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Historia de “El entrerriano” y sus principales grabaciones
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Por Roberto
Selles
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on esta página comenzó a difundirse la estructura de tres partes que caracterizó al tango de la guardia vieja y, cien años después, “El entrerriano” sigue siendo uno de los mayores clásicos del género.
Luego, otros autores probaron suerte escribiéndole otras letras: H. Semino, S. Retondaro, Vicente Planells del Campo y Oscar Amor, Julián Porteño y Homero Expósito. El de Expósito es, no nos caben dudas, el mejor de esos muchos textos. En 1897, Anselmo Rosendo Mendizábal —que firmó sus tangos como "A. Rosendo"— se encontraba amenizando las veladas de la “casita” de María Rangolla, "La Vasca". Eran días duros; la mayor parte de las ganancias de los músicos provenía de las generosas propinas, aunque para ello hubiera que dedicar alguna composición al oportuno donante. Ese, precisamente, fue el caso del tango que Mendizábal tocó por primera vez en el piano de “La Vasca”, el 25 de octubre de aquel año. La vivacidad canyengue de la melodía deslumbró a la concurrencia desde el primer compás. El bailarín José Guidobono —que era de la partida—, olvidó sacarle viruta al piso paralizado por el hechizo de aquellas notas. Terminada la ejecución, se acercó al compositor y le sugirió: «¿Por qué no se lo dedica a Segovia?» El mencionado era Ricardo Segovia, un hacendado oriundo de Entre Ríos, que andaba tirando manteca al techo por la noche de Buenos Aires. Mendizábal le propuso el honor de titular “El entrerriano” al nuevo tango. Cuando apareció la partitura, el ganadero engordó de orgullo al ver la dedicatoria que lucía en la carátula: «Al Sr. Ricardo Segovia». También el bolsillo del compositor sintió la obesidad que le provocaban los cien pesos provenientes de la dadivosa mano del pudiente litoraleño.Algunas grabaciones de "El entrerriano" Orquesta Eduardo Arolas (1913) |
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