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El debut de Gardel en París
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Por Enrique
Cadícamo
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Sanders ejercía cierto dominio sobre su compañero. Firmados los contratos, a los pocos días, cobraron un suculento adelanto en pesetas y los sellos competidores descubren la maniobra. Por su reputación comercial, ambas empresas tratan de no dar a publicidad la actitud de los muchachos argentinos, y llegaron a un acuerdo: editar la obra en conjunto. El éxito de "Adiós muchachos" hizo sobrepasar con creces el dinero perdido. Vedani, quien deseaba conocer París, viaja dejando a Sanders en Barcelona, a este nada lo movía de la Rambla Cataluña. Yo pensaba hacerlo más adelante, pero el debut de Gardel en el "Florida", hizo que me resolviera hacerlo sin demora. Noches después, llegaba al andén momentos antes de partir aquel convoy largo, sutil, con coches resplandecientes. Después de viajar toda la noche, llegué al siguiente mediodía a París. Un taxi me condujo al hotel "Radio", del Boulevard Clichy, moderno y confortable. Después de comer, fui a buscar a Guillermo Barbieri que vivía en Rue Fontaine, con el que nos acercamos al bar "Costa", frente a los cabarets "Palermo" y "Garrón", en el que entramos a tomar cafe.
La noche del debut de Gardel en el "Florida" había llegado. El empresario Raúl Santolini había invitado a mucha gente importante del ambiente teatral. La lujosa "boite" estaba repleta. Faltaba un cuarto de hora para que apareciera Gardel. Calculé que tenía tiempo y subí a saludarlo. Cuando entré a su camarín, se hallaba vistiendo su sofisticado atuendo de gaucho. En el momento, aparecieron su representante artístico, Sr. Pierotti y Guillermo Barbieri, guitarra en mano. Gardel se hallaba sereno y de buen humor. Al verme, se acordó del primer tango que me había grabado y, por lo bajo, empezó a cantar informalmente unos compases de "Pompas de jabón". Le agradecí y salí del camarín de inmediato. Su voz, nunca igualada, nacida para el tango, su radiante simpatía y sonrisa sin par, conquistaron los aplausos consagratorios de París, aquella noche del 2 de octubre de 1928. A los pocos días, fui a saludarlo al Hotel Reinita, de la Rue Donneau. Iba a felicitarlo y al entrar en la espaciosa suite me recibió cordialmente, interrumpiendo su habitual gimnasia y diciéndome que si él fuera flaco, como yo, comería todos los días dos platos de ravioles. De una pequeña "kitchenette" apareció Pierotti con un mate en la mano. Me saludó y Gardel le pidió que me prepara un café. Mientras lo hacía, el Morocho me contaba fugazmente su lucha para poder llegar al debut del "Florida", su "premier", su lanzamiento previo al Teatro Femina de Champs Elysees. Estaba muy reconocido por el comportamiento generoso de los hermanos Pizarro, que convencieron Paul Santolini de su debut. Pierotti trajo el café y, mientras tomamos algunos sorbos, Gardel algo inspirado, señalando por la ventana el panorama de París, me dice: "La Ville Lumiere es como una mujer hermosa, difícil de conquistar" y, supersticioso, agregó que detrás de él sentía que lo protegía un ángel de la guarda... su vieja. De su libro "Memorias", Editorial Corregidor. |
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