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Crónicas
Reseña de mujeres bailarinas (Primera parte)
por Luis Alposta y aportes de Oscar Himschoot
  
on la misma intensión que tuvimos cuando publicamos la reseña de bailarines masculinos, presentamos este listado de las “féminas danzantes”, con la esperanza que, con el transcurso del tiempo, se obtenga más información que lo enriquezca y complete.

Adelita

Casimiro Aín
Casimiro Aín y su esposa

Aín, Marta: Esposa y compañera de baile de Casimiro Aín, con quien viajó a París en 1913.

Amaya, Concepción: Más conocida como “Mamita”. En su casa, ubicada en Lavalle 2177, Ernesto Ponzio compuso su famoso tango “Don Juan”. Domingo Greco, en sus memorias inéditas, según cita del Dr. Benarós, entre otras cosas, dice: «En esta casa seleccionaban la clientela. Concurría muchachada bien... De los pianistas, los primeros profesionales que conocí fueron Ángel Villoldo y Sergio Mendizábal, hermano de Rosendo. Tocaba el tango más compadrón, y era más sólido en el acompañamiento, más tempista. Fue uno de los mejores tangueros de su época. Tocaba con preferencia en lo de Concepción Amaya. Cuando esta mujer emigró de Buenos Aires, se instaló con un prostíbulo en el pueblo de 9 de Julio, llevándose a “El Negro Sergio”. Después me dijeron que falleció sentado en un boliche, con la guitarra en las rodillas. Tocaba muy bien la guitarra y cantaba, hasta improvisaba. En cambio, Rosendo producía mejores tangos...»
“Mamita”, según nos informaba Luis Teisseire: «Era alta, flaca, autoritaria. De cutis morocho oscuro, más bien achinada, brava, de ojos negros. Vestía siempre de largo, con traje oscuro de seda. Se la veía toda cubierta, con cuello alto. Su casa de baile era también un prostíbulo. Entre sus pupilas se contaban “La Ñata Rosaura”, Herminia y Joaquina. Luego de una cancel de vidrio, se pasaba a un patio largo, con las piezas al costado y el clásico comedor». Allí, tocaban el piano Sergio Mendizábal, “El Gordo Mauricio” y el propio Teisseire, nuestro informante.

Antonina, “La Chata”: Citada por Daniel J. Cárdenas.

Arcieri, Daniela

Arroyuelo, Chela

Balbina, Hermanas: (Rosa y María) Actuaron en la Stella di Roma, en Corrientes y Uruguay, conocida por “El baile de Pepín”. Fue la primera casa de baile que se estableció en el centro y la que mayor auge tuvo por la atracción que ejercían las hermanas Balbina. Esta casa fue una de las que adoptó el sistema del organito tapado con un colchón, para que los ecos no trascendieran a la vía pública y llegaran a oídos de la autoridad policial.

Julia y Lalo Bello
Los Bello

Bello, Julia (Nombre real: Celina Julia Hernández de Bello) Con su esposo Julio, formó la pareja “Los Bello”.

Bórquez, Elsa María: Compañera de baile de Héctor Mayoral, con quien actuó en los recordados espectáculos musicales de Mariano Mores.

Calderón, Carmencita

Catalina “La Tísica”

Enriqueta “La Conchuda”

Ferreyra, Tota

Firpo, Aurora

Georgette

Gloria: (Nombre completo: Gloria Julia Barraud). Integra la pareja “Gloria y Eduardo”, la que tuvo destacada actuación en Tokio, en 1961, con la orquesta de Francisco Canaro.

Gómez, Carmen “La Parda”: Regenteaba un famoso peringundín que estaba ubicado en las cercanías de la antigua Plaza Lorea. «Fueron los morenos en la segunda mitad del siglo XlX propietarios de academias de baile, como se denominaban los peringundines donde el compadraje orillero acostumbraba concurrir. Era conocida en aquella época, y sus mentas llegaban hasta el centro, la casa de una parda, que alrededor de 1854 abría las puertas de su salón de baile a los amantes del bullicio. La crónica policial de aquel tiempo relata numerosas incidencias ocurridas allí, donde concurrían la soldadesca, morenos de diferentes barrios, carreteros... En la ya citada casa de la morena, a raíz de un expediente iniciado por una descomunal pelea, nos enteramos —tiempo después— de que se danzaba al compás de la música que tocaba al piano el pardo Alejandro Vilela.» (R. Rodríguez Molas: “Negros libres rioplatenses”. Revista de Humanidades, Ministerio de Educación de la Provincia de Buenos Aires, año l, septiembre de 1961, pág. 114).

Carmen Calderón
Carmen Calderón con El Cachafaz

Grey, Tita: Bailaba con Pablo Lento “Los Lentos”.

Herminia: Bailaba en la “casa” de Concepción Amaya “Mamita”.

Hernández, Celia Julia

Jazmín

La Apache Cocinera: Bailó con La Lora.

La Babosa: Una linda mujer, llamada así por su manera de hablar.

La Barquinazo: Julián Centeya en “El Misterio del Tango” dice: «Se la conoce por su velocidad tan aplaudida». Daniel J. Cárdenas comenta que presumiblemente, era algo renga.

La Cachito: también La Cacho, bailó con “El Gallego Méndez” y, posteriormente, con “Cabecita de Oro”. Carmen Calderón la recuerda así: «La Cachito era una bailarina de excepción y sin duda, una de las más grandes bailarinas de tango de que se tenga memoria».

Baile de patio

La Chata

La China Flora

La China Venicia: (o Benicia) Citada por “Viejo Tanguero”, en el diario Crítica del 22 de septiembre de 1913, como una de las buenas bailarinas que concurrían a la academia de Pozos e Independencia. Fue a principios de siglo, en este lugar, donde el tango tuvo su mayor apogeo, adoptándose un sistema cadencioso y acompasado que, con el tiempo, se ha ido perdiendo.

La Flaca Esther: Bailó con La Lora.

La Flaca Rosa

La Fosforito

La Francesita: (nombre real: Emma Boveda). Falleció en 1941. Durante veinte años, de 1910 a 1929, fue la compañera de El Cachafaz. Carmen Calderón la recuerda así: «Era una mujer hermosa y de agallas. Se comentaba en rueda de El Estaño que cuando la ocasión se presentaba se ponía al lado del Cachafaz, extraía de su cabellera o del sombrero, algún arma punzante y combatía sin timidez en defensa de su pareja. Una de las muestras de su carácter felinamente rápido se contaba así: cierta noche trataban de entrar en el departamento que El Cachafaz tenía en la calle Paraná, entre Sarmiento y Cangallo, cuando La Francesita advierte que se ha dejado olvidada la llave. El Cachafaz no cargaba nunca esas llaves. De modo que Domingo Catalano, El Cachafaz y Gardel —íntimo amigo del bailarín—, y Emma Boveda, quedaban impedidos de entrar. Sin dudar un instante, La Francesita se envolvió la mano con un pañuelo y le metió una trompada a la mirilla de vidrio, con lo que pudo meter la mano y abrir la puerta del departamento. En el año 1941, la bailarina estaba internada en el Hospital Rawson, muy grave. Emma Boveda clamaba y deliraba con que «quería ver a su esposo». Sin embargo, aquel hombre tan serio y justo, tan severo en su comportamiento y tan respetuoso, no aceptó de ir a verla, ni tampoco lo permitía a quienes estábamos cerca de él».

La Galarza

La Gallega Carmen: Bailó con La Lora.

La Gallega Consuelo: Bailaba en lo de María la Vasca.

La Gallega María

Baile2

La Gaucha Manuela: Refiere Roberto Firpo de una entrevista realizada por el Dr. Benarós: «Yo empecé en “El Velódromo” con el piano, en 1907, con Bevilacqua. Entonces tenía veintidós años y venía de los Corrales, de allá, de Rioja y Caseros. El dueño de El Velódromo era Pesce, creo que padre del que fue luego dueño del Luna Park. El lugar ocupaba una extensión de unas cuatro manzanas cercadas. En el centro tenía un terraplén de tierra. Adentro, una pista, donde corrían los ciclistas. Se entraba por un camino de tierra, que a veces se convertía en un barrial. Estaba a dos cuadras de Hansen. Se servían bebidas sobre unas mesitas de lata, puestas debajo de los árboles. También tenía piezas. Desde El Velódromo se veía cuando tocaban en Hansen. Solía concurrir la “Gaucha Manuela”, mantenida de un muchacho Del Carril, al que creo le comió cuatro o cinco millones. Era morocha, muy guapa, muy criolla para hablar. Capaz de agarrar un cuchillo y empezar a los planazos. Yo le dediqué un tango, “La Gaucha Manuela”. Nos pedían esas dedicatorias, y a veces el interesado nos largaba cien pesos. Ese tango lo dediqué “a la distinguida señorita Manuela López”. Yo ganaba un peso por día y algunas propinas. No había mujeres. Cada uno llevaba la suya».

La Gringa Catalina

La Guanaca: Se la incluye en la lista de bailarinas memorables, realizada por Daniel J. Cárdenas.

La Leona

La Lily: Bailó con La Lora.

La Mondongo (Matilde)

La Mondonguito: Bailarina de fama que allá por 1913, solía frecuentar la academia de Pozos e Independencia, famosa por las buenas bailarinas que allí concurrían.

La Moreira: Se llamaba Luciana Acosta; era hija de andaluces gitanos; vivía con su hombre “El Cívico”, Bautista Salvini, en la pieza número 15 del conventillo “El Sarandí”, situado al 1356 de la calle del mismo nombre y donde ocupaba algunas habitaciones la familia de los Greco.

Bailarina de gran fama en el primitivo ambiente tanguero, bailaba en el café La Pichona, en la calle Pavón, entre Rincón y Pasco (entonces barrio de lupanares), donde, según la describe José Sebastián Tallón, era socia de su marido proxeneta y una calificada bailarina. «Ella era en la noche una mujer del tango. En las venas le burbujeaba la bravura gitana, y, con ser tan femenina en su apariencia, y tan hermosa, en sus tareas sombrías era de mucho “valor” como tiradora de daga, y de ahí su apelativo... Su figura: no muy alta, de formas perfectas, la voz sensual, como su rostro, como su andar; cutis de matiz aceitunado, pelo y ojos renegridos, boca pequeña, busto óptimo. Bata de seda azul o roja con pintitas blancas. A veces de fantasías escocesas, o de floreados pompadur la manga entera y el puño de volados de encaje. Se cerraba la bata, desde la garganta al comienzo del seno, con un cordón de seda en zigzag por los ojales bordados, rematando en un moño terminado en borlas. El cuello de encaje aballenado, tomando toda la garganta, tenía el borde de puntilla. La cintura estaba ceñida hasta hacerse daño por el corsé modelador, también armado con ballenas. La pollera era tableada y de color gris o verde claro, y su vuelo desmesurado llevaba el frou-frou de los voladones plegados de las enaguas almidonadas o de tafetas. Perfumes Rosa de Francia, Agua Florida, Jour de Gloire. El peinado de rodete en la nuca, las horquillas y peinetones de carey, los grandes aros de argolla de oro —del tamaño de la boca de un vaso—, y el collar con portarretratos. Bueno, en el portarretrato iba “El Cívico”».