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Las películas de Canaro |
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| por Héctor Ángel Benedetti | |||
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Ídolos de la radio (1934) A comienzos de 1934, Francisco Canaro, Jaime Yankelevich y Juan Cossio fundaron la Productora Cinematográfica Argentina Río de la Plata, con la dirección artística de Morera. Lo primero que rodaron fue este film (cuyo título de rodaje era Broadcasting utilizando como estudio un galpón ubicado en Uruguay 518). Se inauguraba con él una nueva temática en el cine argentino: el ambiente radiofónico como generador de situaciones y como excusa para el desfile de artistas de cartel. A pesar de lo rudimentaria que parece hoy en día, la cinta tuvo un éxito brillante y pudo ser bien vendida en España, gracias a las gestiones del propio Canaro. Hoy circula en copias mutiladas, donde falta por entero la actuación de Tita Merello.
Por buen camino (1935) La segunda película tuvo un impacto inicial que no se mantuvo en las fechas sucesivas, y terminó completamente olvidada. Se trataba de una exaltación al deporte (al año siguiente se disputarían las Olimpíadas). Para este film, Canaro compuso una marcha deportiva titulada Paso al deporte, con letra de Eduardo Ursuni, y el tango El que a hierro mata, con letra de Ivo Pelay. Las exequias de Carlos Gardel (1936) Documental sobre el velatorio y el cortejo fúnebre que acompañó los restos de Gardel hasta el Cementerio del Oeste, en la Chacarita. Incluía escenas de la orquesta de Canaro.
Ya tiene comisario al pueblo (1936) La obra de teatro original fue un suceso desde su presentación en el Teatro París, de la calle Suipacha. Pero fue llevada al cine con cierta torpeza, y teniendo en cuenta que todo el país conocía la comedia de memoria, la película tuvo escasa repercusión. Sus alusiones al fraude electoral llamaron la atención del crítico Roland, quien tuvo la gentileza de hablar bien. Treinta años después, Enrique Carreras dirigió una remake con Niní Marshall y Ubaldo Martínez. La muchacha del circo (1937) A partir de la obra Gran Circo Rivolta, estrenada por la compañía Muiño-Alippi, se encaró la producción más costosa de la empresa. Terminó siendo una de las peores películas en la historia del cine argentino; elemental hasta lo bizarro y sin duda la obra más pobre de Romero. Con la exigua recaudación generada, se disolvió la sociedad Yankelevich-Cossio-Canaro. El músico intentó vender el estudio a don Ángel Mentasti, dueño de Argentina Sono Film; pero el repentino fallecimiento de Mentasti frustró la operación. También fracasó un intento de sociedad con el propio Romero, y Canaro debió continuar sólo. Dos amigos y un amor (1938) “Ni más ni menos que una obrita radial fotografiada”, escribió Calki. Los pronósticos no podían ser peores: Canaro, como productor, al frente de una disciplina que no dominaba; Demare, dirigiendo su primera película y contando apenas con una escasa experiencia como montajista; Pepe Iglesias y Norma Castillo, en sus debuts cinematográficos. Sin embargo, la taba cayó esta vez del lado de la suerte y el film fue un notable éxito de boletería. Casi no lo podían creer. Cantando llegó el amor (1938) Luego del oasis que significó la película de Demare, volvió la mala racha. Aquí se intentó hacer una comedia musical a partir de El celoso extremeño, de Cervantes. El resultado: ochenta y cinco minutos de aburrimiento. Fanny Navarro, que luego sería una de las máximas estrellas locales, en ésta -su tercera película- apenas si aparece. Turbión (1938) Canaro, en sus memorias, ubicaba a Turbión después de Veinticuatro horas en libertad, pero lo cierto es que se estrenó antes. Para Turbión, Canaro y Manzi compusieron la rumba Salú... salú... y una “nueva danza” llamada Milongón. La película merece revisarse mejor: la mala crítica que le hiciera el propio Canaro determinó que la mayoría de los comentaristas la tuvieran a menos, cuando en realidad es un notable film policial, de tema comprometido y bien resuelto. Comercialmente, un fracaso. Veinticuatro horas en libertad (1939) El personaje de Niní Gambier estaba pensado para otra Niní: nada menos que la Marshall. No pudo ser. Igual se hizo, y una vez terminada se buscó algún empresario dispuesto a estrenarla. No pudo ser. Al borde de la exasperación, Canaro decidió pagar una sala; por lo menos alguien iría. Pero no la vieron ni los acomodadores. No pudo ser. El diablo andaba en los choclos (1946) Después de años de inactividad en las inversiones cinematográficas, Canaro reapareció en coproducción con Sandrini para esta adaptación de la obra teatral de Orlando Aldama. A pesar del increíble éxito internacional que tuvo el film, la empresa sólo alcanzó a cubrir los gastos. ¿Qué fue lo que pasó? Pues que la distribuidora Interamericana ofertó por los derechos de explotación unos $ 350.000 y, antes de concluirse el rodaje, Canaro y Sandrini los cedieron por esta cifra creyendo que los costos ascenderían a sólo $ 250.000. Fue un mal negocio: los gastos acusaron $ 348.000 y la Interamericana obtuvo así, con un desembolso proporcionalmente mínimo, una ganancia impresionante. El diablo andaba en los choclos fue una de las películas argentinas más taquilleras, pero salvo sus distribuidores nadie vio un peso. En España se estrenó con el título de Mientras el cuerpo aguante, cosa que seguramente pensaba Canaro mientras hacía su balance. Con la música en el alma (1951) En el teatro Casino, la comedia musical de Manzi, Bruno y De Bassi había tenido una buena aceptación desde su estreno en 1949; Canaro, con cierta ingenuidad, juzgó apropiado llevarla al cine. Toscanito venía de un par de aciertos cinematográficos y aquí repitió todos sus clichés; sin embargo, el público lo soportó y salió airoso. A la película no le fue mal, pero el intento de coproducción con la empresa EFA no funcionó y Canaro debió iniciar un reclamo judicial para obtener el reembolso de los $ 400.000 invertidos. Y fue el último de Canaro por producir cine: luego de este film, decidió vender lo que quedaba de la compañía Río de la Plata al señor Adolfo Wilson, de la Cinematográfica Terra. |
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