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El Cantor del Tango: Su evolución
en el tiempo
El cantor de la orquesta
Ya en 1933 la orquesta de Francisco
Lomuto, sin perder su hegemonía en lo estrictamente musical,
otorgaba a su cantor, Fernando Díaz, y después del 35
a Jorge Omar, un espacio más
destacado que la de un simple estribillista, pero aún con un
rol secundario respecto de la orquesta. Lo mismo se observaba con Roberto
Maida en la formación de Canaro
y con Horacio Lagos en la de Edgardo
Donato.
En 1934 la orquesta de Roberto Zerrillo con la voz
de Francisco Fiorentino
ejecuta el tema "Serenata de amor" -del propio Zerrilo y Oreste
Cúfaro- con la letra casi completa.
Yo creo que el momento bisagra entre el cantor
de orquesta y su antecesor hay que buscarlo en la aparición
de las nuevas orquestas que comenzaron en la mitad de la década
del treinta y a principios de la década siguiente, que serán
las hegemónicas de ese fenómeno renacentista de nuestra
música ciudadana que fue el cuarenta.
Me estoy refiriendo, en primer lugar, a Juan
DArienzo, que asume la dirección de su orquesta en
1934 y comienza a trabajar en el sello Víctor al año siguiente,
graba el 4 de enero de 1938 el tango "Indiferencia" de Rodolfo
Biagi y Juan Carlos
Thorry, con su cantor Alberto
Echagüe y lo hace con todas las características del
cantor de la orquesta.
Aníbal
Troilo, que debuta con su orquesta el 1º de julio de 1937,
recíen graba un tango cantado el 4 de marzo de 1941, "Yo
soy el tango" con la voz de Francisco
Fiorentino, el símbolo del cantor de la orquesta.
Una orquesta ya consagrada en el veinte como la del
maestro Osvaldo Fresedo transforma
a su estribillista Roberto Ray
en su cantor, a partir del tango "Media vida", grabado el
3 de septiembre de 1938.
Ricardo Tanturi
que comienza con su orquesta en el año 1937 y graba con su cantor
Alberto Castillo el vals
"Recuerdo" en enero de 1941, genera otra de las más
recordadas duplas, luego continuada por el cantor uruguayo Enrique
Campos.
Ángel
DAgostino, que formó uno de los rubros más famosos
de su época con su cantor Ángel
Vargas, graba el 13 de noviembre de 1940 "No aflojés"
de Pedro Maffia, Sebastián
Piana y letra de Mario
Battistella.
![]() Angel D'Agostino y Angel Vargas Miguel Caló
con Raúl Berón,
Rodolfo Biagi con Jorge Ortiz,
Aníbal Troilo con
Alberto Marino, luego de
la partida de Fiorentino,
Osvaldo Pugliese con Alberto
Morán y Carlos Di
Sarli con Roberto Rufino,
son otros famosos binomios de esta etapa.
La principal característica de este momento
en el desarrollo evolutivo del tango cantado, es sin duda, la perfecta
sincronización y armonía que había entre el vocalista
y la formación musical. El cantante era una voz destacada pero
era también un instrumento más de la orquesta, la que
generalmente hacía su lucimiento al principio y en el medio de
la pieza para, después, ponerse a disposición de la voz
en el resto del tema.
La voz afinaba con los músicos de tal forma
que el cantor era un músico más y su voz un instrumento
musical que sobresalía, no por la factura de un solo, como lo
haría un violín o un bandoneón en la época
anterior, rol también breve asignado a los estribillistas, sino
por su protagonismo en el tema.
Además este protagonismo se manifestaba en la
aceptación popular y en la importancia comercial que había
adquirido el cantor, por el valor de su cachet, por el volumen de ventas
de discos, por la cantidad de público que convocaban, por el
cartel, por las notas en las radios, diarios y revistas.
El éxito impresionante que tuvo el tango en
el cuarenta se debió a tres razones. La primera fue la gran proliferación
de orquestas integradas por jóvenes y talentosos músicos:
Aníbal Troilo, Osvaldo
Pugliese, Miguel Caló,
Alfredo de Angelis, etc.
![]() Aníbal Troilo con sus cantores Fiorentino y Marino La segunda fue el ritmo que impuso la orquesta de Juan
DArienzo a mediados del treinta y que provocó un nuevo
acercamiento de los jóvenes con la danza y el género,
produciendo el resurgimiento del tango.
Y, en tercer lugar, el nuevo rol del cantor de tangos
en la orquesta, importancia que se refleja en las discografías
de las más importantes formaciones de ese período donde
encontramos pocos temas instrumentales.
Ser cantor de la orquesta no significaba únicamente
cantar la letra completa de un tango, era fundamentalmente el resultado
de una nueva estructura en la concepción de la pieza, que se
planificaba de un modo diferente a como se hacía hasta entonces.
Carlos Dante,
el mejor cantor de Alfredo
de Angelis, interpreta el tango "Vieja luna" de Arturo
Gallucci y Celedonio Flores,
grabado el 31 de agosto de 1945, haciendo la mitad de la letra, lo mismo
ocurre con la versión del tango "Los mareados" de Juan
Carlos Cobián y Enrique
Cadícamo grabada por Francisco
Fiorentino con Aníbal
Troilo el 15 de junio de 1942, y con Ángel
Vargas en "Muchacho" de Edgardo
Donato y Celedonio Flores,
grabado con DAgostino
el 13 de noviembre de 1940, y no por eso dejan de ser arquetipos de
cantores de la orquesta.
El cantor y el director eran socios en un planteo que
los mostraba con igual protagonismo, generando en la mayoría
de los casos -en carteleras y marquesinas- un rubro de dos apellidos:
Troilo-Fiorentino, DAgostino-Vargas, DArienzo-Echagüe,
etc.
En definitiva, el cantor y la orquesta formaban una
unidad inseparable, una verdadera sociedad artística.
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El Cantor del Tango: Su evolución
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