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![]() Reportaje de Sergio Criscolo
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Bailarín
Nombre real: Carlos Alberto Estévez |
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Fue bancario durante 36 años y vivía
en el barrio de Villa Devoto.
En 1988 dejó de bailar por una afección
en sus rodillas, desde entonces vive de sueños.
«Me pusieron Petróleo porque
tomaba mucho vino. Era un borracho. Desde hace algún tiempo tomo
gaseosas, pero es peor, oxida.
«Siempre me gusto el tango sencillo. Al baile
del tango lo cambié yo.
«Yo inventé el giro, el contrafrente,
cambiar de posturas, los boleos.
«Además, yo desprendí el sexo de
la danza. Antes el hombre iba a buscar una pierna no una bailarina,
iba a apretar no a bailar. Yo iba a bailar.
«Conocer a través de los ensayos a la
pareja es muy importante, de ese modo uno conoce el manejo.
«A mi mejor pareja, con la que después
viví, la conocí en un baile, fue en 1930, se llamaba Esperanza
Díaz. Ensayábamos mucho. Bailamos juntos hasta 1949 y
un año después se fue. ¡En buena hora!. Ya no quise
tener otra.
«Cuando había alguna exhibición
me entendía bien con la negra Martita que acostumbraba a bailar
en el Agusteo, de Sarmiento y Uruguay, también en el Unione e
Benevolenza, que estaba a la vuelta del otro y el dueño era el
mismo.
«En Villa Devoto bailé en el Club Rosa
de Abril y en Villa Urquiza en muchos: Pinocho, Sin Rumbo, etc.
«En el club Atlanta conocí a Juan
Carlos Copes que andaría entonces por los 20 años.
«En los salones estaba prohibido bailar con corte,
si lo hacíamos alguien se acercaba y nos decía: "Pase
por boletería" y allí nos recomendaban e nos echaban.
Nos llamaban compadritos.
«Hubo épocas que los bailarines organizábamos
bailes para los presos cuando salían libres. En realidad los
que bailaban el tango eran todos chorros o aspirantes a serlo. Si uno
había estado un año preso poníamos diez o veinte
pesos cada uno hasta juntar unos quinientos y se lo dábamos para
que empezara a caminar.
«Cuando a esas fiestas comenzó a asomarse
la policía no las hicimos más.
«Allá por 1930 se hacían fiestas
que duraban una semana. Para el cumpleaños de la Parda Lucia,
compañera de Nicolás "El Buchón" (por la forma
de su pecho como la de los palomos) se realizó una milonga en
Parque Patricios. Como siempre fueron cirujas, carteristas, carreros
y milongueros. La pista se hizo con una lona robada al ferrocarril,
de esas que cubren los vagones. La estiramos en el piso y la rayamos
con vela, para encerarla y conseguir mejor deslizamiento. Todos aportaban
algún peso para vino y carne para el asado. Las minas eran coperas
de cabaret, yiros, ladronas de tiendas. Cuando alguno tenía sueño
se tiraba en un colchón de los que poníamos por ahí
y dormía un par de horas. El séptimo día hacíamos
un torneo de tango.
«Entre nosotros había mucha competencia,
no nos dábamos pelota. El bailarín es ególatra,
se cree el mejor. Yo me creía el mejor.
«A mí me gustaba uno que se llamaba Mendieta,
era un fenómeno. El vasco Orradre fue el mejor que interpretaba
la orquesta de D'Arienzo. Con las figuras
se destacaba un tal Méndez que era muy ligero de abajo. El
Cachafaz era bueno, pero hubo mejores. Virulazo
también era bueno, bailaba a la manera de Antonio Todaro, que
es el mismo maestro que le enseñó a Miguel Ángel
Zotto, el que más me gusta de los nuevos porque tiene linda postura.
«A Gardel
lo conocí en el teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza, sin dudas
el mejor cantor. Era bueno porque te decía lo que sentía.
Pero bailar no sabía, daba unos pasitos, era un maleta, además
de gordito.
«Se puede aprender a bailar, pero hay que trabajar
mucho y además se tiene que sentir la música. El tango
no viene de golpe. A mí me enseñó un profesional,
Navarro, me entregó sus pasos, después yo saqué
los míos.
«El tango es una emoción contenida que
después explota. No se puede decir así se baila el tango,
uno lo baila como lo siente, es una creación.
«El tango es un sentimiento triste, es cierto,
pero a veces depende de como le encara la orquesta. Mi orquesta preferida
fue la de Carlos Di Sarli y, cuando tuvo
la suya Anselmo Aieta, un músico terrible.
«Nunca salí de gira porque tenía
mi trabajo en el banco, pero hice unas dos mil exhibiciones.
«Mi sueño siempre fue bailar mejor que
todos. Inventé muchas figuras, transformé el tango, pero
tendría que haber realizado más. Me faltó inspiración
para crear el tango verdadero. Hoy lo haría distinto. Como cada
tango dura tres minutos, lo dividiría en prólogo, desarrollo
y epílogo.
«Aparte del tango tuve locura por las carreras
de caballos, iba un poco todos los días, gané mucho y
perdí mucho.
«Cuando me jubilé del banco vendí
mi casa y con esa plata seguí jugando. ¿Para qué
la quería? Tangos, carreras y alguna mujer. No hay que agarrar
la vida en serio. Yo viví como quise. Se puede vivir en serio
con trabajo y honestidad, pero no es tan divertido.
«Uno tiene que vivir sus sueños, ahí
está la verdad».
Originalmente publicado en la revista LA MAGA el 6
de mayo de 1992
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