
uchos estamos familiarizados
con los apodos de los creadores del tango, pero no siempre conocemos
su verdadero origen. Es por eso que me propuse investigar algunos apelativos,
no sólo de los artistas más populares, sino también
de aquellos que hoy son casi desconocidos y por su curiosidad valen
la pena ser comentados. Si bien circulan muchas leyendas o historias
inventadas sobre los mismos, los que aquí presentamos tienen
la virtud de ser contados por boca de ellos mismos o de sus amigos o
parientes, motivo por el cual entiendo que revisten mayor veracidad.
Prudencio Aragón:
El Yoni
Pianista de la Guardia Vieja y autor de "El
talar", uno de los tangos más antiguos. Su apodo proviene
de la vieja costumbre de bautizar a las personas de acuerdo a su procedencia
o con algún rasgo que los asociara a algún pueblo o
etnia en particular. El cabello colorado de Prudencio se lo asociaba
con los rasgos anglosajones, por eso "El yoni", por Johnny
en inglés.
Francisco Canaro. Pirincho
y El Kaiser
De
su libro "Memorias": «En el momento de dar a luz,
a mi madre la atendía una partera de nombre Sara, quien al
verme nacer exclamó: "¡parece un Pirincho!",
que es un pájaro con copete. Y... parece que nací con
los pelos parados. Antes que el nombre ya me llamaban así».
En el diccionario "Sopena" aparece: Pirincho; nombre dado
en el Río de la Plata a una especie de urraca gris con alas
negruzcas.
Sus hermanos y sus músicos comenzaron a llamarlo "El Kaiser",
por su carácter enérigco y su actitud de líder.
Recordaban al Rey Guillermo I, Emperador de Alemania de 1871 a 1888,
cuyo gobierno fue duro e inflexible, inspirado en la política
de su canciller Bismarck.
Gabriel Clausi: Chula
Es
un caso parecido al de Canaro. Cuando nació, su padre exclamó
que parecía un "chula". Clausi tardó años
en saber el origen de su apodo, hasta descubrir que en el Brasil se
le llamaba así a un pequeño mono que habita en el campo.
Coincidentemente, sus padres vivieron allí un tiempo, justamente
donde Clausi comprobó que habitaban esos monos de destacada
cabellera, como la que él trajo al nacer.
Juan D'Arienzo: Grillito
y El Rey del Compás
En
sus comienzos fue violinista, y si hay algo en que todo el mundo estaba
de acuerdo era en considerarlo más que mediocre con ese instrumento.
A tal punto que alguien decidió llamarlo "Grillito",
porque los sonidos que conseguía arrancar a las cuerdas se
asemejaban a los ruidos que produce este insecto. Con el tiempo este
quedó en el olvido y fue reemplazado por "El Rey de Compás",
referido al ritmo picante que caracterizó a su orquesta.
Carlos Di Sarli: El
Tuerto
Nada
agraciado resultó el apodo que le colgaron. La historia se
remonta a cuando tenía sólo 13 años de edad y
transcurre en la armería de su padre en Bahía Blanca.
Uno de los empleados tuvo la desgracia de que se le escapara un tiro
mientras manipulaba un arma, hiriendo al pequeño Carlos. El
empleado se llamaba Roberto Bognoni, un hombre muy querido por la
familia, que en su desesperación abandonó su trabajo
y la ciudad. El pibito fue intervenido quirúrgicamente, se
le colocó una placa de platino y le recomendaron usar lentes
oscuros, que serían luego un elemento característico
de su imagen.
Ricardo Brignolo:
La Nena
Bandoneonista
y autor de "Chiqué". Cuando era un pibe, de no más
de 7 u 8 años, le sacaron una foto en un carnaval, junto a
dos de sus amiguitos. En ese momento estaba disfrazado de gauchito
y, como se usaba en viejas épocas con los hijos varones, su
corte de pelo exhibía un flequillo y una melena a la altura
de las orejas. Años más tarde, un amigo al ver la fotografía
exclamó: "¡Parece una nena!". Y así
le quedó. Otros han dicho que por su cutis barbilampiño,
pero no es así, el apodo le viene de su infancia.
Vicente
Gorrese: Kalisay
Pianista y compositor, debutó frente al público en una
quermese organizada por los fabricantes del aperitivo "Kalisay".
Desde entonces le quedó el sobrenombre. Hubo quienes sugirieron
que tal apodo era un sinónimo de "cabezón",
ya que la figura que aparecía en las publicidades de la bebida,
eran las de un hombre mayor de cabeza grande.
Vicente Greco: Garrote
Sus
hermanos Domingo, Ángel y Elena, también eran músicos.
En cambio, su hermano Fernando era carnicero y tenía un gran
físico. Si bien su carácter era apacible, cuando algún
descortés lo sacaba de las casillas no pedía permiso
para propinarle algunos puñetazos. Eran de tal dureza que en
el barrio comenzaron a llamarlo "Garrote". A Vicente rápidamente
lo conocieron en su ambiente como "el hermano de Garrote",
para finalmente suprimir la palabra hermano y dejar solamente "Garrote".
Otra versión sostiene que "Garrote" viene de un grueso
bastón que portaba Vicente para darse dique.
Juan Bautista Guido: El
Lecherito
Nacido
en el barrio de Parque Patricios su apodo no esconde una historia
muy interesante. Oscar
Zucchi comenta: «Su padre era un tozudo calabrés,
tenía un despacho de venta de leche y su hijo se encargaba
del reparto, de ahí el apodo. De hecho duró poco en
esa labor porque no traía un peso a la casa, sólo aliviaba
un poco el trabajo paterno. Pronto fue aprendiz de carpintero.»
Juan Maglio: Pacho
«Siendo
niño, mi padre, que era italiano, por mis diabluras me llamaba
"loco", cuya traducción venía de su dialecto.
En realidad él me decía "pazzo" y mis compañeros
de juegos no podían pronunciar correctamente esa palabra y
les salía "pacho". Se fue divulgando el sobrenombre
y así me continuaron llamando, incluso el apodo superó
al apellido». Fue tan popular el conjunto de Maglio que Francisco
Pracánico relató un hecho que le sucedió
en sus comienzos artísticos. Debía actuar con uno de
sus primeros conjuntos y el dueño del lugar donde se iba a
presentar mandó a confeccionar unos carteles que anunciaban:
"La orquesta típica de PAnCHO", con ene minúscula,
para que a primera vista se confundiera con Pacho, con el propósito
de atraer más público.
Nicolás Primiani: Pindeca
Bandeoneonista que en la década del veinte integró la
orquesta estable del teatro Nacional, junto a Ángel
D'Agostino, Juan D'Arienzo,
Alfredo Mazzeo y Arturo
Severino. Según los relatos de los músicos que lo
conocieron, Primiani solía hacerse el gracioso intercalando
en sus charlas palabras en "cocoliche". Así fue que
varias veces cuando veía pasar a una jóven mujer que
llamara su atención, exclamaba: "¡Qué linda
"pindeca"!", en lugar de pendeja. Así le quedó
el mote. Vale recordar que se le decía "cocoliche"
a la forma de hablar castellano de los inmigrantes italianos y que
quedara reflejado en numerosos sainetes.
Francisco Bautista Rímoli: Dante
A. Linyera
Si bien se trata de un nombre artístico y no de un apodo, lo
agregamos por lo interesante de su origen. Mucha gente al nombrarlo,
especialmente locutores de radio, suprimen la letra "A",
como de un segundo nombre que no interesa. Esto no debiera ser así,
ya que esa letra tiene total importancia. Su propósito fue
que el seudónimo sonara cacofónicamente a Dante Alighieri,
autor de la Divina Comedia.
José
Arturo Severino: La Vieja
Este bandoneonista de la generación de Arolas,
nació alrededor de 1892, en Parque Patricios. Según
Héctor Polito, cuando Severino era muchachito, iba con amigos
a tomar la merienda con medialunas y se guardaba algunas para llevarle
a su madre, a "la vieja". Según nos cuenta Clausi,
que lo conoció personalmente: «De muy joven ya vivía
sólo y cuando por la calle lo veían, invariablemente
decía que iba a casa de "la vieja"». Otra versión,
y para Clausi la más probable, es que andaba en amores con
una mujer mucho mayor que él. En una ocasión, estando
con ella, apareció el marido y él salió corriendo
prácticamente desnudo por el fondo de la casa. Tuvo que saltar
un alambrado de púas y con una de las puntas se lastimó
un testículo. Enterados los muchachos del barrio, comenzaron
a llamarlo "la vieja", en conmemoración de tal episodio.
Aníbal Troilo:
Pichuco
En
un reportaje que le hiciera Julián
Centeya, declara lo siguiente: «Mi apodo es anterior al
nombre. Marcos había sido el primer hijo y el segundo varón
que llegara estaba decidido que debía llamarse como mi padre,
Aníbal. Pero muchísimo antes fui Pichuco, porque papá
tenía un gran amigo al que llamaban de ese modo y hubo como
una promesa ... y así me contaron que cuando me tomó
en brazos por primera vez yo lloraba y él dijo: bueno Pichuco...
bueno.»
Los pibes
Osvaldo Fresedo: El
pibe de la Paternal
Pedro Maffia: El pibe
de Flores
Carlos Marcucci:
El pibe de Wilde
La Paternal y Flores son dos barrios de la ciudad de Buenos Aires
y Wilde, una localidad al sur de Avellaneda, en la provincia de Buenos
Aires. Fue la manera de distinguirlos por su lugar residencia. Todos
comenzaron a destacarse de "pantalones cortos", de ahí
"pibes". Los tres tuvieron sus seguidores que así
los llamaban al comparar las virtudes de uno y otro.