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por Julio
Nudler
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Letrista, compositor, empresario.
(8 de julio de 1908 10 de agosto de 1954) |
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Carlos Gardel llegó a grabar sólo uno
de los tangos de Luis Rubistein: Tarde gris, con música
de Juan Bautista Guido. Eso ocurrió
en junio de 1930. Ya muerto el Zorzal, Armando Defino, que fuera su
representante, le acercó a Luis una música inédita
de Gardel para que la versificara.
Así nació "Amor",
un tema que nunca alcanzó repercusión, pese a la grabación
de Francisco Canaro con Roberto Maida en
1936. Pero, como en tantos otros casos, el disco de Gardel le aseguró
perduración a "Tarde
gris", que solo en 1946 tuvo tres magníficas grabaciones,
por Aníbal Troilo con Foreal
Ruiz, por Osmar Maderna con Pedro Dátila
y por Miguel Caló con Raúl Iriarte.
Luis había sido echado del colegio en tercer
grado por tirarle un tintero a la maestra, que lo reprendió al
descubrirlo escribiendo versos. En ese momento concluyó su breve
carrera estudiantil. Ni siquiera completó la escuela primaria.
Pese a ello, además de letrista prolífico fue periodista
en la revista del editor Julio Korn "La canción moderna", luego
devenida "Radiolandia", y dirigió "Sintonía", creada en
1933 por Emilio Kartulovic, «Kartulo», publicaciones que acompañaban
el auge de la radiofonía y del tango en ésta.
Callejero, indomable, Luis se mezcló muy pronto
en los ambientes del tango, con su ambición y su voracidad, que
con los años lo convirtió en un obeso incontrolable. Cuando
conversaba con el popularísimo cantor Agustín
Magaldi, que era tartamudo como Luis, parecían estar mofándose
mutuamente. Siendo todavía un adolescente, Luis cantó
con Juan D'Arienzo, pero luego abandonó
ese intento. Hizo del cabaret su mundo, con todo lo imaginable.
En mayo de 1935 creó una escuela de arte popular
en la casa familiar de Tejedor 154, en un barrio chato, algo apartado.
Aquella academia, que terminaría absorbiéndolo por completo,
se mudó rápidamente a Callao 420, casi en el Centro, en
los altos de la funeraria de los Iribarne, la familia de la esposa del
presidente Ortiz (quien gobernó entre 1938 y 1940), dueña
de todo ese vasto edificio. Allí fue bautizada como PAADI, Primera
Academia Argentina de Interpretación.
Bajo aquel techo se concentraría el imperio
de los Rubistein: la editorial Select, la mencionada PAADI, cuyo negocio
consistía en proveer artistas a las radios, y PACA, Primer Archivo
Cinematográfico Argentino, que pretendía surtir de extras
a los estudios de cine. PAADI estaba tan orientada a explotar el auge
radiofónico que hasta contaba con una sala de transmisión,
desde la cual se irradiaban por línea telefónica programas
en los que actuaban alumnos seleccionados. Las audiciones de PAADI cesaron
con el golpe de Estado derechista de junio de 1943, que prohibió
esa modalidad, entre tantas medidas de represión y control.
"Cadenas",
el primer tango que lleva música y letra de Luis, es de 1933.
Tema de trazo grueso, fue estrenado por Mercedes
Simone. Allí comenzó una seguidilla de éxitos
que le pertenecen totalmente, como "Venganza", de argumento
despiadado y estilo burdo, que sin embargo conmovió al público,
a punto tal que un cantor como Oscar Ferrari, que lo grabó con
José Basso en 1950, quedó identificado
con él y debió seguir cantándolo por décadas,
aun a su pesar.
En la profusa obra de Luis son raros los momentos de
poesía, las ideas originales. Entre sus pocas letras significativas
figura la de "Noctámbulo", un hermoso tango que en
1930 escribió con música de Armando Baliotti y del que
quedaron las versiones grabadas de Roberto Maida y de Julio
De Caro con el estribillista
Luis Díaz, pero luego fue olvidado. Aquellos versos terminan
así: "Es un noctámbulo sin fe/ que por la noche del dolor
busca olvidar/ la luna llena del hastío/ y el imposible de su
soñar." Desde luego que "la luna llena del hastío" es
una frase bella pero contradictoria. Si a Rubistein le sonaba bien,
¿para qué iba a preguntarse por el sentido?
Otro punto alto fue "Carnaval de mi barrio",
de 1938, que le pertenece íntegramente a Luis y que ese mismo
año grabó Mercedes Simone.
Rubistein caracterizó a su obra como «Pintura callejera
en tiempo de tango». Se sentía sin duda orgulloso de aquellos
versos agridulces, cuyo narrador confiesa que "una ternura extraña"
le invade el corazón. En la misma línea y con igual inspiración
forjó "De antaño", una milonga que Juan
D'Arienzo grabó con Alberto Echagüe.
Pero la pieza cumbre llegaría en 1940 con "Charlemos",
historia de un acercamiento romántico entre dos desconocidos
a través del teléfono: "Charlando soy feliz,/ la vida
es breve./ Soñemos en la gris/ tarde que llueve./ Hablemos de
un amor,/ seremos Ella y Él,/ y con su voz/ mi angustia cruel/
será más leve..." Como impactante final, el golpe bajo
de la anécdota: él es ciego. "No puedo... no puedo verla;/
es doloroso, lo sé./ ¡Cómo quisiera quererla!/ Soy
ciego... Perdóneme."
Algo que ocultar para lograr la aceptación del
otro. Algo por lo que pedir perdón. ¿No se habrá
estado refiriendo Rubistein, inconscientemente, a su condición
de judío? ¿No sería el verdadero final de su tango
"Soy judío... Perdóneme?" Esa letra la escribió
cuando en Europa había comenzado el exterminio, la Shoá,
el Holocausto, y en la Argentina campeaban los fascistas. Había
llegado al mundo el cataclismo que cinco años antes presagiara
Luis en "La caída de la estantería" (música
de Edgardo Donato) de manera farsesca, hasta
torpe, pero certera, anunciando que "se aproxima el ciclón".
"Charlemos",
que en menos de un año tuvo cinco grabaciones diferentes (Carlos
Di Sarli con Roberto Rufino, Enrique
Cárbel, Francisco Canaro con Ernesto
Famá, Ignacio Corsini y Alberto
Gómez), conmovió a los públicos, desde Buenos
Aires hasta La Habana. Condensaba en menos de tres minutos toda una
radionovela, y en cierto modo dejaba abierto el final. ¿Cómo
reaccionaría Ella? Tal vez lo amase igual, a pesar de su ceguera.
Quizá pasaría El a ver a través de aquellos ojos
de mujer.
El teléfono como mediador ya le había
inspirado en 1933 la letra de "Cuatro palabras", que grabaron
Mercedes Simone y Charlo:
"Que te vaya bien, me dijiste / colgándome el tubo de tu telefón./
Que te vaya bien, murmuré,/ mascullando entre dientes una maldición."
En 1936 dio a conocer "Olvido",
en colaboración con Luis César
Amadori, un tango de particular belleza, que grabaron desde Charlo
hasta Roberto Goyeneche, pasando por Lágrima
Ríos, y en el que el personaje repasa su caída de la opulencia
a la privación: "Si pensara alguna vez en lo que fui / no tendría
ni la fuerza de vivir...".
En "Decime",
de 1938, Luis presenta dos variantes para la misma letra: una femenina
y otra masculina. Parece suponer que los sentimientos amorosos son iguales
en el varón y la mujer. De hecho, sólo una cantante, Mercedes
Simone, grabó este tango. Pero el relativo fracaso de un
tema no podía preocupar a un autor que durante dos décadas
acumuló una serie interminable de sucesos, muchos de ellos con
múltiples grabaciones. Entre sus tangos más cautivantes
se cuentan el ya mencionado "Nada
más"; "Juro", con música de Ciriaco
Ortiz, de 1936; "Yo también", de 1940, con Luis
Nicolás Visca, y del mismo año "Igual que ayer",
con Luis Bayón
Herrera; "Ya lo ves", con D'Arienzo,
de 1941, como también "Cautivo",
con Egidio Pittaluga, que se oye en la película "La tregua",
de Sergio Renán; "Si tú quisieras", de 1943
(música de Francisco Pracánico);
"Marión"
(aparente plagio musical de un tango llamado "Sentimientos")
y "Dos palabras, por favor" (éste con música
de Visca), también de 1943; "Rosa
de tango", de 1944 (en el que reutilizó la melodía
de su anterior "Cuatro palabras"); "Dos ojos tristes"
(música de Oscar de la Fuente) y "Plomo",
de 1947, y "Tu perro pequinés", de 1948. Este último
es, quizá, el mejor tango de todos los que concibió Luis,
y aunque sólo fue grabado por Aníbal
Troilo con Edmundo Rivero, esta inigualable
versión bastó para mostrar todo su valor.
Aunque Rubistein nunca fue una letrista sutil, qué
lejos estaba ya de aquél que escribiera "Dominio"
veinte años antes, superponiendo a la fina melodía de
Elvino Vardaro aquellos versos brutales:
"Yo sé que sos tan falsa y tan canalla/como la vil serpiente
ponzoñosa./Sos tan ruin mujer, tan venenosa,/que está
en tu ser la víbora del mal." En 1948 escribía, en cambio:
"La vida, tal vez,/se ensañó y a sangre fría/ me
regala la ironía/de este cuadro hecho al revés./¡Cómo
quisiera tener/para mi frío espantoso/ese abrigo tan celoso/de
tu perro pequinés!" Así es otra cosa.
Luis podía idear varios temas en un mismo día.
Hubo épocas de su vida en que se convirtió en un verdadero
fabricante de canciones, acumulando una obra indeterminable. En 1928
utilizó como seudónimo Nietsibur, leyendo su apellido
al revés, para firmar "Callejas solo", con música
de Juan D'Arienzo, dedicado a un jockey.
Este tango se había llamado en 1926 "Rodolfo Valentino"
con su primera letra, que exaltaba al actor tras su prematura muerte,
y se llamaría "Nada
más", en 1938, con la tercera, convirtiéndose
recién entonces en un éxito.
La vasta creación de Luis incluyó algunos
obras comprometidas. La más primitiva de ellas fue el tango "El
camino de Buenos Aires", con música de Francisco
Pracánico, grabado por éste y por Juan
D'Arienzo con Carlos Dante, ambos para el
sello Electra y en 1928. Esta pieza está inspirada, desde su
nombre mismo, en «Le Chemin de Buenos Aires (La Traite des Blanches)»,
libro que en 1927 publicó el periodista Albert Londres para describir
y denunciar el tráfico de mujeres sometidas a prostitución
entre Europa y el Río de la Plata. Esta letra de un Rubistein
aún muy rudimentario, que habla de un "caften (rufián)
criminal", lo enfrentaba con la poderosa Zvi Migdal, mafia de tratantes
judíos.
En 1942 Luis escribió la letra de "Yánkele
(Mi muchacho)", intercalando algunos versos en ídisch y
con música de su hermano Elías. Esta canción, que
grabó dos veces el conjunto del acordeonista Feliciano Brunelli,
fue compuesta especialmente para "Soy judío", una obra de Luis
Pozzo Ardizzi que se propalaba por radio del Pueblo con enorme éxito,
al mismo tiempo que en Europa ser judío equivalía a una
condena al suplicio y a la muerte. La actriz que cantaba el tema era
Teresita Padró, que debió aprender fonéticamente
las frases en ídisch. En "Yánkele" una madre
judía le canta a su niño, en medio de "esta vida horrible
y atroz", pidiendo que acaben los sufrimientos. Pero estaban muy lejos
de haber terminado.
Extraído y sintetizado por el autor del capítulo
"Los cuatro Rubinstein: el primer holding tanguero", del libro "Tango
judío, del ghetto a la milonga", Editorial Sudamericana,
1998.
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