![]() |
|
El tango, cosa de negros
El útimo CD de Juan Carlos Cáceres.
Un argentino en París.
por Julio
Nudler
Tomado de la revista "Tres Puntos", mayo de 1999
Como
no cabe en la música, Cáceres
también pinta (es profesor de artes plásticas), y junto
al lanzamiento de este compacto inauguró en la Galerle Monde
de l'Art, en el Barrio Latino, una exposición de cuarenta cuadros
que desarrollan el tema de la presunta raíz africana del tango.
En algunas de las telas retrata, con su vivaz estilo neofigurativo,
a soldados negros o mulatos que combatieron en la guerra contra el Paraguay
y que luego reaparecerían empuñando clarinetes y bandoneones.
Cáceres estudió
artes plásticas en Buenos Aires (donde expuso años atrás
en la galería Van Riel una serie sobre la historia latinoamericana),
frecuentó el trombón, se volcó al jazz, y en los
60 se fue a Espafia, de donde pasó a Francia precisamente en
mayo de 1968. Sabe contar como nadie el exilio argentino, tal como lo
hizo en su tema "Sudacas", que dio a su vez nombre a otro
notable CD, editado en 1995. Cáceres establece siempre un sugestivo
juego de distanciamiento y nostalgia. Mientras retrata a los argentinos
con la perspectiva de quien pudo alejarse, canta y dice con las inflexiones
arrabaleras y las porteñas expresiones de quien en realidad,
como Troilo, nunca se fue
del barrio.
Entre cachador y sentimental, de verso casual y desprolijo, decidor
y ronco (se reconoce seguidor de Rivero
y Goyeneche), evocador
de fracasos amorosos y ayeres en los que todo era posible, Cáceres
deja revolotear sobre sus temas unas briznas de filosofia, para entregarse
en la banda siguiente de cada compacto a algún ritmo frenético
o a una profunda marcación tanguera. Con esa paleta se mostró
con éxito desde Estambul a Quebec, pero, como es debido, es un
desconocido en Argentina. Igual que en su notable CD anterior -Juan
Carlos Cáceres íntimo- también en "Tango
negro" hay un rescate de piezas más o menos clásicas,
como "Malevaje",
"Como dos extraños",
"Serafín" y "Vuelvo
al Sur". El resto es creación propia, empeñosa,
por momentos atropellada. Dos músicos del nivel del bandoneonista
César Stroscio y del pianista y arreglador Juan Carlos Carrasco
contribuyen a esta contagiosa celebración de las raíces,
honradas desde el desarraigo.
|
|