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por Roberto
Selles
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Pianista, director y compositor
(31 de mayo de 1896 10 de diciembre de 1953) |
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Como compositor es, junto con Enrique
Delfino, el creador del denominado "tango-romanza"; en 1917 este
último produjo "Sans Souci", y Cobián, "Salomé",
con los que abrieron el camino para el tango de avanzada. A tal punto
fue un evolucionista Cobián que las editoriales le rechazaban
sus tangos iniciales por considerarlos "mal compuestos". La realidad
es que estaban muy por encima de la música popular de la época.
Nació lejos de la ciudad que lo consagró,
en Pigüe (provincia de Buenos Aires), el 31 de mayo de 1896 hijo
de Manuel Cobián, español, y Silvana Coria, argentina-
y ya de pequeño se sintió irresistiblemente atraído
por el piano de su casa, que tocaba su hermana Dolores, cuando ya la
familia estaba radicada en Bahía Blanca. Admirada por lo que
los dedos del pequeño conseguían arrancarle al teclado,
Dolores influyó con los padres para que lo hicieran estudiar
música. Así ingresó Juan Carlos en el Coservatorio
Williams de esa ciudad, donde tuvo como profesor a Numa Rossotti, quien
a su vez, fue alumno de Vincent d'Indy, en París, donde llegó
a estrenar la "Berceuse heroïque", de Debussy.
En 1913, ya recibido, Cobián arribaba a la ciudad
de Buenos Aires, y se ganaba sus primeros pesitos como pianista en un
oscuro trajín por una cervecería alemana y varios cines,
en los que ponía la cuota de música al silencio de las
películas.
De allí pasó a tocar con uno de los más
cotizados bandoneonistas del momento, Genaro
Espósito, en un trío que completaba el violinista
Ernesto Zambonini, autor de "La clavada" y hombre de
facón al cinto. Juan Carlos estaba en la vereda opuesta
de este músico: era el típico "cajetilla" al que le bastaban
sus certeras trompadas, generalmente por cuestiones de polleras, ya
que siempre fue un mujeriego empedernido.
En 1916, integró un trío con Eduardo
Arolas en bandoneón y Tito Roccatagliatta en violín,
en el escenario del cabaret "Montmartre", que compartían
con Pepita Avellaneda, la primera mujer que cantó tangos en público.
Ese mismo año era el de su servicio militar,
que postergó por decisión propia y que debió cumplir
forzosamente tres años más tarde, generalmente bajo arresto;
no por nada compuso entonces su luego famoso "A
pan y agua". Pero para entonces ya eran conocidos sus tangos
iniciales: "Salomé", "El
motivo", "Mano a mano" (que luego, a raíz
del éxito del homónimo escrito por Gardel, Razzano y Flores,
retituló "Viejo bandoneón"), "El orejano",
"El botija", "La catanga", "Sea breve",
"El trino", "El gaucho" y quizá algún
otro.
Posteriormente, pasó a la orquesta de Arolas
y luego formó trío con Ricardo González "Muchila"
(bandoneón) y Julio Doutry (violín).
Después de algo más de un año
bajo bandera en el Regimiento 2 de Infantería, obtuvo la ansiada
baja y continuó con su vida normal, es decir, la que ocurría
al amparo de las sombras nocturnas, entre buenos tangos, buen whisky
y buenas minas.
En 1922, integró el sexteto de Osvaldo
Fresedo, con el que estrenó su bellísimo "Mi
refugio", en el "Abdullah Club". Meses más tarde,
al retirarse Fresedo de ese escenario, el
gerente de la casa le propuso formar su propio sexteto. Y así
lo hizo, con Pedro Maffia y Luis
Petrucelli (bandoneones), Julio De Caro
y Agesilao Ferrazzano
(violines), Humberto Constanzo (contrabajo) y, por supuesto, él
en el piano. No le duró demasiado tiempo: en 1923 dejó
todo y corrió detrás de una dama hacia los Estados Unidos.
Poco antes, Julio De Caro
se había alejado del conjunto por un malentendido con el director,
y se llevó a Maffia y Petrucelli,
es decir, la mitad de la formación. De
Caro sumó a sus hermanos Francisco
(piano) y Emilio (violín) y a Leopoldo Thompson (contrabajo)
para constituir el famoso sexteto que revolucionaría definitivamente
la ejecución del tango.
En el país del norte, se vio obligado a tocar
jazz alternando con alguno que otro tanguito con su "Argenine
Band"; secundó al "crooner" Rudy Vallée y puso música
a los sofisticado cortes o lo que fueran de Rodolfo Valentino.
Fue en esas latitudes donde compuso los tangos "¿Me
querés?", "Ladrón", "Vení...
vení" los tres con letra del mexicano Luis Spúlveda,
el célebre "Nostalgias"
y el son "Yes or no?" ("¿Sí o no?"),
con versos de Al Stillman.
Otros de sus tangos son "Biscuit" (letra
de F. Warley), "Los dopados" (Raúl
Doblas y Alberto Weisbach,
luego retitulado "Los
mareados", con letra de Enrique Cadícamo),
"La casita de mis viejos", "Gitana", "El cantor
de Buenos Aires", "Shusheta", "Dolor milonguero",
"Piropos", "Pico de oro", "Niebla del Riachuelo",
"Hambre", "Rubí" (los diez con letra de Cadícamo),
"Es preciso que te vayas" (Celedonio
Flores), "Volvé a mi lado", "No me cortes
las alas", "Has cambiado por completo" (los tres con
Enrique Dizeo), "La noche de los dos",
"Monedita de plomo" (ambos con letra propia) y muchos otros.
Además, Cadícamo
versificó los ya mencionados "Salomé", "Viejo
bandoneón", "Nostalgias" y "A pan
y agua"; Pedro Numa
Córdoba, "Mi refugio" y Pascual
Contursi, "El motivo" (que también llevó
unos versos no divulgados de Cadícamo).
Harto del whisky falsificado de los gángsters
y de tener que alternar el jazz con el tango, regresó de los
Estados Unidos en 1928.
Formó una orquesta que tuvo como vocalista a
Francisco Fiorentino; dirigió
luego, una agrupación de jazz; tocó en el Trío
Nº 1, con Ciriaco
Ortiz (bandoneón) y Cayetano Puglisi
(violín); volvió a organizar su típica; regresó
a los Estados Unidos donde permaneció hasta 1943
y continuó, aquí al frente de su orquesta, con la que
actuó en Radio El Mundo.
Luego, "se alejó de la actividad musical voluntariamente,
recluyéndose en su modesto departamentito de la calle Montevideo",
según recordaba ese maestro de historiadores que fue Luis Adolfo
Sierra.
El 10 de diciembre de 1953, dejaba este mundo. Tenía
57 años, pero había conocido la vida como si acabara de
cumplir un siglo. "¿Había algo que hacer en la tierra después
de haberlo conocido todo?", dijo al respecto Enrique Cadícamo,
su colaborador de siempre.
Originalmente publicado
en el fascículo 12 de la colección Tango Nuestro
editada por Diario Popular.
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