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iniciarse, en la segunda década del siglo XX, junto a los grandes
creadores de la época -
Eduardo Arolas,
Roberto Firpo y otros-, que habían
transformado el tango primitivo, y recibir la influencia de los primeros
grandes melodistas del género -como
Juan
Carlos Cobián y
Enrique Delfino-,
el violinista Julio De Caro fundó con su sexteto, a partir de
1924, un nuevo y trascendental estilo. Este gravitaría como ningún
otro en la historia posterior del tango, ensanchando su horizonte espiritual.
Tanto que la escuela decareana en el plano instrumental y la escuela
gardeliana (por
Carlos Gardel) en
el vocal, sentadas como modelos de interpretación del tango para
la misma época pero separadamente, constituyeron desde entonces
la suprema guía en sus respectivos ámbitos.
De Caro conservó la esencia del tango arrabalero, bravío
y lúdico de los iniciadores, pero fundiéndolo con una
expresividad sentimental y melancólica desconocida hasta entonces,
reconciliando así la raíz criollista con la influencia
europeizante. Su mayor formación académica le permitió
envolver su mensaje en un lenguaje musical depurado, de inefable seducción.
Las versiones de su sexteto, a veces remolonas, a veces vívidas,
suenan como acuarelas de un Buenos Aires de casas bajas, fachadas grises,
calles arboladas, jardines floridos, adoquines y antiguos tranvías.
O, más aún, de un orden político y social armonioso
pese a los agudos contrastes, de libertad y de pujanza económica,
todo lo cual concluiría brutalmente en 1930, cuando, parida por
la crisis mundial, se inicia la era de los golpes de Estado en la Argentina.
Fueron cruciales para que se entendiera la idea decareana los tangos
que De Caro mismo compuso e interpretó, como "
Boedo",
"
Tierra querida"
y muchos otros. También esencial fue el aporte de su hermano
Francisco, pianista
del sexteto y, como compositor, artífice de algunos de los tangos
de línea romántica y ensoñadora más admirados
de todos los tiempos, como "Flores negras" o "Loca bohemia". El conjunto
iba y venía así de la desfallecida pasión de los
tangos de
Francisco
a las pinturas de paisajes y personajes urbanos de los de Julio, con
una ductilidad nunca vista antes.
Fundamentales, asimismo, fueron las obras de
Pedro
Laurenz, bandoneonista del sexteto, que aportó piezas inmortales,
como "
Risa loca"
o "Mal de amores". Pero en su inmenso repertorio, De Caro no olvidó
nunca a los grandes compositores ajenos a su grupo, cuyos tangos reinterpretó
bajo los nuevos códigos, preparándolos así para
que fueran recogidos en las décadas posteriores por centenares
de orquestas, decareanas o no. Julio nació en Buenos Aires, en
una casona de la calle Piedad, en el barrio de Balvanera, como segundo
de doce hermanos, en el seno de una familia de origen italiano. Su padre,
José De Caro De Sica (emparentado con los ancestros del cineasta
Vittorio De Sica), deseaba para sus hijos una carrera universitaria
y una formación musical académica. Antiguo director del
conservatorio del Teatro della'Scala de Milán, don Giuseppe decidió
que Julio estudiara piano y su hermano Francisco violín. Pero
los niños trocaron los instrumentos y, mayor desafío aún
a la temida autoridad paterna, se consagraron al tango, provocando una
ruptura familiar jamás restañada.
Arolas,
El Tigre del Bandoneón,
alojó a Julio, lo apadrinó artísticamente y lo
incorporó a su orquesta. En los años que siguieron se
desempeñó con el bandoneonista
Ricardo
Luis Brignolo (compositor de "
Chiqué"),
el pianista
José
María Rizzuti ("Cenizas"), el bandoneonista
Osvaldo
Fresedo ("Aromas"), el pianista
Enrique
Delfino ("Recuerdos de bohemia") y el bandoneonista uruguayo Minotto
Di Cicco, alias
Mano brava, hasta incorporarse en 1923 al sexteto
del pianista
Juan Carlos Cobián ("
Nostalgias").
Cuando éste, a fines de aquel año, viajó a Estados
Unidos, De Caro constituyó su primer sexteto en base al abandonado
por
Cobián, que incluía al
bandoneonista
Pedro Maffia, otra figura fundamental.
En ese momento comenzaba, por obra de un violinista que sobresalió
siempre más por su concepto que por su técnica, una nueva
era para el tango.
En 1924 grabó sus primeros discos para el sello Víctor,
registrando dos tangos suyos: "
Todo
corazón" y "Pobre Margot". A lo largo de 30 años grabó
420 obras, aunque algunos coleccionistas consignan haber hallado dos
decenas más. El grueso de su discografía se concentra
en el período 1924-1932, que se subdivide en dos grandes series:
la del sello Víctor, hasta 1928, y la de Brunswick, desde 1929.
En 1933, De Caro ingresó en una etapa de experimentación
con masas orquestales ampliadas y nuevos timbres (vientos, percusión),
que a la postre desdibujaron su mensaje (él mismo se había
valido en los años '20 de un curioso violín-corneta).
Luego, afortunadamente, regresó a sus propias fuentes, aunque
pagando el precio de caer en cierto anacronismo. Guardián hasta
su retiro de las más nobles esencias, quedó un tanto marginado
de la evolución del tango, tanto por su estricto apego al decarismo
histórico en lo instrumental como por su dificultosa asimilación
del papel central del cantor en las orquestas desde 1940.
Es sintomático que en esa década de enorme auge del tango,
De Caro estuviese cinco años sin grabar.
Entre 1949 y 1953 llevó al disco 38 temas para el sello Odeón.
Esa serie constituye un valiosísimo testamento sonoro, en el
que vuelve sobre grandes obras que ya había grabado con medios
técnicos más precarios, e incluye algunas novedades. Notablemente,
"Aníbal Troilo", conmovedor homenaje en tango al gran bandoneonista,
director y compositor. Hay que decir que también escribió
el tango "Osvaldo Pugliese", para quien fue su máximo epígono,
pero no existen registros de él, como tampoco los hay de "Piazzolla",
el otro gran revolucionario del tango, a quien un visionario De Caro
rindió tributo (que
Piazzolla retribuyó
con su "Decarísimo").
De su extensísima obra de
compositor
pueden destacarse varios tangos fundamentales. Además de los
mencionados "
Boedo"
y "
Tierra querida",
sobresalen "Colombina" (con
Francisco
De Caro), "Copacabana", "Chiclana", "El arranque", "
El
bajel" (con Francisco), "
El
monito", "Guardia vieja", "La rayuela", "
Loca
ilusión", "
Mala
junta" (con Laurenz), "
Mala
pinta" y "Mi queja" (ambos con Francisco), "Moulin rouge", "Orgullo
criollo" (con Laurenz), "Tierra querida", "Tiny" (con Maffia) y "Todo
corazón".
El 11 de diciembre fue declarado Día del Tango porque en esa
fecha, aunque de diferentes años, nacieron
Carlos
Gardel y Julio De Caro.