardel; es al arte popular nuestro que, por una casualidad
feliz, me ha tocado interpretar a mí, lo mismo que hubiera podido
hacerlo cualquier otro cantor americano... Yo soy nadie. Es el tango
que triunfa".
Por eso, en este intento de semblanza, sintetizada
en relatos mínimos, y a veces entrecortados, por temor a extenderla
demasiado, debemos recoger, de preferencia, aspectos, facetas, más
bien, que ofrezcan características esenciales de esa inquietante
vida, que no alcanzó a completar los cuarenta y cinco años
y, sin embargo, destinada a la perpetuidad, mientras la humanidad -no
toda enajenada- conserve la virtud de solazarse con la caricia musical
y la vibrátil expresión del sentimiento, en la melancolía
de un tango, quintaesenciado en la voz de Gardel, que se mantiene libre
de olvidanzas, exenta de silencios...
|
|
|
|||
|
"Al Troesma desde la mitad del
mundo"
|
|||
|
|
|||