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Alemania, la guerra, el disco.... el Tango
por Héctor
Lucci
Ambos instrumentos mecánicos cumplían
con el mismo fin, el de imprimir en un cuerpo sólido el sonido
y luego reproducirlo en forma audible. Pero, ¿en que consistía
la diferenciación entre el fonógrafo
de Edison y el gramófono de Berliner?
Básicamente en tres puntos. Dos de ellos de carácter técnico
y el tercero, tal vez el más importante, de carácter industrial
y comercial.
Mientras el fonógrafo grababa el sonido en forma
helicoidal sobre un tubo cilíndrico con escritura vertical (fonógrafo
de cilindro), el gramófono en cambio lo hacía sobre la
cara de un disco en forma de espiral (gramófono de disco) y empleando
escritura lateral. Desde el año 1890 hasta 1901 estos dos métodos
de grabación y reproducción del sonido, suscitaron entre
ambos inventores y las personas que ya se habían incorporado
en el negocio de este extraordinario invento del siglo, innumerables
problemas que se tradujeron en polémicas, demandas y juicios.
Basta pensar, que para poder conocer las posiciones esgrimidas en esta
vasta maraña, se precisarían escribir varios volúmenes
y con letra chica. Demás está decir que hasta este punto
de las circunstancias, los únicos personajes gananciosos eran
los abogados. La traba crítica en cuestión además
de otras menos importantes, era el poder utilizar la cera de abeja o
de cualquier otro tipo como soporte en la grabación del sonido,
patente registrada por Alexander Graham Bell (inventor del teléfono)
y Charles Summer Tainter, ambos fundadores del Laboratorio Volta.
Apenas comenzado el año 1902, por fin los contendientes
acuerdan comercializar y disfrutar en común de sus patentes:
la Victor Company fundada en 1901 (propietaria de los derechos Berliner),
la Columbia Graphophone Company, fundada en 1889 como (Columbia Phonograph
Company) por E. D. Easton y Roland Cronlin, ambos estenógrafos
de la Suprema Corte y con derechos adquiridos para la explotación
del fonógrafo de Edison y por último la American Graphophone
Company, originaria de la Volta Geraphophone. Es a partir de este importantísimo
acontecimiento cuando rápidamente el gramófono y el disco
tomaron notable ventaja sobre el fonógrafo y su cilindro, debido
a su menor costo de producción y a la sencillez de su mecanismo
comparado con el más complicado, aplicado a la máquina
del fonógrafo.
Yo
diría que es aquí donde termina la infancia y comienza
la adultez del disco. Desde entonces, año 1903, comienzan a aparecer
en Alemania cientos de fabricantes de máquinas parlantes y sus
componentes como también muchas pequeñas empresas productoras
de discos. Este hecho tan competitivo produce durante los cinco años
siguientes una crisis comercial que hace pensar a Carl Lindström
organizar la "Union" de fabricantes de instrumentos parlantes por un
lado y la "Polyphon" que agrupaba a los pequeños fabricantes
de discos. Carl Lindström fue el fundador de la Parlophon en 1896.
Puede decirse que desde 1908 hasta 1914 el imperio fonográfico
y discográfico ideado y gestado por Lindström fue tan impresionante
que no quedó ciudad o pueblo en cualquier país del mundo
donde no hubieran máquinas o discos alemanes con tantos modelos
y marcas diferentes que fueron y serán el desconcierto de los
coleccionistas.
La declarada y violenta competencia por parte de Lindström
a las compañías ya bien consolidadas en Estados Unidos
y Gran Bretaña, benefició a la economía alemana
que recibió aportes similares a la de otras exportaciones industriales
como la de máquinas de coser, herramientas, artefactos eléctricos
etcétera, que por su menor precio podían ser adquiridos
por el público de menores recursos. Pero Lindström también
pronto se dio cuenta que este siglo XX comenzaba con la industria en
expansión de la música reproducida y, tan pronto pudo,
organizó el envío de máquinas grabadoras ambulantes
a todas las ciudades importantes del mundo con el expreso fin de realizar
tomas en cera a todo cantante, músico o conjunto que no tuviera
compromiso exclusivo con las empresas ya conocidas. Ea así que
entonces comienza un nuevo estilo en la grabación y comercialización
del disco.
Buenos Aires que en 1910 ya contaba con 1.300.000 habitantes
fue una de las ciudades de mundo preferidas por la Polyphon que estableció
una manera muy original de producir y comercializar la venta de mayor
cantidad de discos. Se trataba de pactar con el comerciante interesado,
la venta con pago por adelantado de cierta cantidad de discos a cambio
de la elección del intérprete y si lo prefería
también la etiqueta podía llevar impreso su nombre o marca
exclusiva. Muchos fueron los comerciantes interesados y también
muchos más los músicos y compositores de tangos que soñaban
entregar a ese surco mágico del disco, su modesto o gran saber,
aprendido en el conservatorio o con el maestro de música del
barrio o bien con su oído sumado a su esfuerzo. Así de
esta simple manera tuvieron cada uno de ellos su oportunidad y así
también nosotros la tuvimos porque nos enteramos de autores,
composiciones y títulos de tangos que están en esos discos
pero que en muchos casos no se escribieron comentarios, ni se imprimieron
partituras, ni tampoco se conservaron los manuscritos pero, ahí
están. Esos discos fueron son y seguirán siendo el representante
permanente del invisible intérprete y que hoy a los estudiosos
tanto como a quienes investigamos los misterios que aún contiene
el tango nos sirve como elemento de comparación ideal.
Al comenzar la primer Guerra Mundial, las dos grandes
y principales compañías fonográficas Victor y Columbia
toman como medida inmediata, resguardar todas las matrices que se encontraban
en sus depósitos de los países europeos, transportándolas
a lugares muy seguros y al mismo tiempo disminuyendo notablemente las
actividades con las grabaciones. Las dos empresas nombradas más
otras europeas cesaron de fabricar esas máquinas que producían
sonido musical que alimentaban la vida del espíritu humano y
comenzaron en forma directa o indirecta en ese lapso que duró
la guerra, con la fabricación de elementos que servirían
para otras máquinas, pero esta vez, producirían únicamente
el sonido previo a la miseria humana. Las casas vendedoras de discos
en Buenos Aires sintieron pronto el frío de la guerra. Europa
no enviaba mercadería debido al riesgo de la travesía
y Estados Unidos enviaba lo poco que podía. Pero la Polyphon
de Lindström seguía enviando discos a costa de riesgo y
pérdidas hasta casi fines de l915. Algunas de las marcas producidas
por él para etiquetas de discos eran: PARLOPHON, POLYPHON, ANKA,
KRONOPHON, HOMOPHON, HOMOKORD, BEKA, FAVORITE, OROPHON, EXPOSICIÓN,
SCALA, ERA, DACAPO, JUMBO, LYROPHON, etcétera.
También hasta ese año controló
la producción y comercialización de Fonotipia y Odeon
en Alemania. En casi todas estas marcas nombradas, figuran muchos nombres
de importante trayectoria tanguera y criolla que grabaron en estos discos.
Entre los años 1910 y 1915, se suman otros intérpretes
que realizaron muchísimas grabaciones de tangos también
en sellos que se registraron en Argentina y que procedían del
mismo productor como ser: ARENAS, FERRARIS, CHANTECLER, AVELINO CABEZAS,
VICTORIA RUBIN, TOCASOLO, ARTIGAS, PHONO D'ART, AMÉRICA, URUGUAYO,
SONORA, ATLANTA, etcétera. De todas estas últimas nombradas
la más difundida fue ATLANTA que por permiso de Lindström
utilizó el mismo logo de DACAPO RECORD, reemplazando sólo
el nombre. Muchísimas caras de estos discos mantienen inéditas
todavía versiones como las de títulos de tangos, conjuntos
o solistas como intérpretes y nombres de autores que sin duda
se inspiraron en ese Buenos Aires cargado de sentimiento estético
y fecunda originalidad. Se necesitarían muchas carillas como
esta, para contar y comentar hechos, relacionados con el título
del presente trabajo, pero he querido simbolizar en forma sencilla a
ese "ser" que trabajó incansablemente por la fonografía
y al otro, que nos legó incondicionalmente sus obras puestas
sobre una faz de cera. Algunos nombres de músicos que grabaron
para esos discos alemanes fueron: Segundo Pomar, Manuel
Campoamor, Arturo Sianco, los maestros Reynoso y Heyberger, Alberto
Poggi, Carlos Mauricio
Pacheco, Arturo Calderilla, Blanca Podestá, Celia Galván,
José Corrado, Pedro Garay, Linda Thelma, Agustín Barrios,
José Gozzola, Orq. Típica. Criolla Biggeri, Antonio Caggiano,
Quinteto Polito, Paquita Shell, Alfredo
Gobbi, Félix Camarano, Eugenio Gerardo López, Orq.
Criolla Gregorio Astudillo, Gabino Ezeiza, Antonio Guzmán, José
Betinotti, Florencio Parravicini, Eduardo
Arolas, Ángel
Greco, Quinteto Scianciarullo, Ángel
Villoldo, Juan Maglio, Carlos
Nasca, Orq. Típica Criolla Julio Dutry y sería demasiado
prolongada esta lista si quisiera seguir anotando más nombres.
También algunos títulos de tangos grabados
en ese lapso fueron: "Qué hacés Carlito" (S.
Solari), "Manyá qué pierna" (A. Lagomarsino),
"El zorzal" (J. L. Finocchio), "El vicioso" (Lorenzo
Labissier), "La nenita" (Biggeri), "El mortero"
(Francisco San Lío), "Pulmonía doble" (Battini),
"Romerito" (J. Fuster), "El clásico" (Carlos
H. Macchi), "La chirimoya" (Augusto
Gentile), "El candidato" (S. Debenedetti), "Poupeé"
(López Buchardo), "El goruta" (Genaro
Espósito), "Fumadas" (A. Pastore), "Prenda
el farol" (E. J. Muñecas) y aquí también serían
los títulos casi interminables.
Siguiendo la clásica costumbre, he encabezado
este trabajo con un "prólogo histórico" que creí
útil. Pero lo que sí no creo útil, es de que el
hombre necesite de una guerra para convertirse en el heredero de cosas
tan sublimes como son, la composición, la música y el
canto.
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