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Las mujeres en el tango
Por Mirta
Vázquez
INTRODUCCION
Mi primer trabajo fue: "El lugar de la mujer en la
poética tanguera", pero a medida que fui avanzando me encontré
con la necesidad de ubicar el lugar social de la mujer en Buenos Aires.
Elegí situarla entre 1880 y 1960. Es decir, desde el nacimiento
del tango hasta poco más de mediados de este siglo, tomando sus
rasgos conforme la plasmaron los poetas populares.
Mis estudios y lecturas siguen su curso y, por ende,
las conclusiones a las que arribo son aun parciales. No obstante, a
medida que prosigo se confirma la siguiente hipótesis: el lugar
social dado a la mujer depende de la subjetividad de la época.
Es decir que el discurso imperante determina su valor.
Lacan considera que no se puede hablar de "La Mujer",
ya que no hay un universal que la contenga. Es decir que el goce femenino
se inscribe en la particularidad de cada una. En cambio para todos los
hombres hay una forma de goce sexual equivalente. Es a partir de la
heterogeneidad de los goces que Lacan determina, desde el psicoanálisis,
la diferencia sexual. Es decir que ésta no pasa por la biología,
ni por la anatomía (el travestismo y el transformismo dan prueba
de ello), sino por una posición del sujeto respecto a su sexo.
Un sintagma conocido de Jacques Lacan es: "La mujer
no existe". Es decir que no hay representación de la mujer ya
que en el inconsciente no hay inscripta la diferencia sexual.
Justamente una de las tareas del artista es crearla.
Es sabido que hubo, en todo tiempo, mujeres que han ocupado el lugar
de musa inspiradora. A la vez, el arte logra crear un tipo de mujer
que a veces se constituye en el paradigma de su tiempo.
En mi indagación sobre las letras de tangos,
me he encontrado con autores, mayoritariamente varones, que han ido
creando un tipo de mujer porteña. Tomando cronológicamente
casi un siglo es posible verificar los cambios del discurso y el tipo
de mujer que le corresponde en cada momento.
LAS LETRAS DE LOS PRIMEROS TANGOS
Ubico la época del tongo desde su nacimiento
en 1880 como música y danza hasta los años 1960 ya que
entiendo que a partir de este momento surge otro tipo de mujer en la
Argentina (y quizás en el mundo). De manera que la poesía
popular queda, para mí, desplegada en las letras de las canciones
del incipiente rock nacional. Surge así la "muchacha ojos de
papel", mientras que el tango comienza un doble camino: por un lado
se acentúa el desarrollo instrumental, fundamentalmente la línea
de Piazzolla y Rovira, mientras que por el lado de las letras se privilegia
como protagonista más a la ciudad de Buenos Aires que a sus mujeres.
Curiosamente comienza a destacarse una poetisa: Eladia Blázquez.
En las letras de los primeros tangos es posible encontrar
un cierto tipo de mujer que se repite en el tiempo y que condensa tanto
a la madre como a la prostituta.
Esta dualidad, observada por Freud como una elección
de objeto típica del hombre, toma en el varón porteño
características sorprendentes. En principio se puede decir que
elige a aquellas mujeres que puedan responder a estas dos posiciones
al mismo tiempo.
Villoldo, en El Porteñito escribe:
"Y al hacerle la encarada
La fileo de cuerpo entero Asegurando el puchero Con el vento que dará" De hecho, en nuestra ciudad al cafiolo se le llamaba,
burlonamente, el "cafishio del café con leche", ya que poseía
solamente una o, a lo sumo, dos pupilas que trabajaban para él
pero no era dueño de un prostíbulo. La forma empresarial
de la prostitución fue traída por extranjeros y, en general,
explotadas por ellos. Es decir que al macho porteño, además
del negocio, lo unían a su mujer lazos de amor.
Una de las funciones a la que se asocia a la madre
es la nutricia. Así, gozando sexualmente de la misma que le da
de comer, el rufián logra condensaren una a la madre y a la puta.
Se podrá objetar que no todos los porteños
eran rufianes, lo que es verdad.
Pero también es cierto que los habitantes de
la ciudad comenzaban a compartir una lengua nueva, el lunfardo.
Al respecto debo hacer una digresión . Aquello
que se transmite vía la palabra modela los deseos y apetencias
de las personas que habitan una lengua. La lengua, como la mujer, no
es universal: hay lenguas así como hay mujeres . La lengua como
la mujer son creaciones. A cada época le corresponde un modo
del habla así como un tipo de mujer. Poco importa que ella, tal
cual la describe el autor, exista en la realidad. Lo que destaco es
que cada una de las que si existen no tienen más remedio que
ubicarse de acuerdo al discurso que las determina.
El lunfardo es usado por los poetas desde la creación
misma del tango canción y, en general, se considera este comienzo
con Mi noche triste , de Pascual Contursi.
Ya allí tenemos magistralmente condensados los
dos rasgos típicos de la mujer porteña. Como madre aparece
en los versos que aluden al hogar, a su mantenimiento y arreglo:
"Cuando voy a mi cotorro
y lo veo desarreglado, todo triste abandonado me dan ganas de llorar" "Siempre traigo bizcochitos pa'tomar con matecito como cuando estabas vos" "Ya no hay en el bulín aquellos lindos frasquitos adornados con moñitos... " Es obvio que en estas estrofas el hombre extraña
una mujer maternal y manifiesta un tipo de amor en el que prevalece
la ternura mientras que el amor pasión que lo liga a la mujer
amante dice así:
"Percanta que me amuraste
en lo mejor de mi vida dejándome el alma herida y espinas en el corazón, sabiendo que te quería, que vos eras mi alegría y mi sueño abrasador para mí ya no hay consuelo y por eso me encurdelo pa'olvidarme de tu amor". "Y si vieras la catrera como se pone cabrera cuando no nos ve a los dos". Este tango marca el comienzo de uno de los dramas de
amor propios del tango: el hombre abandonado. Así también
empieza a construirse esta mujer paradigmática, que, con diversos
matices, se repetirá en tantos letras.
En este caso el hombre llora la perdida por partida
doble: la mujer sexual, degradada en su condición de objeto de
goce y la mujer maternal elevada al rango de objeto de idealización.
Desde esta perspectiva sostengo que la mujer creada
por las letras de los tangos era una mezcla de debilidad y fortaleza.
Su posición de dominio la acerca al rasgo que
Lacan destaca en la Madre para el niño pequeño: todopoderosa.
Al perderla el hombre se destruye. Es una dimensión pasional
del amor encarnado en un tipo de mujer que es capaz de llevar al hombre
a lo peor.
De la creación surgen arquetipos. Como la milonguita,
esa perdida.
DE LA PERDIDA A LAS PERDIDAS
En las primeras letras abundan las perdidas, aquellas
que tratando de salir de un medio social pobre encuentran como único
escape la prostitución. Flor de Fango, Margot, Zorro Gris,
El Motivo, Mano a Mano, Ivette o Milonguita, son claros ejemplos.
Transcribo algunos párrafos de Flor de Fango
de Contursi:
"Justo a los catorce abriles
Te entregaste a la farra, Las delicias del gotán, Te gustaban las alhajas, Los vestidos a la moda Y las farras de champán." "Fuiste papusa del fango Y las delicias del tango Te espiantaron del bulín; Los amigos te engrupieron Y ellos mismos te perdieron Noche a noche en el festín." Es interesante ver como en estos versos Contursi refleja
la decisión de una adolescente que para darse ciertos gustos
tiene, necesariamente, que "perderse". En muchas ocasiones he escuchado
decir que de esta forma el tango en juicio a las mujeres. Mas bien pienso
que, en este caso, la justifica, ya que entiende que la sociedad no
le deja otra salida.
Vuelve con el tema en El Motivo:
"Mina que fue en otro tiempo
la más papa milonguera y en esas noches tangueras fue la reina del festín... Hoy no tiene pa'ponerse Ni zapatos ni vestidos, Anda enferma y el amigo No aportó para el bulín". En general todo deseo relacionado con el lujo y el
placer está pensado a través del binario culpa-castigo,
ya que cada una de las que los elija terminará mal: sola, triste,
sin amor, angustiada, o, en último término, asesinada.
Por último, en Ivette, Contursi mezcla
con un sarcasmo que anticipa el grotesco, la perdida con el hombre abandonado.
De ella dice:
"Mina que fuiste el encanto
de toda la muchachada y que por una pavada te acoplaste a un misché". Y luego de enumerar los regalos de dudoso buen gusto
que le obsequiara, concluye de esta manera:
"Recordando sus amores, el pobre bacán lloró."
Margot plantea un esquema similar. Su letra
es de Celedonio Flores y ya desde el comienzo pinta la semblanza de
una mujer en la que el hombre percibe, a través de sutiles signos,
el origen humilde que ella intenta ocultar.
"Se te embroca desde lejos, pelandruna abacanada
que has nacido en la miseria de un convento de arrabal hay un algo que te vende, yo no sé si es la mirada, la manera de sentarte, de charlar o estar parada o ese cuerpo acostumbrado a las pilchas de percal." Un poco más adelante determina, nuevamente,
que la causa de su perdición es su deseo.
"...no fue un guapo haragán ni prepotente,
ni un cafishio de averías el que al vicio te largo, vos rodaste por tu culpa y no fue inocentemente berretines de bacana que tenías en la mente..!" En este caso, a diferencia de Pascual Contursi, Flores
no le deja a la mujer coartada. La culpa no recae sobre el entorno o
los otros sino sobre ella misma, de allí la bronca con que la
maldice al final y el recurso a la invocación de la otra, la
madre.
"Y tu vieja, pobre vieja, lava toda la semana
pa'poder parar la olla con pobreza franciscana en el triste conventillo alumbrado a querosén". Asimismo descubre, detrás del odio, el amor
cuando la nombra como "Mi Margarita".
En Mano a mano le augura un final atroz:
"y mañana cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón..." Francisco García Jiménez, autor de Zorro
Gris sentencia con estas palabras el final de la perdida:
"...era el intenso frío de tu alma lo que abrigabas
con tu zorro gris" Finalmente en Milonguita, nombre que se torno
genérico para todas los perdidas, Samuel Linnig escribe:
"¡Estercita!, hoy te llaman Milonguita,
Flor de lujo y de placer, flor de noche y cabaret. ¡Milonguita! Los hombres te han hecho mal Y hoy darías toda tu alma Por vestirte de percal. En síntesis, creo que estos tangos son claros
ejemplos del tipo de mujer que es propio de los ambientes de cabaret
entre los años 1917 a 1920.
Para los mujeres había dos posibilidades: el
casamiento y con él la maternidad como salida o hundirse en el
vicio y la perdición . Ubicadas en uno y otro extremo de la dupla
madre-puta no se había aun plasmado la salvación por el
amor que aparecerá más tarde en poetas como Discépolo
o Manzi.
Es decir que en las primeras dos décadas del
siglo, nuestros autores crean a una mujer perdida por el placer pero
condenada, por ello mismo, al dolor y a la soledad. Surge así
este tipo particular de mujer, la Milonguita, cuyo final, según
Linnig, Es elocuente:
"Ay, que sola, Estercita te sientes!
Si lloras... dicen que es el champán!..." Originalmente publicado en la revista Club de Tango,
Nº 37, Buenos Aires, Julio-Agosto de 1999.
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