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por Gaspar
Astarita
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Pianista, bandoneonista, compositor y arreglador
(9 de julio de 1928 - 19 de abril de 2003) |
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Bandoneonista, pianista, compositor y, sobre todo,
arreglador, fueron los elementos a través de los cuales se proyectó
su nombre, no sólo a la consideración pública,
sino especialmente al círculo de los profesionales de la música,
dentro de los cuales goza de un bien ganado prestigio. Una autoridad
que ha sabido ganarse a fuerza de estudio, trabajo y talento.
Como ejecutante, ha demostrado una especial ductilidad
para adaptarse a los más variados estilos interpretativos, ya
que integró en su momento orquestas de muy diferenciadas modalidades
(Edgardo Donato, Antonio
Rodio, Miguel Caló, Carlos
Di Sarli, Osvaldo Pugliese), y en todas
logró un excelente grado de consustanciación.
Ese permanente desafío cuyas reglas de juego
aceptó con gusto y disciplina, habrían de serle luego
aliados valiosos, junto al estudio de las diferentes reglas musicales,
cuando comenzó su importantísima tarea de arreglador,
labor en la que alcanzaría su mejor pico en los trabajos que
realizara para las dos agrupaciones mas relevantes de los últimos
tiempos, Aníbal Troilo y Osvaldo
Pugliese, sin menoscabar por ello el notable despliegue efectuado,
en igual sentido, para el Sexteto Tango.
También en la composición se destacó
con rasgos muy personales. Sus tangos y milongas, casi todos instrumentales,
llevan el sello de un auténtico creador, distinción que
comenzó a vislumbrarse desde su primera obra importante, que
estimamos debe ser el tango "A lo moderno", estrenado en 1954
por la orquesta de Miguel Caló, y que
continuó posteriormente con esa insuperable serie que integran
"Sensiblero", "Danzarín", "Melancólico",
"Nostálgico" y "Disonante", los cuales, junto
a otros que dio a conocer a mediados de la década del cincuenta,
conforman una lista de muy pareja calidad.
Julián Plaza, desde la confluencia de estos
tres cauces, la ejecución, el arreglo y la composición,
ha sido un músico en constante búsqueda. De aquella primera
incursión en la famosa década del cuarenta, pasó
luego a ser figura de punta en la generación del cincuenta y
cinco, junto a Atilio Stampone, Osvaldo
Berlinghieri, Leopoldo Federico, Osvaldo
Requena y otros más, para proyectarse después hacia el
mejoramiento y la evolución, siempre en constante progresión,
tal vez influído por la gravitación de Astor
Piazzolla. Pero esa intención vanguardista no lo alejó
nunca de las genuinas raíces del tango. Su moderación
y su clara visión de que el tango, para que siga llamándose
así, debe conservar su autentica carnadura popular y ciudadana,
lo ubican en un lugar relevante de su historia.
En una palabra, Julián Plaza avanzó hasta
el extremo justo en que el género lo permite. Traspuesto ese
límite, el tango ya pierde hasta su nombre.
Precisiones biográficas
Julián Plaza nació en General Manuel
Campos. una pequeña localidad de la provincia de La Pampa, el
9 de julio de 1928.
Realizó los palotes musicales con su padre,
que tocaba el bandoneón aprendido por correspondencia. Cuando
Julián tenía once años, la familia se trasladó
a Buenos Aires; comenzó a estudiar con Félix Lipesker;
integró, a su vez, orquestas infantiles. donde fue aprendiendo
la labor de conjunto.
Sus rápidos adelantos hicieron que a los quince
años debutara en la orquesta de Edgardo
Donato, y poco después en el conjunto de Antonio
Rodio; en 1949 pasó a engrosar las filas de Miguel
Caló, con quien estuvo casi diez años. Mientras tanto,
con Eduardo
Bianco, realizó un extenso viaje por Italia, Grecia, Turquía,
Siria y el Líbano.
Luego se relacionó con Carlos
Di Sarli y estuvo vinculado por trabajos de arreglo a Atilio
Stampone y Florindo Sassone.
Durante 1959 se incorporó a la orquesta de Osvaldo
Pugliese, siempre como bandoneonista. Con este conjunto anduvo en
gira por Rusia y China en dicho año. Con el autor de "Recuerdo"
estuvo hasta 1968, cuando, con otros integrantes de la orquesta, formaron
el Sexteto Tango: Osvaldo Ruggiero y
Víctor Lavallén (bandoneones), Emilio Balcarce y Oscar
Herrero (violines), Alcides Rossi (contrabajo) y el propio Plaza como
pianista; con esta agrupación grabaron en el sello Víctor.
En 1992 resolvió alejarse del Sexteto
Tango, buscando redondear su personalidad artística, es decir,
intentar la dirección orquestal, una disciplina que aún
no había encarado.
Sus trabajos de estos últimos tiempos han sido
destinados a formar su propio conjunto, tocar sus propios tangos con
sus propios arreglos. Y en esa lucha se encuentra ahora.
Entre sus muchas y variadas actividades, digamos que
mientras alternaba su labor en la orquesta de Miguel
Caló, formó un cuarteto de bandoneones "a capella",
que se integró con Alfredo Marcucci, Ernesto Franco y Atilio
Corral.
Paralelamente a todos estos trabajos, comenzó
a incursionar en el arreglo (le confesó a la especialista Nélida
Rouchetto que su primer arreglo lo escribió en 1950 para la orquesta
de Miguel Caló: la milonga "Dominguera").
En esta difícil tarea hizo numerosos trabajos para Atilio
Stampone, Leopoldo Federico, Aníbal
Troilo, Osvaldo Pugliese, Osvaldo
Piro, José Colángelo
y mucho para el Sexteto Tango. A ello
debe sumarse la tarea profesional que desplegó en la Editorial
Korn para arreglos estandard.
También al cine le aportó su música
y sus arreglos, para las películas argentinas "La tregua", "Solamente
ella" y "Chau, papá", cuyas bandas sonoras estuvieron a cargo
de orquesta propia.
Además, en esta apretada síntesis no
quiero dejar sin mencionar los arreglos y el acompañamiento que
le hizo a Susana Rinaldi en la grabación
de su LP recordando a Homero Manzi (algunos
de los músicos que integraron ese conjunto fueron nada menos
que Osvaldo Berlingheri, Emesto Baffa y Femando Suárez Paz, entre
otros).
El compositor
En un trabajo anterior mío (Abel Fleury.
Vida y obra, Editorial GraFer, 1995) dejaba expresado un concepto
con respecto a la labor compositiva de todo músico, que considero
oportuno reproducir ahora, porque encaja perfectamente para comentar
la obra de creación de Julián Plaza:
«Todo compositor, por más vasta que
sea su producción, tiene siempre alguna obra que, sin ser la
mas lograda, es la que define su estilo. En ella, por exacta y armoniosa
conjunción de ciertos valores, el autor ha exteriorizado su sensibilidad,
ha desnudado sus raíces, evidenciado su formación y desarrollado
su capacidad creativa, logrando en esa síntesis la identidad
de toda su labor. Razones de impacto en el gusto popular, la aceptación
y la incitación que provoca en los ejecutantes, que, al incluirla
en sus repertorios, crean los canales indispensables para procurarle
la difusión necesaria y hacen que esa composición se hospede
en los oídos y en la emoción de amplios auditorios. Aparte
de los valores técnicos y estéticos, lo cierto es que
a través de todo ese contexto un determinado trabajo de composición
concluye siendo para su autor una especie de resumen de su personalidad
artística».
Y ese resumen, en el caso de Julián Plaza, puede
buscarse en su tango "Danzarín".
Ya dejábamos anotados al comienzo algunos títulos
("A lo moderno", el primero), a los que siguieron cinco estupendos
tangos instrumentales: el recién comentado "Danzarín",
"Sensiblero", "Melancólico", "Nostálgico"
y "Disonante", y cuatro milongas con distintas acentuaciones:
"Dominguera" (ciudadana), "Payadora" (criolla),
"Nocturna" (ciudadana) y "Morena" (milonga candombe).
También son obras de él "Milontango",
"Buenos Aires-Tokyo", "Color tango" y "Cuánta
angustia", sospecho que el único tango con letra (de Manolo
Barros). Y hay, seguramente, muchos más, pero los nombrados
creemos que son los más representativos de su estilo y de su
personalidad de compositor.
Por otra parte, bueno es señalarlo, son los
más difundidos y los que más han sido grabados por diferentes
agrupaciones.
Originalmente publicado en la revista "Tango y Lunfardo",
Nº 130, Chivilcoy, 16 de julio de 1997.
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