![]() |
|
El vals criollo |
|||||||||
La mayoría de los expertos ubican su nacimiento en el Tirol y mencionan como antecedente “la volte”, una danza también en tres tiempos del siglo XII. Lo cierto es que en el siglo XIX se populariza, toma su nombre definitivo y lo encontramos en la ópera y en el ballet. Los grandes maestros clásicos incursionaron en el género creando verdaderas joyas musicales. Valgan como ejemplo: Fryderyk Chopin, con su recordado “Vals del minuto” entre otros, Johann Strauss, con “Danubio azul” o el “Vals del Emperador” y Piotr Tchaikovsky con “Cascanueces”, “La bella durmiente” y “El lago de los cisnes”. También podemos nombrar a Johannes Brahms, Emil Waldteufel, Franz Shubert, Franz Liszt.
Esta forma musical adopta diferentes características según la región donde se la adoptó y así, podemos distinguir: el vals alemán; el vals ruso, de ritmo más marcado que aquel; el vals vienés o austríaco, llamado vals a dos tiempos en referencia a su coreografía; el vals americano, que denominan “Boston” y otros muchos más. En latinoamérica, también adopta diversas modalidades según cada país: el vals ranchero o mejicano; el vals peruano, de pasos más cortos; el vals criollo que en su desarrollo se convierte en lo que algunos denominan vals tango, por su orquestación en las formaciones típicas, y así podríamos nombrar otros varios ejemplos. Ya en 1810, el vals europeo se danza en Buenos Aires y en Montevideo, con especial auge en los sectores sociales más altos, reemplazando a las danzas antiguas y conviviendo con otras formas nuevas: polcas, shotis y habaneras.
Cuando el pueblo comienza a expresarse con este ritmo, nace el vals criollo, al principio en las cuerdas de los payadores y enriquecido más tarde, con el aporte de la inmigración. El mítico José Betinotti es un ejemplo, con su vals “Tu diagnóstico”, registrado por Carlos Gardel en 1922 y recreado por Aníbal Troilo con el aporte vocal de Francisco Fiorentino, en 1941. Los músicos del tango lo incluyen en sus repertorios, regalándonos bellísimas obras: Gerardo Metallo: “Recordándote”, grabado por “La Rondalla del Gaucho Relámpago”, en 1912, para discos ERA. Pascual De Gullo: “Lágrimas y sonrisas”, llevado al disco por Eduardo Arolas en 1914, convirtiéndose en un gran éxito en la versión de Rodolfo Biagi en 1941. Juan Maglio: “Orillas del Plata”, registrado por su autor para el sello Odeon, en 1928.
Pedro Datta: “El aeroplano”, una de las primeras grabaciones de Francisco Canaro con su trío, para el sello Atlanta en 1915. Roberto Firpo: “Noches de frío”, presentado por el autor en solo de piano, en 1912, entre otros muchos valses surgidos de su inspiración.
Vicente Romeo: “Un placer”, llevado al disco por Firpo e Ignacio Corsini en 1922. Anselmo Aieta: “Palomita blanca”, el más popular del género, sus primeras versiones son la de Canaro con Charlo y después con Ada Falcón, en 1929. Al final de ese mismo año, lo registra Corsini. Francisco Canaro, con incontables éxitos en este ritmo, destacamos Antonio Sureda: “A su memoria”, grabado por Agesilao Ferrazzano en 1927. Augusto Berto: “Penas de amor”, registrado por el autor en 1913, para discos Atlanta. Carlos V.Geroni Flores: “La virgen del perdón”, que grabaron Gardel, Corsini y Ada Falcón, en 1929.
Alberto Hilarión Acuña: “Temblando”, con la destacadas versiones de Corsini en 1933, y Aníbal Troilo con la voz de Fiorentino, en 1944. Enrique Maciel: “La pulpera de Santa Lucía”, con muchísimas grabaciones, la más famosa, la de Corsini, en 1929. Rafael Rossi: “Rosas de abril”, grabado por Gardel en 1927. Víctor Troysi: “El día que me quieras”, cuya partitura menciona a su autor como el “Rey del vals Boston”.
|
|||||||||