
na de las facetas fundamentales
para entender el universo "discepoliano" es su compromiso
político, su militancia peronista. Uno de los factores que provocaron
su depresión y un final divorciado de la elite intelectual fue,
justamente, este aspecto esencial de su propuesta poética vinculada
al conflicto social. Discépolo murió criticado por sus
pares, que le hicieron un vacío a raíz de su ideología.
Defendió con convicción, ironía y vehemencia,
lo que él entendía un avance en el campo político
y social, el gobierno del General Juan Perón.

La radio fue el vehículo que utilizó para difundir
su ideario, en su famoso micro "¿A mí me la vas
a contar?". Transcribimos, a continuación, el último
texto leído por Discépolo el 10 de noviembre de 1951,
un día antes de las elecciones que concluyeron con un triunfo
arrollador de la fórmula Perón - Quijano:
«Bueno, mirá, lo digo de una vez. Yo no lo inventé
a Perón. Te lo digo de una vez, así termino con esta
pulseada de buena voluntad que estoy llevando a cabo en un afán
mío de liberarte un poco de tanto macaneo. La verdad: yo no
lo inventé a Perón, ni a Eva Perón, la milagrosa.
Ellos nacieron como una reacción a los malos gobiernos. Yo
no lo inventé a Perón ni a Eva Perón ni a su
doctrina. Los trajo, en su defensa, un pueblo a quien vos y los tuyos
habían enterrado de un largo camino de miseria.
«Nacieron
de vos, por vos y para vos. Esa es la verdad. Porque yo no lo inventé
a Perón, ni a Eva Perón. Los trajo esta lucha salvaje
de gobernar creando, los trajo la ausencia total de leyes sociales
que estuvieran en consonancia con la época. Los trajo tu tremendo
desprecio por la clases pobres a las que masacraste, desde Santa Cruz
hasta lo de Vasena, porque pedía un mínimo respeto a
su dignidad de hombres y un salario que los permitiera salvar a los
suyos del hambre. Sí, del hambre y de la terrible promiscuidad
de sus viviendas en las que tenían que hacinar lo mismo sus
ansias que su asco. No. Yo no lo inventé a Perón ni
a Eva Perón. ¡Vos los creaste! Con tu intolerancia. Con
tu crueldad. Con la misma crueldad aquella del candidato a presidente
que mataba peones en su ingenio porque le pisaban un poco fuerte las
piedritas del camino a la hora de la siesta.
«Sí, yo sé que te fastidia que te lo recuerde.
Es claro, pero vamos a terminarla de una vez. Porque yo no lo inventó
a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la injusticia que
presidía el país. Porque a fuerza de hacer un estilo
de tanto desmán, terminó por parecerte correcto lo más
infame. Claro, a vos no te alcanzaba esa injusticia. Tendrías,
como un señor que yo conocía y que iba todos los meses
a cobrarlo, una puesto de ama de cría para cubrir sus gastos,
que se lo pagaban oficialmente, y un sueldo para salir con el Klan.
Yo me acuerdo del Klan. Y vos también. Aquella mafia siniestra
que salía sólo para aterrorizar gente y mataba una vez
a gomazos, otra vez a tiros y a veces con el camión para hacerlo
más divertido. No, si la memoria fastidia. Pero yo no lo inventó
a Perón ni a Eva Perón. Los trajo la estulticia que
manejaba el país. Mirá, si vos hubieras estado en la
Semana Trágica como yo y como tantos, en Cochabamba y Barcala,
y hubieras visto morir primero a aquellos cinco, fuego a cientos y
hubieras visto masacrar judíos por una "gioriosa"
institución que nos llenó de vergüenza, no hubieras
formado nunca más parte de ese partido que integrás
por amor propio y quizá por ignorancia de tantos hechos delictuosos
que son los que empezaron a preparar la llegada de Perón y
Eva Perón. En un país milagroso de rico, arriba y abajo
del suelo, la gente muerta de hambre. Los maestros sirviendo de burla
en lugar de hacer llorar porque estaban sin cobrar un año entero.
¡No! ¡Y todo vendido! ¡Y todo entregado! Yo sé
que te da rabia que te lo repitan tantas veces, pero es que entristece
también pensar que no lo querés oír. El otro
día, en un discurso oí que decías refiriéndote
a un gobierno de 1918: "Ya por ese entonces los obreros gozaban..."
¿De qué gozaban? ¡Los gozaban!, que no es lo mismo.
Y, sí, Mordisquito, ¡los gozaban!
«La nuestra es una historia de civismo llena de desilusiones.
Cualquiera fuese el color político que nos gobernó,
siempre la vimos negra. Aspiramos a gozar y al final nos gozaron.
¡Todos! ¡Siempre! Una curiosa adoración, la que
vos sentís por los pajarones, hizo que el país retrocediese
cien años. Porque vos tenés la mística de los
pajarones y practicás su culto como una religión. Cuanto
más pajarón él, más torpe y más
crédulo vos. Te gusta oír hablar a la gente que no le
entendés nada, la que te habla claro te parece vulgar. Yo también
entré como vos y, ¿por qué no confesarlo?, me
sentía más conmovido frente a un pajarón que
frente a un hombre de talento. El pajarón tiene presencia,
tiene historia larga, la que casi siempre empieza con un tatarabuelo
que era pirata. Yo también me sentía dominado por los
pajarones cuando era chico. Ahora ¡No! Cuando era chico, sí.
¡Pero no ahora Mordisquito! Salvate de los pajarones. El fracaso
-por no decir la infamia- de los pajarones fue lo que trajo como una
defensa a Perón y Eva Perón. Pero no fui yo quien los
inventó. A Perón lo trajo el fraude, la injusticia y
el dolor de un pueblo que ahogaba de harina blanca y una vez tuvo
que inventar un pan radical de harina negra para no morirse de hambre.
Tampoco te lo acordabas. ¡Ay, Mordisquito, que desmemoriado
te vuelve el amor propio!
«Te dejo. Con tu conciencia. ¡Perón es tuyo! ¡Vos
lo trajiste! ¡Y a Eva Perón también! Por tu inconducta.
A mí lo único que me resta es agradecerte el bien enorme
que sin querer le hiciste al país. Gracias te doy por él
y por ella, por la Patria que los esperaba para iniciar su verdadera
marcha hacia el porvenir que se merece. ¡A mi ya no me la podés
contar, Mordisquito! Hasta otra vez, sí. Hasta otra vez.»