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El tango y nuestra música criolla
Introducción
Permítaseme, en primer término, expresar
mi agradecimiento a la excelente página TodoTango
por esta invitación a compartir algunas inquietudes sobre "El
tango y nuestra música criolla".
Es un tema muy vasto, rico y fecundo porque cala, nada
más y nada menos, que en el propio origen del tango, enigma aún
no resuelto. Los estudiosos más autorizados todavía no
han podido esclarecerlo con definitiva certeza.
Quiero aquí rendir homenaje a dos ilustres investigadores
que dieron pautas fundamentales para enriquecer y marcar el rumbo de
aquellos que bucean en el origen de nuestras músicas: Carlos
Vega en la Argentina y Lauro Ayestarán en
la República Oriental del Uruguay. Y en ellos, mi respetuoso
homenaje a todos los que dedicaron y dedican sus afanes a indagar nuestras
fuentes musicales.
I. Las vertientes
Cuando se rastrean las vertientes que dieron origen
al tango, nos encontramos con hipótesis y teorías fascinantes
y muy válidas. Pero los propios investigadores no alcanzan una
coincidencia plena y definitoria.
La llamada Música Criolla,
-en este caso la Música del Sur y sus fuentes
españolas-, ha tenido una inmensa influencia en nuestro Tango.
Hace muchos años, -principios de los sesenta-,
aunque el lector no lo crea yo era joven, tenía pelo, algo de
pinta y unos "coquetos" veintipico abriles...
En ese tiempo estudiaba y trabajaba en Nueva York. En una oportunidad,
tuve el honor de conocer y entrevistar al maestro Andrés
Segovia.
Una mañana -recuerdo- que íbamos caminando
por el Central Park, don Andrés comentaba que
hacía poco había dado un concierto en el Teatro Colón
de Buenos Aires. Habló de su cariño por nuestro país
y por la calidad de su público. Pero lo que recuerdo más
vívidamente de aquella conversación fue su comentario
sobre el Tango: "Qué música misteriosa y qué
poesía de excepción". Y de inmediato, deteniendo
su paso, -lento pero firme-, me pregunta: "¿Cómo
nace el Tango?".
Antes que pudiera responderle que no lo sabía
con certeza, dijo: "Es curioso. Estando en Montevideo hace
muchos años, escuché varios tangos cuya cadencia me hizo
acordar a antiguas melodías que se tocaban en Linares.".
Linares es la ciudad andaluza donde naciera el maestro Segovia.
Don Andrés se familiarizó mucho con el Tango cuando vivió
un tiempo en Montevideo. En este entonces era muy amigo de la cantante
brasileña Olga Praguer, que alguno tal vez recuerde
pues actuó en muchas oportunidades en Buenos Aires, ya con el
nombre de Olga Praguer Coelho.
Y esa pregunta del maestro Segovia:
"¿Cómo nace el tango?", es la
que todavía no se ha podido responder con convicción definitiva.
Carlos Vega, atribuye sus antecedentes
al Tanguillo español. Lauro Ayestarán
reconoce este influjo, pero también destaca algunas lejanas reminiscencias
de ritmos africanos que introdujeron los esclavos traídos al
Río de la Plata a partir del siglo XVIII.
Tampoco se ha podido definir con exactitud el origen
de la palabra Tango. Las hipótesis sobre su
derivación africana que todos conocemos no son terminantes. Nuestro
amigo y respetado investigador José Gobello tiene un excelente
trabajo sobre este tema: Me refiero a "Tango, vocablo controvertido".
Es probable que aquellos "tambos"
o lugares donde se reunían a danzar los grupos de negros esclavos
y libres, sea uno de los caminos o antecedentes de
su nombre. Desde ya, no el único. Tampoco se puede descartar
que la palabra "Tango" provenga de España. O
aún de Portugal como no lo desecha el mismo Gobello.
Así como "tambo" y
sucesivas transformaciones y cambios populares puede haber originado
"tango", también "fandango"
puede haber sido la raíz de la palabra "tango".
Esta posibilidad se la escuché a Camilo José Cela
en varias reuniones madrileñas en las que estuve presente. Y
tampoco debemos rechazarla.
No alcanzo a descifrar en el Tango ritmos o formas
musicales precisas que indiquen y prueben que haya sido influido por
la cultura africana.
Las teorías que he escuchado o leído
las encuentro interesantes pero no convincentes. Son presunciones y
conjeturas respetables que aún deben investigarse.
En un trabajo denominado "Antología
del Tango Rioplatense", el Instituto Nacional
de Musicología "Carlos Vega" señala que existe
un hecho de carácter estrictamente musical que fundamenta que
el tango no tiene origen o antecedentes africanos sino claramente europeos.
Afirma el estudio que "No hay nada en común con la
música tribal o etnográfica que luego se conoció,
procedente de las mismas etnias que proveyeron de esclavos africanos".
En la música africana predomina la percusión.
En muchos de los ritmos criollos de América Latina donde existe
una gran influencia étnica negra se destaca ese origen con evidencia
definitiva.
Tal influencia de los ritmos africanos -y dejamos de
lado la gravitación pentatónica andina- se observa plenamente
en nuestra América desde el Perú hacia el norte y, muy
especialmente, en el Caribe.
No es el caso de nuestro país, del Uruguay y
de Chile, donde el influjo musical español es más abrumador
y tangible. Desde ya que no me refiero al popular "candombe"
uruguayo en que la evidencia de su origen africano nos exime de cualquier
análisis.
Pero aún en los países del Pacífico
y el Caribe latinoamericanos existen muchos ritmos o canciones en que
la transformación y evolución parte de su origen hispano.
Por ejemplo La Marinera Peruana, que hasta la Guerra
del Pacífico, el siglo pasado, se denominaba "chilena"
y que deriva -entre otros orígenes- de la jota española.
El "seis por ocho" de La Marinera
es madre de nuestra zamba y nuestra cueca y de la tonada y cueca chilenas.
En el trabajo del Instituto Nacional de Musicología,
se señala también que los "esclavos negros
en América, no mantienen SU música africana. Están
adaptando, con los ajustes morfológicos y estilísticos
del caso, la música de la sociedad colonial".
Todo esto es parte de la magia, misterio y seducción
que rodea al Tango. Y otra materia para los estudiosos.
¿Pero dónde está en el Tango la
vertiente de la Música Criolla?
Si bien surgen algunas discrepancias sobre ciertas
influencias originarias, existe SI una coincidencia
plena entre la gran mayoría de los investigadores: Los antecedentes
inmediatos del tango están marcadamente claros en la habanera
y la milonga.
Tanto en la Argentina como en la República Oriental
del Uruguay, uno de sus primeros y significativos cauces -que a su vez
procede de España a través, entre otras, de la Habanera-
es la Música del Sur o Surera:
la milonga, el estilo, el cielito, la cifra, la vidalita.
La música de la Pampa -como resultante del marco
geográfico en que se desarrolla- es melancólica. Pero
no triste. De ahí que la cadencia de la Habanera haya
calado tan honda y rápidamente en el hombre de nuestro campo.
El gaucho se expresaba con esos ritmos tan emparentados: la milonga,
el estilo, el término, la vidalita, la cifra, el triste, el cielito...
A mediados de la segunda mitad del siglo pasado, esos
hombres del campo comienzan a entreverarse aquí en la ciudad
y sus orillas con los criollos porteños y los inmigrantes para
dar forma a esa nueva música Rioplatense que el ingenio y creatividad
popular denominó Tango.
Aquellos payadores de fines del siglo anterior y principios
de este que en ambas orillas se presentaban en teatros, circos y tablados
barriales, fueron también -entre otros- precursores del Tango.
Gabino Ezeiza, Higinio Cazón, José
Betinotti, Pablo A. Vázquez, Ramón Barrera para nombrar
sólo a algunos, se expresaban por milongas, cifras, estilos y
cielos.
Las cifras y las milongas trataban lo cotidiano de
la vivencia del hombre de campo: el rancho, el caballo, la Pampa, el
amor, la pobreza, el desengaño.
Además de la habanera y la milonga, considero
que la cifra, con sus cortes, sus silencios, su intención y su
acompañamiento quebrado, mucho tuvo que ver en el nacimiento
de nuestro tango.
Me permitiré transcribir aqu' una cifra -que
en otros tiempos cantaba con mi guitarra, cuando la gola aún
no se había piantao...- de autor desconocido y que data de fines
del siglo pasado. La recopiló Lauro Ayestarán
en Sarandí del Yi y le facilitó la letra a mi padre en
Montevideo, en casa de don Elías Regules. Años
más tarde, me enseñó la música Amalia
de la Vega, extraordinaria cantante uruguaya que la tiene en
su repertorio.
Mi rebenque plateao
Cifra
Recopilación de Lauro Ayestarán.
Música de Amalia de la Vega.
Tengo un rebenque aparcero, (bis)
¡pucha, qué rebenque hermoso!, si hasta llegó a ser famoso por lo pesao del talero. Y no hubo ningún pulpero que no lo haiga codiciao, si hasta me le han ofertao la plata que no valía, ¡todo el mundo lo quería, a mi rebenque plateao! Cuando a una carreras juí(bis) y mi talero llevaba porque no se me olvidaba ni se apartaba de mí. Y si alguna vez corrí algún caballo porfiao, nunca me he visto apurao y he ganao con mucha suerte, eso sin pegarle fuerte con mi rebenque plateao. Me ha dicho más de una moza(bis) que si se lo regalaba y si ese gusto le daba le pidiese cualquier cosa. Alguna de caprichosa al ver que no se lo he dao, el saludo me ha negao total, por esa pavada, por estar enamorada de mi rebenque plateao. II. La inmigración
Los inmigrantes europeos de fines del siglo XIX y principios
del nuestro, hicieron un invalorable aporte al surgimiento y consolidación
del Tango. Junto a su esperanza, trajeron su música y sus instrumentos
y, muy adentro, el recuerdo a la tierra distante.
Hay que tener en cuenta el proceso de transformación
social, política, cultural, económica y étnica
que vivían en ese entonces Buenos Aires -la Gran Aldea- y la
Argentina. Me refiero a la década del 80 en adelante. Es el tiempo
de las grandes inmigraciones, tanto del exterior como del interior.
Es también el tiempo de fervores políticos muy hondos.
Y ese misticismo, esa dinámica social coincide en tiempo y circunstancia
con el nacimiento del tango.
¿Cómo fue ese encuentro entre el gaucho
y el inmigrante? ¿Qué tenían en común pese
a sus diferencias? Los unía e identificaba la tristeza de la
separación, el dolor de la distancia.
El gaucho, que había dejado su pago para buscar
fortuna en la ciudad o en sus orillas, fue igualmente una suerte de
expatriado. Como el inmigrante, también debió cambiar
su mundo. ¡Sufría el desarraigo en su propia tierra!
Quienes alguna vez hemos vivido lejos de nuestras raíces
sabemos bien qué es la añoranza...
La entendible soledad espiritual del inmigrante, se
unió con la soledad del paisano de las llanuras rioplatenses.
¡Y aquí se produjo una mágica alquimia!
Las dos soledades, la del inmigrante y la del gaucho, se fundieron en
una comunión profunda con el sentir del criollo de la ciudad.
Y esa comunión fue uno de los senderos, sin duda uno
de los más fecundos, que abonó la gestación
del Tango.
Primero tenemos que pensar en el gaucho, en el paisano
que llega a la ciudad o a sus orillas. Se siente ajeno a su nuevo entorno.
Su mundo musical y poético son precisamente los aires del campo:
el estilo, la milonga, la cifra, el cielito, la vidalita, la huella.
Pero debe adaptarse. Respetando, y sin apartarse de
la esencia y estructura de sus canciones, refleja y canta los temas
de su nuevo mundo. Es una de las maneras de insertarse en la Gran Aldea
o en sus orillas, en su inédito y desconocido hábitat
o circunstancias.
Ese hombre de campo se encontró con el inmigrante
europeo que es muy probable -¡es seguro!- que tuviese una formación
musical más amplia que la del paisano de nuestras pampas que
sin duda alguna no sabría música y tocara la guitarra
sólo de oído.
Hay que tener en cuenta que en el Río de la
Plata, la gran mayoría de los inmigrantes de esa segunda mitad
del siglo XIX provenía de Europa, en especial de España
y de Italia. No del África.
Y ese encuentro del paisano con el inmigrante y con
el criollo de la ciudad generó una fuerza creadora recíproca.
Como lo señala el extraordinario escritor y gran musicólogo
cubano Alejo Carpentier refiriéndose a la música
criolla del área del Caribe, los esclavos negros traídos
a nuestras tierras, tomaron la música española y la recrearon
para re-exportarla nuevamente a Europa con
nuevos giros y cadencias, pero sin perder ni renegar de su filiación
europea, especialmente española.
Desde ya que en muchos de los países de nuestra
América, los negros le añadieron su aderezo, su sal y
pimienta. Pero no impusieron su música, ni crearon ni transformaron
las melodías españolas que encontraron en su nuevo y esclavizado
mundo. Las enriquecieron, pero no las cambiaron.
En su génesis, en el embrión del tango,
el proceso de influencias creadoras fue distinto. El paisano, el inmigrante
y el criollo, sin proponérselo de manera deliberada, engendraron
naturalmente una de las culturas -música, poesía, baile,
plástica- más ricas en el mundo.
En
mis vivencias de niño está muy clara la vieja casona de
mis abuelos en Villa Ballester donde se reunían casi todos los
domingos maestros del tango y la música y poesía criollas:
René Ruiz, Alberto Hilarión
Acuña, José
Razzano, Luis Visca, Alfredo Pelaia, Homero
Manzi, Sebastián Piana,
Mario Pardo, Manuel
Acosta Villafañe, Abel Fleury, Alberto
Vaccarezza, Osvaldo
Sosa Cordero, Lito
Bayardo, Rosita Quiroga,
Julio De Caro, Claudio Martínez
Paiva, Carlos Montbrun Ocampo, don Andrés Chazarreta, Virginia
Vera, don Santiago Rocca,
Yamandú Rodríguez, Omar J. Menvielle, Hilario Cuadros,
Félix Palorma, Domingo Nocera Neto, Virginia Vera, Armando Pagés
y Rosendo Pesoa (dúo de guitarras de excepción), César
Bo, Félix Pérez Cardozo, Güalberto Márquez
"Charrúa", Enrique Uzal, Néstor
Feria... La lista sería interminable.
Allí se escuchaba tanto Música Criolla
como Tango. Y lo que es muy importante resaltar: todos estos maestros
cantaban, tocaban y acompañaban Tango y Música Criolla
en forma indistinta pues la consideraban naturalmente
la misma. Ambas brotes de un tronco común.
El Tango, a fines del siglo pasado y comienzos del
nuestro, comienza a tomar perfiles propios y distintivos en una evolución
que aún hoy continúa.
En la milonga, en cambio, se produce un fenómeno
interesante. No en su ritmo, pero sí en sus letras.
Tomó dos rumbos: queda la Milonga Campera
que hasta hoy trata temas de nuestra Pampa y la Milonga
Orillera o Milonga Rea -por lo general festiva-
en la que sus protagonistas son la ciudad y sus personajes. Mario
Pardo tenía en su repertorio, algunas milongas orilleras
picaronas. Antes de repetir el segundo verso de la décima, hacía
puente con un silbido travieso.
Voy a reproducir otra letra: "Cargamento",
una milonga orillera -de mis tiempos "de berretín de cantor"-
de ese estilo picaresco, con letra de Arturo
Galucci y música de Raúl
Hormaza. Recuerdo cuando se la cantaba, mucho le divertía
a Alejo Carpentier cuando la escuchaba en nuestros
inolvidables y añorados encuentros parisinos y también
cuando nos encontrábamos en Isla Negra, en casa de mi imborrable
Pablo Neruda.
Cargamento
Milonga
De tanto tirar la bronca
ya comentan en el barrio(bis) que soy un coso ordinario, un caradura y un ronga. Y que vos sos una tonta porque aguantás mi torpeza, en cuanto falto 'e la pieza, le ortivás a los vecinos del fangote que tuvimos te vi'á romper la cabeza. Le vas a pasar el santo enseguida a la encargada(bis) si te encajo una patada o te tiro con un banco. Todo el barrio ya está al tanto que soy un fiaca, un curdela, es por culpa de tu lengua que muchas veces te fajo, sabés que si no trabajo es porque sufro del reuma. Hiciste correr la bola primicia del conventillo(bis) que yo tengo un calzoncillo el mesmo de nuestra boda. Pero acordate pipiola que pa' nuestro casamiento yo traía un cargamento de duraznos y bananas y para comprar la cama los vendí a cuarenta el ciento. Después de todo, aclaremos: qué tanto sacar los trapos,(bis) mi desgracia de ser pato, es San Isidro y Palermo. Y aflojá porque estoy lleno, rajá pa' otro camarote, porque del primer cazote te lo juro Catalina, va a faltar penicilina para curarte el marote. III. Conclusión final
A la distancia, como suele ocurrir, las teorías
sobre el origen del tango se contradicen o se complementan como atinadamente
lo indica Jorge Rivera en "La Historia
del Tango" que publicara Ediciones Corregidor.
Si para Carlos Vega el tango proviene
en forma directa del Tanguillo andaluz, para
el maestro y viejo protagonista de la etapa pionera Luis
Teisseire, (autor con José
Enéas Riú de esa joya que es "Farolito
viejo"), deriva -por el contrario- de la danza cubana, en límpida
trayectoria genealógica.
Y los hermanos Héctor
y Luis Bates, en su
"Historia del tango", establecen, como señala
Rivera, una fórmula sintética y conciliadora, que resume
y sincroniza las influencias combinadas de la línea melódico-sentimental
y la fuerza emotiva de la habanera, la coreografía de la milonga
y el ritmo del candombe.
Hay un hecho incuestionable. Aquellos intérpretes
que a fines del siglo pasado y a principios del nuestro comenzaban a
crear, tocar y cantar tangos, tenían un repertorio integrado
en su casi totalidad por Música Criolla. Y por Música
Criolla me refiero a habaneras, milongas, estilos, vidalitas, cifras,
cielitos, huellas, tonadas, gatos, chacareras, etc. También incluían
polcas, mazurcas y valses. Todas estas músicas y ritmos eran
de origen europeo, en especial español.
Y esos creadores del tango, no renegaron de la Música
Criolla. Muy por el contrario, fue una de las fuentes de inspiración
para sus composiciones.
Vaya como ejemplo el dúo Gardel-Razzano.
Y aún antes de estos maestros legendarios, los primeros creadores
de nuestro tango componían e interpretaban también música
criolla y cuando componían Tangos, los llamaban "Tango
Criollo".
Mario
Pardo, a quién mi madre conocía de Chascomús
pues fue su profesor de guitarra y canto en su adolescencia, venía
mucho a casa de mis abuelos paternos en Villa Ballester. Sólo
a título de anécdota, quiero mencionar que Eduardo
Arolas le dedicó a Mario Pardo el tango "La guitarrita".
Recuerdo que don Mario siempre decía: «ahora
voy a tocar un Tango Criollo». En muchas
de las primeras partituras de principio de siglo, se los identifica
como "Tango criollo". Los compositores, los
autores y los intérpretes consideraban al tango -que ya comenzaba
a tener identidad propia-, como una resultante natural de la música
criolla.
Tal el caso -por ejemplo- de Ángel
Villoldo, que además de ser uno de los pioneros más
trascendentes e importantes de nuestro tango, compuso infinidad de estilos,
milongas y canciones criollas. Por ejemplo "Mi prienda", (estilo criollo),
"Cariño gaucho" (canción criolla), "Decime que sí"
(canción provinciana), "Pasionarias" (vidalita).
El respetado investigador y querido amigo Oscar
del Priore señala en un trabajo sobre Villoldo
y su época, «El tango todavía estaba en desarrollo
y como forma captable no se había definido. Las primeras obras
de Villoldo eran en su mayoría milongas de corte payadoresco,
que describían personajes y sucesos corrientes del ambiente que
solía frecuentar Villoldo. Estas primeras canciones son un valioso
testimonio de una época y de su gente.»
Un sinnúmero de los primeros tangos, tienen
nombres referidos precisamente a temas o situaciones de nuestra pampa.
Veamos: "Hasta la hacienda bagüala", "El fogón", "El orillero",
"Expresión criolla", "Recuerdos de la Pampa", "El gaucho", "La
yerra", "El pangaré" "Campero", "China moderna", "El arroyito",
"Criollo viejo", "El flete", "La gauchita", "El alero", "La criolla",
"El talar", "Mate amargo", "El matrero", "El ombú", "El palenque",
"Expresión campera", "Lamentos de un criollo", tantos otros...
El gran Vicente
Greco compuso "El estribo". Y en la partitura de este tango se lee:
"Inspirada en una vidalita".
El mismo Eduardo
Arolas: "Campo ajuera", "El chañar", "La trilla", "Palo errao",
"Viejo gaucho".
Agustín
Bardi: "Chuzas", "El abrojo", "El buey solo", "El cuatrero", "El
pial", "El rodeo".
Vaya otro ejemplo: los grandes maestros de nuestro
tango, Pascual Contursi
y Eduardo Arolas, compusieron
"Era linda mi gauchita", canción provinciana, como se denominaba
en ese entonces a ese tipo de expresiones musicales.
Y si analizamos por ejemplo "Qué
noche", ese clásico de Bardi,
notaremos que la segunda parte es y tiene, sin duda alguna, la dulzura
de una vidalita pampeana. Esa cadencia surera se nota también
en muchos de los tangos del mismo Bardi,
de Arolas, de Aróstegui,
Firpo, Aragón,
Martínez,
Saborido y Canaro.
Y más reciente, pero no menos grande, permítaseme
mencionar a "Aquellos tangos camperos" que el maestro Horacio
Salgán y Ubaldo Delío compusieron como un homenaje
a los creadores de nuestro tango.
Las primeras grabaciones de Gardel-Razzano y luego
las del propio Gardel cuando comienza como solista, incluyen milongas,
cifras, estilos, tonadas, etc. que son de antología. Sólo
para nombrar algunos de esos estilos: "A mi morocha", "El pangaré",
"Pobre gallo bataraz", "El sueño", "La mariposa" o "El moro",
cuya música Gardel-Razzano le dedicaran -y así figura
en la partitura original- a Mariano Villar Sáenz Peña,
primo hermano de mi abuela materna.
Recuerdo a Aníbal
Troilo, en "El Viejo Almacén", cuando el último parroquiano
partía para que no lo atrape y castigue el sol de la aurora,
ese sol por el que curiosamente siente tanta aversión mi entrañable
"Tuco" Paz pese a su antigua la familiaridad con tales encuentros...
Nos quedábamos entonces en los altos de "El Viejo Almacén"
un pequeño grupo de privilegiados.
En esa mágica ronda, Troilo
me pedía con generosidad que cantara alguna milonga, un estilo
o una cifra. «El cantor de tango debe saber, siempre, un estilo
y una milonga. Si no, no es un buen cantor de tango», era
una de sus frases.
«El Tango viene del sur», decía
Troilo y como ejemplo, se
remitía entre otras, -recuerdo- a una de las coplas de "La Morocha":
«"Yo, con dulce acento / junto a mi ranchito, / canto
un estilito / con tierna pasión, / mientras que mi dueño
/ sale al trotecito / en su redomón". Esto -decía
Troilo- es un retrato de la Pampa...»
Y para terminar estos comentarios sobre la Música
Criolla y su relación con el Tango, me permitiré abusar
al extremo de su paciencia para transcribirles la letra de "En un feca".
Es un tango que me enseñó un gran amigo
de mis padres, Don René Ruiz primera voz del legendario dúo
Ruiz-Acuña, luego integrante del trío Ruiz-Gallo-Pérez
Cardozo y más tarde de los dúos Ruiz-Gallo y Ruiz-Palorma.
Le pasé este tango con gran cariño a
mi fraterno Leonel Rivero
que llegó a grabarlo. "En un feca" tiene la particularidad de
haber sido escrito por décimas, como se expresaban por lo general,
los viejos payadores de fin del siglo pasado o principios del nuestro.
Troilo -que lo conocía pero
que como René Ruiz tampoco sabía quién era su autor-
me decía que era un tango de estructura musical y poética
surera, si bien, ya es una letra cuya temática se desarrolla
no en el campo sino en la ciudad. Y no precisamente en un monasterio
trapense...
En un feca
(tango)
En un feca de atorrantes,
rodeada de escabiadores, una paica sus amores rememora sollozante. En tanto, los musicantes pul... pulsando los instrumentos lle... llenan de tristes acentos el feca tan concurrido donde chorros aguerridos triste sue... triste sueñan con el vento. Con tu pinta de diquera me hici... me hiciste mucho aspamento, me trabajaste de cuento, como a un otario cualquiera. Y de la misma manera me hici... me hiciste tirar la daga y pa' colmo de mi plaga yo punguié por tu cariño, me engrupiste como a un niño pero esa... pero esa deuda se paga. y Como tu fin ya está escrito, fácil es de imaginar, muy pronto irás a parar a manos de un compadrito. Y cuando ya esté marchito ese... ese cuerpo compadrón algún... algún oscuro botón será el llamao a cargarte, nadie quiere el estandarte si es lunga... si es lunga la procesión. |
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