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Dos amigos: Enrique Dizeo y Celedonio Flores
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Por Gaspar
Astarita
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Ambos venían de barrios orilleros: Enrique Dizeo de San Cristóbal, Celedonio Flores de Villa Crespo. Y los dos habrían de nutrirse en la calle, en ámbitos ciudadanos con tertulias de esquina y almacén. Y también fueron hombres de la milonga, de las timbas y los hipódromos. Todas las criaturas y los sucesos entrevistos en esa atmósfera -en donde nunca faltó el amor y el drama- fueron llevados al tango en páginas que están resistiendo el olvido. No pretendo equipararlos intelectualmente, Celedonio tuvo más vuelo lírico. Su tono fue más empinado, más viril, más dramático. Sus tangos horadaron el terreno de la poesía. Los de Enrique Dizeo -no por ello menos tangos- se mantuvieron en el estricto ámbito de la letrística, que es donde se mezcla el arte y la artesanía. Pero la riqueza verbal, las palabras y los giros lunfardos empleados con naturalidad y ese tono entre canchero y humorístico que campea en muchos de sus escritos, que denuncia en su preciosa aleación al hombre de orilla y asfalto, es bastante similar en ellos. Los dos fueron también apasionados por el juego, pasión que dejaron reflejada en su lenguaje.
Celedonio fue hombre de carpeta, «de timbas llenas de cigarrillos, en el monte con puerta, a salto y carta», como señalara Cátulo Castillo. A Enrique Dizeo, en cambio, «le tiraron los burros». Su tango Pan comido, como dijera mi amigo Abel Darago, «parece escrito desde la popular del hipódromo de Palermo». Y los dos fueron amigos. Y ambos dejaron testimonio de esa amistad a través de sendos envíos poéticos. Aquí están los dos, extraídos del libro "Cuando pasa el organito", de Celedonio Flores (editorial Freeland, Buenos Aires, 1965).
Es el coplero del pueblo escondido en la barriada. El canyengue del terruño, lejano del
populacho Expresivas sus milongas cuando habla de la
percanta ENRIQUE DIZEO
No hay plazo que no se cumpla, ni deuda que
no se pague, Esto, va pa'que no digas que me gasto haciendo
espuma Yo te tengo relogiado los mil en cincuenta
y nueve Vos dejá que otro le cante a la dama
presumida ¿Qué sabemos de marquesas, de
blasones y litera Vos sos púa, tenés alma y en
lo rante estás "chipola" CELEDONIO FLORES
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